¿Existe una generación que valide el machismo?

Por René Marchito.

Desengaño y frustración. Esos dos conceptos podrían resumir las recientes declaraciones del Premio Nacional de Historia, Gabriel Salazar, quien desestimó las denuncias realizadas por un grupo de estudiantes de esa carrera en la Universidad de Chile, las que manifestaron ser acosadas sexualmente por profesores que fueron desvinculados de aquella casa de estudios.

El académico realizó una serie de declaraciones en las que calificó de “pintiparadas” y “sobre-nerviosas”, refiriéndose a las reacciones de las estudiantes, lo que por cierto generó un repudio venido no solo de las afectadas, sino que también de las académicas del Departamento de Ciencias Históricas, las cuales rechazaron unánimemente los desafortunados dichos del escritor.

Las palabras de Salazar no solo demuestran una falta de empatía y de juicio, porque también vienen a confirmar el imperante machismo que aún perdura en la sociedad chilena. Lamentablemente, este caso deja en evidencia el actuar pedante y despectivo que para muchas autoridades provoca la conciencia social que se está generando en torno al respeto. El tema es inquietante, tomando en cuenta las innumerables acciones emprendidas el año pasado, y que buscan evidenciar una realidad que había estado escondida durante varias décadas.

Sean o no verdad las acusaciones de acoso sexual, resulta impresentable que académicos de la talla de Gabriel Salazar desestimen estas denuncias, pero también resulta mucho más condenable que emita declaraciones utilizando un tono de burla, las que esconden un claro sesgo contra la mujer. Por qué no decirlo, hay bastante violencia en esas palabras.

Más allá de centrarnos en el caso particular de Salazar, parece terrible percatarnos de que todavía existan generaciones que validen este tipo de acciones. Basta recordar el impresentable “regalo” que Roberto Fantuzzi le realizó al ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, en la cena anual de Asexma o las rutinas sexistas de programas como Morandé con Compañía e incluso la misma Vedetón. Esto no hace más que confirmar que existen personas que validan, disfrutan y se entretienen con este tipo de acciones.

Pero el problema no solo ocurre en nuestro país. No podemos olvidar las repudiables declaraciones del otrora candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, quien arrastra una serie de polémicas declaraciones cargadas de machismo. Nunca existió un arrepentimiento ni una disculpa oficial, todo olía más a una acción política impulsada por sus asesores.

Hablamos de una generación de adultos que creció con el paradigma de la cosificación de la mujer que sigue sin entender el cambio social que se viene incubando –enhorabuena– desde hace algún tiempo en nuestro país. Lo más penoso de todo, es el hecho de que no le han otorgado el nivel de importancia que merece este problema. Porque querámoslo o no, el machismo sigue siendo uno de los principales cánceres sociales.

Como dice aquel refrán, enderezar un árbol viejo es imposible. En este caso la metáfora parece ser la forma más adecuada, considerando que algunas generaciones no entienden el cambio de mentalidad en torno al machismo. Por ese motivo, nuestra esperanza debe estar puesta en las nuevas generaciones que serán las encargadas de romper ciertos moldes añejos. Solamente así se quebrarán para siempre las raíces del machismo nacional y, por qué no decirlo, a nivel mundial.



Categorías:Chile País Generoso

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