Chile, ¿país de poetas?

Por Carolina Varela.

Después de muchos años escuchando la frase, me pregunto si aún podemos hablar con seguridad de este título que se nos ha dado. ¿Realmente se aprecia la poesía en Chile? Durante mi época como librera pude ver de cerca la cruda realidad de este género, arrinconado en una estantería cercana a la bodega, muy pocas veces visitado, cuyas ventas quedaban relegadas a los que buscaban títulos de autores consagrados como Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Nicanor Parra y Gonzalo Rojas, la mayoría de las veces por necesidad escolar o como regalo a extranjeros que querían llevarse una buena impresión de Chile.

Lo veo a menudo en las ventas que reportan los títulos publicados por la editorial donde trabajo, cuyas tiradas no superan los trescientos ejemplares y que, salvo unas pocas excepciones, no poseen segunda edición. Hoy en día parece ser un riesgo publicar poesía, aunque todavía existen valientes que se atreven con ella, y sobre todo, con autores desconocidos.

Es arriesgado porque, sin contar a la familia, los cercanos y un grupo menor de asiduos al género, parece que la poesía ya no está de moda. Y si bien los índices de lectura entre los jóvenes han ido en aumento, no están enfocados precisamente en este género.

En el año 2012, Pablo Torche debatía este mismo tema en un artículo para Revista Intemperie: “La gradual declinación de la poesía como un hábito y una costumbre más o menos difundida o integrada a la vida cotidiana comenzó junto con las vanguardias, a comienzos del siglo XX, a través de las cuales el lenguaje poético se actualizó y ‘coloquializó’, pero también se volvió más difícil y su disfrute más exigente, a veces hermético”. Tal como ha pasado con la filosofía, el siglo XX y el XXI ven en ambas artes un círculo cerrado, dispuesto solo para entendidos. Se complejizó y elitizó, en palabras de Torche, un arte que antes ocupaba el lugar que ahora ocupan las baladas románticas.

Por lo mismo, a muchos les sorprendió que este año se escogiese a Bob Dylan como ganador del Nobel de Literatura. ¿Por qué un músico obtendría un premio literario? Entre otras cosas, porque componer la letra de una canción es, con muchísimas excepciones, elaborar un arte poético. Premiaron de manera indirecta el origen de la literatura. Pero en estos acelerados días de idas y venidas, de trabajo incesante, de horas expuestos al estrés diario, de que se privilegie producir sin pensar demasiado, ¿quién lee poesía? ¿Quién se sienta tranquilo en un sillón, al calor del hogar, a dedicarle su tiempo –su preciado tiempo– a un libro de poemas?

En varias ocasiones han llegado a mi bandeja de entrada escritores de poesía que buscan una editorial para ver publicada su obra, aquella que le significó días, semanas, meses o quizás años de concienzuda elaboración, y que sencillamente no son candidatas para ello, a menos que dicha persona decida que la financiará tal empresa y que logrará vender toda la tirada no solo a sus cercanos, sino que también a otros curiosos que enganchen con su visión de mundo.

Si ya es difícil y arriesgado publicar un aspirante a la narrativa en Chile, qué decir de un poeta novel. Sobre todo cuando sabes que ni los mismos libreros los tomarán en cuenta o los exhibirán en sus vitrinas para darle cabida entre tantos títulos. A veces, si el libro no aparece en los medios, este no estará más que una semana en el mesón de novedades y será relegado a la estantería, una que no se ubica tan a simple vista, y que será visitada por un puñado de personas, como les mencionaba antes.

Una parte del problema radica en nuestra relación con la poesía desde pequeños. Incluso en la universidad me era difícil captar el ritmo de los versos, darles la entonación adecuada para que surtieran el efecto deseado. Nadie nos enseña a leer poesía. “Me parece que prácticamente ya no se lee en los ‘carretes’ (ni siquiera los literarios), para no hablar de las reuniones sociales en las casas o los bares, ponerse a leer versos ahí sería como ponerse a tejer a crochet”, dice Pablo Torche en su debate. Otro tema importante, y que remite a la frase inicial, es que parecen existir más poetas que lectores. La poesía sigue sin salir de los círculos cerrados en que se elabora, se ha vuelto marginal, se lee entre autores y entendidos, pero no causa la curiosidad ni la contemplación de antaño.

