Alejandro Modarelli: “Por Lemebel volví a la literatura”

  • El escritor, cronista y periodista argentino lanza su último libro, “La noche del mundo” (Mansalva), un conjunto de crónicas del mundo gay, cuya dedicatoria está hecha al narrador nacional, a quien califica como su “nodriza literaria”.

Por Felipe Valdivia.

nochemodarelliSe encuentra en Chile para presentar su último libro, “La noche del mundo” (Mansalva). Esta obra se publicó en Argentina el año 2016, pero a comienzos de este 2017 decidió que era una buena oportunidad para lanzarlo en nuestro país, dado que el libro viene con una dedicatoria especial a Pedro Lemebel, quien cumple dos años desde su muerte en enero.

“La noche del mundo está dedicada a Pedro, pero también a Chile, donde tengo grandes afectos. Esa es una razón evidente, de peso propio”, dice al otro lado del teléfono, mientras sigue escribiendo una próxima obra.

—Más allá del homenaje a Pedro Lemebel, ¿por qué crees necesario lanzarlo acá en Chile?
—Siento que en ambos países hay procesos similares de expansión para la homosexualidad, una subcultura global que debe ser interpelada. Los homosexuales estamos perdiendo ese fuego que le quemaba los pies a la sociedad higiénica y esa misma quemazón se alivia con la crema de la igualdad, aunque el precio final a pagar se salda mediante nuestra pretensión de que nos asimilen socialmente, dejando muchas veces afuera del festín a quienes nacieron en la periferia. Estoy a favor de los nuevos derechos, pero debemos asumirlos con espíritu crítico.

—¿Crees que el libro expone las mismas problemáticas de ambos países?
—Me cuesta ver al colectivo gay aplaudiendo una iniciativa facilonga del expresidente Piñera en La Moneda o a las maricas finas de Buenos Aires votando en masa a Macri, que tiene sus propios maricones funcionarios, como perlitas para lucir en su burocracia. Por eso creo que el libro se comprende en los dos lados de la cordillera como algo cercano. Es una invocación a no olvidarse de la vieja aventura marica latinoamericana, que supo estar junto a los heridos del sistema.

—A propósito de eso, ¿cómo ves la situación de los derechos homosexuales a nivel latinomericano? Acá en Chile, por ejemplo, se está discutiendo por estos días la Ley de Identidad de Género, mientras que allá en Argentina se permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo.
—Creo que no hay una situación general de avance, algunos han conseguido derechos impensables hasta no hace mucho y en otros, como en Perú, la cosa está verde. Argentina y Uruguay son los países de América Latina donde más leyes se promulgaron.

—En Argentina siempre parecen ir un paso más adelante.
—Es un contexto de ampliación de la ciudadanía que no conocíamos desde hacía más de medio siglo. Ahora se está debatiendo el cupo laboral para personas trans, un asunto más complicado cuando gobierna la derecha, que ve en esas iniciativas puro gasto presupuestario. Y a la vez, en la calle de la supervivencia, se da rienda suelta a la represión.

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La “nodriza literaria”

Modarelli conoció a Pedro Lemebel en el año 2014. Dice que el vínculo fue inmediato y que llegó a convertirse en su “nodriza literaria”, como le gusta calificarlo. Estuvo en permanente contacto, muy pendiente de su salud hasta sus últimos días y hoy lo recuerda a través de este libro.

De hecho, el lanzamiento de la obra –en el Museo de Arte Contemporáneo del Parque Forestal– incluyó a autores, músicos y artistas que conocieron y fueron amigos del cronista chileno.

“Es evidente que con él hay una visión cómplice del mundo y compartimos el placer por el barroco, un barroco de trinchera, como se llama un libro sobre Perlongher. Un barroco encharcado, en el que las joyas pueden transformarse en orlas de caca”, afirma.

—¿Qué cosas recuerdas con mayor cariño de Pedro Lemebel?
—Conocí a Pedro cuando le costaba mucho hablar por el cáncer de laringe y eso lo irritaba. O sea que mi afecto no nació con aquel Lemebel que brillaba socialmente, sino con ese otro que estaba despidiéndose aunque se aferrara a la vida como a una pija inagotable, tal como escribí en algún lado. No obstante, conservó el humor en el peor momento.

