Receta para crear un homúnculo o elegir un rey

Por A.B.

Hay muchos tipos de hijos, algunos provienen de nuestras entrañas y otros de nuestras ideas. Cuando las iglesias e instituciones se vengan abajo, recogeremos las piedras que sobren de sus cadáveres tibios para armar un muro. Solo entonces revelaremos nuestro verdadero sentir. Para crear un homúnculo, un ser artificial, no hace falta ir muy lejos, puesto que un primogénito es como una vela que porta esa flama que llevamos adentro. La receta de hoy va dedicada a los que carecen de identidad.

  1. homc3banculo21-e1463456570711Primero confesaremos lo que esperamos conseguir a través de la reverberación

Armar un rey o un homúnculo despiadado toma bastante trabajo. Ayúdalos a cobrar forma, otórgales un pasado repleto de traumas y violencia, dibújales una nariz que sobresalga frente a las otras. Abraza el defecto, utiliza tus uñas para forjar bordes filosos y emplea las palmas para pulir los sectores torneados. La idea es que tu candidato a la vida se vea real, que comience a relacionarse lentamente con los espacios y objetos. Recoge un bloque de arcilla y húndelo en tu caldero con agua hirviendo. Transfórmalo en pasta, ya que todas las creaciones se originan desde algo ordinario, por no decir grotesco. Susurra un deseo basado en el odio que tienes en el corazón para que la masilla reaccione y acaricie tus dedos. De esta forma también reconocerá tu autoridad. La motivación es un punto esencial a la hora de crear y cobrar vida. Trabaja con fuerza, cuidado y dedicación. Se dice que a los suicidas les recomiendan abocarse a una pipa, porque gracias a la influencia del vicio pueden volver a encontrar las ataduras a este mundo. Tal como sucede con los seres humanos, si tu homúnculo no tiene metas en la vida, pequeños o grandes pináculos por soslayar, no habrá futuro que valga la pena conocer. Ese propósito será su combustible.

  1. Nunca debemos confundir la voz del ser creado con la nuestra

Aunque inicialmente quieras basarte en tu modelo de vida, recuerda que tarde o temprano el homúnculo tomará sus propias decisiones. Es un ser único y diferente, por lo que deberías desligarte de él apenas puedas. El ejemplo más claro para explicar este fenómeno procede de la visión: nuestros ojos nos permiten ver en tres dimensiones, gracias a ello le damos profundidad a las imágenes que nos llegan; pero cuando perdemos un ojo la realidad se torna más plana, las cosas cambian y hasta se difuminan. Naturalmente, la mirada del creador y su creación van de la mano, se complementan, ambas son indispensables para entender lo que sucede. La personalidad se define con palabras y acciones, pero el carisma procede desde la cuna. El homúnculo o el rey deberán generar emociones, ya sea a través del odio o la simpatía. Clava la masilla con un alfiler bañado en sales de opio, luego espera un momento de calma para que te explique lo que sintió. Entonces descubrirás si te tocó un hijo tímido o uno descomedido, lo cual es de vital importancia para comprender la forma que adoptará más adelante. Será una catarsis personal a través del sufrimiento. Esta parte también se aplica a la hora de entregarle al rey su primer discurso.

  1. El factor sorpresa puede ayudarnos a entender nuestras limitaciones

La gracia de un lente es que nunca puede abarcarlo todo, el enfoque es un punto de vista que relaciona al espacio, el tiempo y la realidad de ciertos elementos. Tú eres la madre y el padre de aquel homúnculo, su cómplice en este plano terrenal. Al principio tendrás mayores conocimientos que él, por eso te pedirá saborear todo lo que le entregues. Tu hijo será tan frágil y liviano como una pluma. En ese momento tendrás el control absoluto de la situación, pero a medida que la masilla cobre vida también irá soltándose poco a poco de sus cadenas. De eso se trata la libertad, de volverse más ingenioso que inteligente. Más tarde shomunculusabrás exactamente lo mismo que él, sus experiencias llegarán a un techo común. El homúnculo tomará las propiedades de una esponja. Pero entonces sucederá lo que menos esperabas, el hijo excederá tus expectativas y llegará a ser incluso más grande que tú. Pasarás a convertirte en un creador deficiente después de haber sido uno equisciente. No tengas miedo, que aquel destete es la parte más entretenida del proceso. En esta etapa la masilla adoptará la figura y potencia de un martillo. Como verás, la naturaleza funciona en base a la evolución, una forma más elegante que el lenguaje de los brujos negros. Hay cargas implícitas entre el creador y su hijo, porque jamás lograrás crear una copia exacta de nada. Tú no eres su dueño, sino que su protector. Esa es la sorpresa. Con el rey sucederá algo similar: por mucho que el pueblo lo ponga sobre un altar de oro, seguirá teniendo todas las características de un ser humano.

  1. No esperemos demasiado de ese ser que elevamos con nuestras propias manos

Así como el tiempo le quita la razón a la mayoría de las cosas, la creación es una pequeña ventana que nos ayuda a reunir por un instante el plano terrenal y el etéreo; secretos y miedos, urgencias y caídas. Por ello, precisamente le dirás estas palabras al homúnculo: «Amor mío, este es mi cuerpo, mi corazón y mi alma, todo mi ser estaba a la sombra para que ni el viento ni el sol se los llevara antes de tu venida. ¿Qué es el amor, sino una fractura que intenta quedar inmortalizada a través de la historia? Somos dos y somos uno al mismo tiempo. Yo te veo y te acepto tal como eres». Aférrate a esa coherencia metafísica, pues será la única justificación para romper las leyes de la naturaleza. Un hechicero o una bruja se basan en un sentimiento de justicia, juegan un metro más allá de los límites, pero solo un metro.

  1. Ha llegado la hora de observar nuestra creación y entregársela al mundo

Después de los pasos anteriores, parece obvio que el homúnculo se conformará con ser imperfecto, de lo contrario causaría rechazo en el público. Aunque podría llegar ese día en que tu querido hijo se convirtiera en tu enemigo, lo único importante es que consiga sostenerse sobre sus piernas. Los mejores reyes y homúnculos poseen algo en común, un conflicto interior que a ratos es nuestro. En este caso, la contradicción juega un papel trascendental. Todos tenemos objeciones personales, pero si podemos reflejarlas en cada una de nuestras creaciones, de alguna forma crecemos de la mano con ellas. Desde esa incertidumbre provienen los más grandes y bellos misterios. Somos universos enteros y la nada a un mismo tiempo, nuestros cuerpos mueven historias y cargan intrigas a través de deseos. Hasta algo tan insignificante como un objeto o un monarca pueden encontrar un sentido profundo, una razón de ser.