Relatos desde el fin del mundo

Por Haliki.

Leemos ciencia ficción porque de alguna manera queremos formar parte de otros mundos. Escapar de nuestra realidad circundante, distanciarnos de nuestras cuestiones existenciales aunque sea por unos minutos. Hago esta aclaración porque jugar a ser parte de sociedades utópicas, habitar mundos distantes o vivir en un planeta Tierra decadente es aventurarse a algo distinto.

¿Qué pasaría si de pronto cambiara nuestro voluble lugar en el mundo? Este es, a mi parecer, el encanto del nuevo libro de Contracorriente Ediciones, llamado “Espacio Austral”. Leemos para dejarnos seducir por situaciones tan absurdas como sombrías, pero también para especular sobre nuestra (in)consciencia, sobre nuestra memoria y nuestros miedos.

A lo largo de sus 380 páginas he realizado un pacto ficcional con esta lectura. El antologador argentino, Sergio Gaut vel Hartman, nos presenta una “propuesta original y propia […] que no se acepta como esclava de ninguna receta importada”. Como bien dice el bonaerense, es posible transitar por geografías imposibles, como en las novelas clásicas del género, pero estos territorios abrazan la memoria de argentinos y chilenos con sus propias inquietudes existenciales, sus pensamientos descabellados y tenebrosos.

En estos 28 relatos se encuentran reunidas las más diversas voces, por cierto que con una gran calidad literaria. Para ser franco, solo he reconocido a algunos autores como Sergio Alejandro Amira, Óscar Barrientos Bradasic, Ignacio Fritz, Diego Muñoz Valenzuela y Jorge Baradit. Debo confesar que no soy un asiduo lector de ciencia ficción, lo último que recuerdo haber leído fue algo de Hugo Correa y Diego Muñoz Valenzuela. Sin embargo, he disfrutado cada página de esta antología como si fuera parte de mis propias raíces. De hecho, mi cuento favorito vendría a ser “Los laberintos”, de Soledad Véliz, una historia que casi me hizo soltar un par de lágrimas a causa de su profundidad.

El mayor atractivo de esta obra radica en que los personajes de los relatos transitan, la mayoría de las veces, por paisajes “reconocibles”, lugares que más de alguna vez hemos recorrido, geografías utópicas pero que se conectan siempre con algún lugar de origen. El Cono Sur latinoamericano, Chile y Argentina, se convierte en el telón de fondo, mostrándonos desde los barrios más populares hasta algún bar de mala muerte ubicado en Marte, atravesamos por habitaciones-laboratorio y por espacios (casas) “tomados” en maléficos rascacielos de Providencia. Lugares marginados bajo el maravilloso y frío manto estelar que solo unos pocos se atreven a visitar.

En ese sentido, me parece interesante la propuesta de Contracorriente Ediciones al destacar escritores y escritoras sin restricciones. Dejan de lado, en el caso de nuestros coterráneos, la tan gastada novela posdictadura como eje central de sus relatos. Hay respeto hacia una generación de lectores que busca ampliar su horizonte. Ya sea a través de la crítica o la disociación, este tipo de literatura siempre buscó hacerle frente a una realidad agobiante, inadmisible.

Los personajes de estas historias transitan por lugares utópicos y planetas distantes, viajan en el tiempo, mezclando lugares y figuras históricas, se detienen en más de una oportunidad para reflexionar sobre sus propias filosofías de vida, tan absurdas y trágicas como suelen ser. En este recorrido de imágenes alucinantes y fluorescentes manchadas con sangre y recuerdos imposibles de recuperar, además nos permite detenernos a observar instantes fugaces pero a la vez trascendentales de la vida en toda su dimensión. Nos encontramos con robots, por supuesto, pero también con seres perdidos en el espacio o atrapados en un plasma a través de una cámara fotográfica.

Espacio Austral representa una osadía desde muchos puntos de vista. La ciencia ficción en Chile tiene un nicho más bien reducido y poco valorado, suele quedar relevada a los márgenes, pero por lo mismo vale la pena echarle un ojo, dejar de asilarnos tanto en el bestsellerismo y los libros de autoayuda para conocer mundos diferentes. La literatura de género, en particular la ficción especulativa, debiese hoy ser más aceptada, ya que propone visiones frescas para una mentalidad social que también ha venido creciendo, al menos en teoría.

Desde una apreciación más personal, creo que esta antología funciona y fluye adecuadamente, y si bien 2 de los 28 relatos me han resultado un tanto difíciles de digerir, esto no excluye el hecho de que en su conjunto sea una buena compilación. Sobre todo por ocupar el espacio geográfico más inmediato a nosotros como plataforma central. Quienes habitamos el fin del mundo encontramos en estas historias un lugar perfecto para deambular por imaginarios nebulosos.

Ese juego en torno a los territorios australes representa, además, la vida alejada de la exposición urbana y masiva, de aquellas grandes ciudades norteamericanas o europeas, un imaginario que depende de la región central, con una cotidianidad que se valida y se basa en la rutina. Su propia existencia está apoyada sobre un ámbito temporal y físico que es, a la vez, su propio tiempo.

Todo esto es Espacio Austral, un abanico de posibilidades que no necesita de las prácticas establecidas por el canon que rige a la literatura para subsistir. Este género se sustenta a sí mismo en sus creencias, en la forma de vida y los pensamientos de sus protagonistas. Son mundos distantes, alejados del centro, con una naturaleza dispersa que abunda en la Tierra o en otros planetas, con escenarios ubicados en la frontera que hay entre lo fantástico, lo maravilloso, lo absurdo e incluso todo lo sangriento que aún se resiste al olvido.



Categorías:Crítica de libros

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