Vicente Serrano Marín: “El descontento es el culpable de lo que llamamos crisis política”

  • El filósofo español se refiere a la importancia de la filosofía en la vida actual, sus repercusiones en la situación política del país y además reconoce que el Ministerio de Educación intentará seguir incluyendo la materia en su plan común.

Por Paz Crovetto.

Filosofía para todos. Varios escritores dedicados a la filosofía se han destacado, no solo por el contenido de sus textos, sino que también por la aridez de sus escritos, que muchas veces no son aptos para quienes recién quieren adentrarse en el mundo del razonamiento.

Por eso es destacable cuando autores como Serrano abordan la filosofía en un libro ameno, cuya lectura puede incluso incluir a la familia. Es el caso de “El cuento de la filosofía” (Uqbar Editores), obra que está pensada en una suerte de introducción a los grandes rasgos de la temática, tratando de despertar interés y mostrar que sin dañar sus contenidos, se puede dirigir a cualquier lector que desee seguir indagando por su cuenta.

—¿Consideras tu libro como un aporte para que los niños y los no tan niños puedan acercarse a la filosofía de una manera menos hostil?
—Mi libro intentó ser eso. La idea era situar algunas de las grandes preguntas y del modo de trabajar la filosofía en un contexto próximo y familiar. Se trataba de mostrar cómo se puede jugar a la filosofía y que, a pesar de que los nombres de los filósofos o de los términos que dicen suenen algo extraños, en realidad nos están hablando de cosas cotidianas.

Filosofía2.jpg—¿Entonces es un libro para cualquiera?
—Creo que no se dirige solo a jóvenes, sino que también a esos adultos que quieren familiarizarse con el pensamiento filosófico. Esa es la retroalimentación más llamativa que he tenido: adultos que me agradecen el libro porque al fin han comprendido cosas que les parecían lejanas y ajenas. Por tanto, yo creo que no hay reticencia a las preguntas ni a la filosofía. Al contrario, hay un enorme interés por aprender. Lo que ocurre es que si la filosofía se presenta de forma especializada, el público que acude a ella será mucho menor y selecto, como sucede con cualquier otra disciplina. Uno no puede leer algo que no entiende.

—¿Es un libro para leer en familia?
—Creo mi libro es ideal para leerlo en familia. En lugar de estar reunidos en torno a la tele o cada cual en su celular, yo propondría repartirse capítulos para leerlos juntos en voz alta y comentar. Me parece un excelente plan para una tarde de domingo lluviosa aquí en Valdivia, por ejemplo.

Estudio de la filosofía, pensamiento concreto y Mineduc

Cuando el Mineduc propuso eliminar las clases de filosofía del plan común, muchas fueron las voces que se declararon en contra de la propuesta, calificándola como un grave error. Los argumentos iban desde una carencia de  reflexión crítica hasta un currículo centrado en las pruebas que deben rendirse, dejando de lado el ámbito humanista y artístico, sin considerar la importancia de la filosofía en el pensamiento crítico.

—¿Qué te pareció la propuesta del Mineduc sobre la asignatura de filosofía? ¿Qué implicancia tendría para las generaciones futuras según tu opinión?
—Tal como se reconoció, era un tremendo desacierto. La sociedad civil  reaccionó y parece que el Ministerio también, pues ahora mismo la cuestión se está trabajando en conjunto con distintos interlocutores: profesores, estudiantes, instituciones académicas, la Asociación Chilena de Filosofía, entre muchos otros. La actitud del Ministerio ha cambiado, escucharon las manifestaciones y ahora reconocen la importancia que tiene la filosofía como articuladora de sentido e integración en el plano educativo. No podemos seguir deshumanizándonos a causa de las exigencias del mercado. Ya veremos cómo se concretará eso en tercero y cuarto medio, todos estamos expectantes por saber el resultado de estas discusiones. La norma y postura del Ministerio quedará establecida en el año 2017.