Acerca de la citada frase, “Chile país de poetas”, el poeta y crítico nacional Javier Campos, en una extensa entrevista para Crítica.cl, afirma: “Creo que eso es un mito o una frase que muchos se creen, quizás porque Chile posee dos Premios Nobel (Mistral y Neruda), o porque tenemos a Huidobro, Nicanor Parra, y recientemente a Gonzalo Rojas ‘Premio Cervantes 2003’ que, como decía más arriba, forma parte de una larga lista de poetas relevantes para la poesía en lengua española o luso-brasileña. Por otro lado, yo veo con desconfianza ese juicio porque el chileno medio no lee poesía. Los libros de poesía no se agotan. Si en Chile la poesía ocupara un lugar destacado, los chilenos andarían con un libro de un poeta en los buses, parques y metros. Si eso fuera cierto, diría que Chile es un país de poetas, porque la leerían hasta en el baño. La prosa, novela, cuento, reportaje, son los que más se venden en estos momentos. Y se venden si se publican en una editorial chilena/transnacional que tenga el poder de promocionarlos.” Si bien esta entrevista es de hace diez años atrás, parece no existir un cambio sustancial frente a esta vicisitud.

Y es que en nuestra sociedad actual, donde a cada cosa que producimos se le asigna un “valor” monetario, si el tema no “vende”, no interesa. No solo en poesía, sino que en el arte en general, cuya crisis aún no se detiene. Sin embargo, ese asunto daría para otra columna más lúgubre y densa que la de hoy.



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1 respuesta

  1. Estoy de acuerdo que la poesía está en extinción, que cada vez son (somos) menos los poetas y que ya nadie lee. Pero creo que este fenómeno es más complejo que como tú lo presentas. Primero, jamás tratar a la poesía como una moda. Y es que no está en su naturaleza serlo. La moda está en la música, la ropa, en la furia de las redes sociales, pero jamás en la poesía. Simplemente porque la moda es masiva, carente de sentido y comercial. La poesía jamás fue eso. Escritor es quien escribe, no sólo quien publica.
    Segundo, creo que el análisis que presentas sufre de anacronia conceptual e ideológica. Quizás esperas de la poesía lo mismo que se esperaba de ella a comienzos del siglo XX. Pero el mundo cambió. El big bang informativo y la consolidación del web virtualizaron las formas de expresion. El lenguaje mismo se ha aplanado, universalizado y simplificado. Hoy todos escriben, pero pocos lo hacen cinceleando el papel con tinta, derramando su propia sangre al hacerlo.
    Chile un país de poetas? Sí y mil veces sí. Más allá de los pilares que mencionaste, y que sostienen nuestro imaginario poético, hay otros con un perfil menos pomposo que han hecho otro tipo de sendero. Me refiero al Guardián del Mito, Jorge Teillier o don Armando Uribe, entre tantos otros.
    Me pregunto si usted conoce La nueva nueva Canción Chilena o , incluso algo de ráp contemporáneo. Chinoy (de lo mejor que tenemos hoy en letras -escuchó “que salgan los dragones a volar”?-, Angelo Escobar, Portavoz, Kaskivano, Evelyn Cornejo, y un largo etc. Y si bien ellos son trovadores, el contenido de sus canciones toca un fibra de nuestra memoria colectiva que inevitablemente nos lleva a un ethos poético nacional, como parte de nuestra identidad, profundamente arraigado en nosotros.
    La poesía cae porque el acto de escribir ha caído. Toda una civilización que empezó en el traspaso de la cultura oral a la escrita está en decadencia, no sólo la poesía. Y nosotros, escombros ideológicos seguimos resistendo ensuciando el papel para limpiar nuestra alma, escribiendo a pulso, con la mano temblorosa cargada de tormentas. Y hasta que no se escriba el último poema estamos vivos. Y sí que lo estamos.
    Saludos desde Suiza.

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