El payaso a cargo del país más prepotente del mundo

Por Felipe Valdivia.

Parece mentira, pero es verdad. Nos dormimos en Chile la noche del pasado martes 8 de noviembre con la sensación de que los resultados parciales en la elección norteamericana eran simplemente eso. Resultados parciales. Y al despertar, la realidad era otra. Fue como sacudirnos de una resaca intensa, el fin de una pesadilla mundial. Pero no, aquí estamos, la pesadilla recién comienza.

Lo paradójico es que todo empezó como una broma. Una mala broma. Al final de esta crónica política habrá un punto suspensivo que durará cuatro años con la administración de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. No se trata de entablar un estado de pesimismo extremo ni mucho menos vaticinar que las cosas irán de mal en peor en Norteamérica, pero lo lamentable es que ha sido el propio Trump quien se ha encargado de pavimentar el camino pedregoso al que deberá enfrentarse no solo la sociedad estadounidense, sino que el resto del mundo. Porque finalmente de eso se trata el asunto, de que la elección de Trump nos afectará a todos.

El hecho de que Trump haya llegado a la Casa Blanca es resultado directo de la irresponsabilidad de los Estados Unidos. En primer lugar, el Partido Republicano tiene una gran cuota de culpa al ungir a un candidato con características ridículas: xenófobo, racista, machista, entre otras cualidades que ya todos y todas conocemos a la perfección. Le faltó altura de miras al sector más conservador de Estados Unidos al no prever que un payaso como Trump pudiera posicionarse tan fácilmente en las encuestas hasta lograr alcanzar la presidencia.

En segundo lugar, los medios de prensa y las redes sociales también tienen que hacer un “mea culpa”. Como promulga aquel dicho popular: para bailar al tango se necesitan dos. Se habló hasta el cansancio del fenómeno Trump; se le invitó a programas de televisión, donde lanzó algunas de sus polémicas citas conocidas mediáticamente a lo largo de la campaña; hizo y habló sobre lo que quiso, sin ningún tipo de objeciones, porque el buen rating marcado por los programas dictaba que había que seguir escuchándolo.

Y, por último, los responsables definitivos de que Trump haya sido elegido como presidente es la propia sociedad norteamericana, aquellos seguidores que se dejaron engatusar por cantos de sirena, por el populismo, por el odio, la violencia y la discriminación. A fin de cuentas, más de la mitad de Estados Unidos lo apoyó. ¿Cuál sería la transcripción de todo esto? Quisiera rebatir aquel argumento que he estado escuchando durante estas últimas horas de que es el simple reflejo del estadounidense promedio, un espejo de cómo piensa y actúa por instinto. Intento convencerme de lo contrario, pero no puedo encontrar argumentos para afirmar lo contrario.

Lo más triste y preocupante es que no se trata de cualquier elección, de cualquier país. Estamos hablando de Estados Unidos, la superpotencia mundial, un líder nuclear por excelencia, una nación que posee significativos recursos logísticos en sus Fuerzas Armadas. El aliado de Israel. Por su cargo, Trump también ostenta el de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, un título que –sin duda– debe atemorizarnos en cierta medida. ¿Necesitamos otros argumentos de peso para preocuparnos acá en Chile? El discurso de este tipo afectó de manera directa a los latinoamericanos, ya que gran parte de su campaña estuvo enfocada en el ataque a los inmigrantes de diferentes naciones, particularmente a los vecinos de abajo, que también vendríamos a ser nosotros.

Algunas frases de Trump para contextualizar:

  • “Cuando México nos envía a su gente, no nos envía a la mejor. No los envía a ustedes. Ellos envían personas que tienen muchos problemas, y ellos traen esos problemas consigo. Están trayendo drogas. Están trayendo crimen. Muchos de ellos son violadores”.
  • “Este es un país en el que hablamos inglés, no español”.
  • “Cuando eres una estrella puedes hacer cualquier cosa. Agarrarlas por el coño, lo que quieras”.
  • “No sé cómo somos tan estúpidos y tenemos a un presidente como Barack Obama”.

Estados Unidos es un país de esencia cosmopolita, una nación que ha logrado construir su identidad en base al refugio histórico de inmigrantes de diferentes países, seduciéndolos a través de la búsqueda del gran sueño americano. Pero ahora esa diversidad social corre peligro a causa de un payaso que quiere jugar a ser presidente. Cada uno de los negros, los hispanos, los musulmanes y, por cierto, nuestros compatriotas chilenos, sentirán la hostilidad de ese gringo medio que le regaló su voto a Trump.

Todo lo anterior daría lo mismo en otras circunstancias. El problema es que este payaso está a cargo de una potencia mundial, el país más prepotente del mundo. Entonces, más allá de nuestros lamentos políticos y sociales, no podemos ignorar esta realidad ni quedarnos indiferentes a este índice histórico.

Es tal como lo expuso John Carlin, periodista y escritor británico en una columna que escribió para El País titulada Un loco en el manicomio”, y que arranca así: “Estaban ahí en lo alto de Trump Tower mirando para abajo, contemplando tirarse. Oyeron a los que les rogaban que no lo hicieran pero no les hicieron caso. La locura se impuso a la razón. Se dio el salto al vacío. El delirio se ha hecho realidad”.

Un payaso desquiciado. Una gran combinación para lo que nos deparará el futuro.



Categorías:Espacio Abierto

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