—Desde el punto de vista del mundo actual, la gente no le toma mucho el peso al estudio de la filosofía. ¿A qué crees que se debe eso?
—Hay varios motivos. El más importante es que la actividad filosófica, que era la de hacer preguntas que afectan a la vida en general, se ha especializado enormemente a partir del siglo XVIII. No es que en la antigüedad fuera una cosa de mayorías, pero su lenguaje no era tan especializado como hoy. La filosofía académica es muy importante y juega un papel decisivo, posee una jerga que corresponde a su especialidad, por eso parece tan inaccesible a los profanos. Pero además de eso, la filosofía nos plantea una posibilidad de pensar sintéticamente, queda abierta a cualquier persona culta. Ese modo de hacer filosofía hace que Nietzsche siga leyéndose y que sus libros siempre estén en las listas de más vendidos. Hay mucha filosofía académica especializada sobre dicho autor, pero lamentablemente hay pocos autores como Nietzsche. sin embargo, siempre seguirán surgiendo nuevas voces que seguirán alimentando el pensamiento. Otro motivo es que este tema requiere sosiego y tiempo, justo lo contrario de lo que acontece hoy. Allí está su valor, dado que posee la capacidad de construir un remanso en medio de la vorágine. Le brinda forma y complemento a nuestra condición humana.

—¿Cuál es la importancia de la filosofía en el desarrollo del pensamiento crítico?
—La clave de la actividad filosófica está en hacer las preguntas adecuadas y en ese aspecto es un motor de indagación. Eso me parece muy cercano a la crítica. Cuando alguien se hace preguntas, inevitablemente cuestiona aquello por lo que pregunta. Pero no es una crítica gratuita, tiene fundamentos. También es verdad que el mundo moderno ha cambiado desde el siglo XVII en adelante, la crítica se ha convertido en la clave para avanzar, más que nada porque la ciencia se dedicó a cuestionar los antiguos modos de saber. La filosofía también se hizo cargo de eso, por este motivo acabó identificándose con una crítica de falsas nociones, con ciertas formas de dominio que no son tan obvias sin la indagación filosófica. Pero la filosofía debería ser también propositiva, buscar una síntesis en un sentido político y ético. Cuando se queda pegada en la crítica produce melancolía. La idea es que nos brinde un mejor estilo de vida, tanto en el plano material como en el espiritual.

Filosofía y crisis política

No es ninguna primicia que la sociedad esté hastiada, aburrida de todo lo que sucede en el mundo. Algunos culpan a la política, otros a la falta de oportunidades para surgir y moverse hacia las altas esferas que controlan este país. En todo caso, dejando de lado esa tediosa búsqueda de algún culpable, parece importante reconocer que la escasez de un pensamiento crítico ejercería influencia sobre la calidad política de un país.

—La crisis política actual se debe en parte a que la gente se ha ido alejando cada vez más de un pensamiento analítico para anquilosarse en uno más partidista. ¿Se ve alguna solución a largo plazo?
—La crisis política tiene mucho que ver con el agotamiento de las ideologías que legitimaron la lucha por el poder en el mundo moderno. A pesar de lo que suele pensarse, las ideologías no siempre se han caracterizado por fomentar el pensamiento libre. Todos sabemos lo que fue la tendencia a generar ortodoxias de los viejos partidos izquierdistas, también conocemos aquella interminable historia de luchas internas y escisiones. Por lo demás, la socialdemocracia y también esos partidos que llamamos de derecha han ido convergiendo desde hace años en prácticas neoliberales, más allá de matices, no del todo desdeñables en los que cada cual mantiene su fachada ideológica. Por debajo de esas pantallas, descubrimos que los mecanismos que nos gobiernan no se condicen con las promesas contenidas en los relatos dominantes de la modernidad. Faltan categorías que encajen con el pensamiento actual, todavía analizamos las cosas usando nociones procedentes del siglo XVIII, incluso más antiguas que eso. Aquí vuelve a entrar la filosofía, cuyo trabajo consiste en crear conceptos que nos permitan comprender el presente.

—¿Entonces la crisis política fue la culpable del descontento generalizado? ¿Acaso hay un juego social entre exigir derechos, pero no cumplir deberes?
El descontento es el culpable de lo que llamamos crisis política. Creo que deberíamos estudiar los alcances del descontento, incluso más allá de la pérdida de legitimidad de los partidos y del sistema político. El descontento es estructural, no puede ser de otro modo en una sociedad que se alimenta de la ansiedad por crecer, avanzar sin saber hacia dónde. Primero nos inculcan afectos y después nos enseñan a perseguir un sentimiento de omnipotencia, que por definición jamás podremos satisfacer. Así de contradictorio es el pensamiento occidental, pero este problema se agrava allí donde ni siquiera se han satisfecho los derechos básicos, porque recordemos que supuestamente vivimos en una sociedad del bienestar. La sociedad se encuentra hoy en una posición bastante incómoda, funciona como un motor de frustración que no parece tener marcha atrás.

