El comportamiento de los automovilistas durante un taco

Por Paz Crovetto.

En Santiago el parque vehicular es gigante. Ya para marzo de 2016, los autos en Chile superaron los 7 millones; de esos, más de 4 millones están en la capital. Esto significa que a nivel nacional se han septuplicado en un periodo de 15 años.

Seamos honestos, Santiago está sobrepoblada de gente y de autos hace mucho tiempo. Nosotros hemos contribuido bastante a aquello comprándonos un auto nuevo, la joyita como la nombramos, con un motor de no sé cuántos HP, ideales para pasar de 0 a 100 km en solo segundos y, para peor, con un desagradable sonido cuando estamos en un taco.

Nos paseamos por la vida como enajenados, nos levantamos gruñones y nos dormimos igual. Es que la ciudad no ayuda en nada al mal genio y eso se refleja cuando ustedes manejan, porque yo no lo hago.

No digo que entiendo a los que andan manejando, de hecho odio los autos. Y creo que la vida es sabia porque ni amarrada me subo a un auto conmigo al volante y menos subir a mi hijo, eso no se discute.

Por eso soy la eterna copiloto y lo seguiré siendo, porque creo que lo hago bien. No me duermo en los viajes largos casi nunca, abro las botellas de bebida, saco los sándwich de su envoltorio, entrego el peaje justo, escucho la música que quiere el conductor. ¿Qué mejor que eso?

Tal vez una de las pocas desventajas es que soy buena para hacer pipí, pero no es necesario parar en el servicentro, cualquier orilla del camino está bien para mí.

Por eso, desde mi vereda de copiloto y observando el panorama –porque curiosamente en el auto es uno de los pocos lugares en los que no hablo tanto– lo observo todo mientras espero en un taco, a la hora punta, momento en el cual me empieza a tiritar el ojo y comienza a darme rabia. Es que me carga esperar y si fuera manejando dejaría el auto tirado, lo juro. Y si el Rena va atrás y se pone a llorar, peor aún.mujer-auto

He visto muchos tipos de conductores y me atrevería a decir que ya distingo algunos comportamientos particulares frente a una situación tan desagradable como esta. Porque un taco saliendo en la mañana camino al trabajo no es lo mismo que uno a la vuelta, con la mierda hirviendo, con hambre y a veces con ganas de hacer pipí, como me pasa tan a menudo.

Así, comparto con ustedes algunos de esos rasgos para ver con qué tipo de persona tras el volante se identifican:

  1. El The Voice matutino: generalmente son mujeres, que les da menos vergüenza cantar a todo pulmón cuando el auto avanza a paso lento, lentísimo. Son del tipo “al mal tiempo, buena cara”. Y cantan como si no hubiera vida después del fin de la canción. Tienen cuenta Premium en Spotify y buscan la canción adecuada para cantarla en ese momento, y ojo que no puede ser cualquiera, sino una escogida con pinzas, para disfrutarla con coreografía si el ritmo así lo amerita. O llorarla de ser necesario.
  2. El ansioso: me ha tocado darme cuenta que este tipo de conductor es masculino más que femenino. Mueven la patita desesperados para que cambie la luz. Se comen las uñas o la colación para media mañana, pues no soportan esperar para que el auto avance.
  3. El explorador: este también resulta ser hombre principalmente. Es el tipo de conductor que hace buen uso del tiempo muerto ¿Cómo? Metiéndose los dedos a la nariz en busca del tesoro escondido. Mientras más largo es el taco, más rico se vuelve. A estos los he visto en la mañana muy temprano, o de noche, lo cual demuestra más experiencia, porque está oscuro y encuentra su premio igual que el pirata madrugador.
  4. hombreauto-523x350.jpgEl idiota: aquí la cosa se equipara, mitad hombres y mitad mujeres y aparecen tanto en la mañana como en la tarde, porque si salen atrasados de casa o del trabajo, saben de antemano con lo que se encontrarán. Con un taco de proporciones bíblicas, de esos que te dejan avanzar un cuarto de cuadra cada tres cambios de semáforo. Y es en ese momento donde odian al mundo. Golpean el volante, putean en silencio, fruncen el ceño. Para arrancar de ellos.
  5.  El filo, si ya falta poco: este es más bien femenino y se dedica a hacer otras cosas mientras el auto espera, como maquillarse, limarse las uñas, encresparse las pestañas, wasapear, entre otras cosas, esperando que el auto de adelante avance un poco, para guardar el rouge con tapa.

Pueden haber muchos más tipos de conductores hasta altas horas de la madrugada o bien tarde en la noche. Lo que sí es cierto es que el auto esclaviza y bien lo saben quienes no pueden vivir sin él, porque cuando sales con ellos a caminar, dos cuadras se les hacen eternas.