—¿Queda algún ideal filosófico vigente hoy en día?
—La palabra ideal congrega la noción de idea y la noción de fin. Es una idea asociada a un fin. Si te soy sincero, creo que las ideas que se fueron forjando en los últimos siglos están casi agotadas y que los fines no van más allá de los fines que marca el mercado. Por eso mismo es tan importante el pensamiento filosófico, porque puede contribuir a generar ideas nuevas, síntesis y representaciones con un espectro más amplio. Nos brindaría la posibilidad de constituir otros fines, otra forma de actuar y de encontrarnos con nosotros mismos. Ese es nuestro trabajo.

—¿Qué opinas de “volver a los orígenes”, a esa filosofía clásica o medieval que alguna vez fue digna de elogios? ¿Te parece una solución a este dilema?
—Nunca hay regreso. El tiempo es irreversible en lo individual y en lo colectivo. Antes los problemas eran otros, las formas de representarse también eran distintas. Todavía quedan algunas constantes, como nuestra condición de seres mortales o la necesidad de elegir, acaso el problema de la justicia y otras inquietudes humanas. Persisten algunas preguntas y parte de las soluciones que nos ofrecieron los filósofos antiguos, pero el marco de creencias y el orden simbólico en que se construyeron ya no funcionan y eso lo modifica todo. Llamamos clásicos a aquellos autores que fueron capaces de ir más allá de su marco de creencias y de su mundo, precisamente por ese motivo todavía nos interpelan. La filosofía debe conocer su propia historia y darle crédito a sus precursores, pero es un asunto basado en el presente, trabaja con reglas efectivas. Ya no se puede seguir haciendo filosofía sobre el ser o la virtud tal como las pensaba Aristóteles. Hoy la filosofía tiene que hacer lo mismo que hicieron los clásicos antes de serlo: tomar el presente y analizarlo a fondo. Por ejemplo, pensar en Internet y estudiar la construcción de redes sociales, la influencia que tiene en el mundo a través de su estructura. Hay que reformular las mismas preguntas de antes, pero bajo un nuevo contexto, utilizando el marco de contingencias en el que vivimos.

—¿Qué opinas de la filosofía posmoderna?
—Es una cuestión compleja y algo técnica, pero creo que tuvo gran responsabilidad en la falta de pensamiento crítico al desacreditar los relatos de la modernidad. Lo que hizo fue desatender las dimensiones éticas, la profunda relación con el presente que estaba alojada en esos relatos. Hubo algunos filósofos que se llamaron a sí mismos posmodernos que glorificaron el presente; el mercado declaró que no había nada que hacer y que todo valía lo mismo. Eso cerró la puerta a cualquier pensamiento crítico. La crítica debe ir acompañada de una dimensión ética. Si criticamos los relatos modernos y con ellos eliminamos su dimensión ética sin proponer alternativas, estamos condenados al nihilismo. Siguiendo este rumbo estaremos regidos por fuerzas que nos van a frustrar de un modo permanente.


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Vicente Serrano Marín es abogado, licenciado y doctor en Filosofía y diplomado en Derecho Constitucional y Ciencia Política. Presidente de la Asociación Chilena de Filosofía y especialista en filosofía clásica alemana. Es traductor de autores tales como Fichte, Schelling, Hegel y Nietzsche, entre otros. Actualmente se desempeña como profesor titular de la Universidad Austral de Chile, donde dirige la Escuela de Graduados de la Facultad de Filosofía y Humanidades.

De entre sus libros, además de monografías académicas y obras colectivas, cabe destacar títulos como “Nihilismo y modernidad” (2006), “Soñando monstruos: Terror y delirio en la modernidad” (2010), “La Revolución digital y la sociedad de la información” (en coautoría con Guiomar Salvat, 2011), “La herida de Spinoza: Felicidad y política en la vida posmoderna” (2011), “El cuento de la filosofía” (2013), “Naturaleza muerta: La mirada estética y el laberinto moderno” (2014) y “Fraudebook: Lo que la red social hace con nuestras vidas” (2016). En la actualidad está en prensa su último libro, que saldrá a través de la Editorial de la Universidad Diego Portales: “El orden biopolítico”.