—¿Qué cosas aprendiste, considerando que fue uno de los principales cronistas urbanos de Latinoamérica?
—De pronto me doy cuenta que me concedió un don, ese punto de contacto entre los viejos amigos que al fin pudieron zanjar cuestiones para hacerle un hermoso homenaje a dos años de su muerte, justamente en el lanzamiento de “La noche del mundo”. Me siento una monjita misionera y sexópata polimorfa predicando la amistad entre locas bravas y no me salió nada mal. En este viaje a Santiago quisiera pensar que Pedro, Monsiváis y toda la barra quilombera marica que se nos fue (y no hay relevo), incluso Hija de Perra, a quien no conocí, están armando alto lío por algún rincón del universo.

—Pareciera que la imagen de él en tu vida es bastante fuerte.
—Pedro Lemebel es por quien volví a la literatura después de años de naufragar en diarios y textos teóricos. Pedro, digo siempre, fue mi nodriza literaria, de la que ahora es necesario huir, para no ser devorada.

—¿Crees en los herederos de Lemebel?
—Lo que ahora justamente temo es la desfiguración de Pedro Lemebel por la ambición de sus falsos herederos literarios. De esos que se afanan en adivinar cómo provocar, sin tomar en cuenta que Las Yeguas del Apocalipsis se rebelaron desde el arte callejero cuando eso era una aventura contra el orden militar y no una performance eyaculatoria neoliberal para horrorizar la conciencia de la izquierda.

—Han pasado dos años desde su muerte. ¿Cuál crees que es el  principal legado político y literario que nos dejó a nivel mundial?
—Pedro fue el emergente más lúcido y el que mejor llevó a la literatura ese momento de transición epocal entre dos regímenes de vivir la homosexualidad. Con él se reivindica el deseo como intensidad al filo de la muerte, como acentuación de la vida y los rizomas del barroco, pasando por encima del lenguaje prostático, ese mismo que le arrebató el Premio Nacional en Chile. O sea que puso a la marica y al barroco en la primera fila de la escena literaria e histórica. Otros querrán seguirlo, pero deberán encontrar formas no parasitarias de hacerlo.

Literatura de disidencia sexual

Fue en un viaje desde Bogotá a Buenos Aires en el año 2013 cuando Modarelli sintió que le faltaba el aire, hasta que finalmente llegaron a la conclusión de que estaba sufriendo una asfixia por neumotórax. El resultado fue un coma y el aterrizaje forzoso del avión en Santa Cruz de la Sierra.

Esa es la primera historia de “La noche del mundo”, cuyo relato indaga en el mismo objetivo: “las crónicas del libro no buscan tomar el pulso a lo urbano, como tanto se dice, sino agarrar lo urbano por los cocos”, afirma.

—¿Qué cosas deberían encontrar tus lectores al momento de leerlas, más allá de lo estrictamente literario?
—Los invito a asomarse a la memoria marica, en contraste con el desembarco del modelo gay global. Visitar los arrabales urbanos donde Eros era el permiso, incluso en momentos de peligro, de una afirmación creativa. No es necesario resistir desde la negatividad. Se puede resistir al acoso policial, a la discriminación, con más sexo. Eso era posible hasta no hace tantos años.

—Inevitable no preguntarte por la Iglesia católica, el Papa y su relación con los homosexuales. ¿Crees que se ha ido abriendo un poco más, tomando en cuenta que es jesuita?
—Ahí vemos el uso estratégico de la compasión que le está dando frutos preciosos. Los jesuitas buscan dulcificar los cuerpos de los corderos, enternecer la carne con caricias, para después dar la dentellada. Esa dentellada equivale a hacer prender el dogma con facilidad, hasta el punto que creamos lógico incorporarlo porque nos hemos vuelto dóciles. Creemos que Francisco representa un cambio doctrinal de la Iglesia y no es así. Además, es peronista, o sea que a cada uno le promete un cielo distinto, y lo digo no con fastidio contra el peronismo, que ha sido en la Argentina la vía regia de inclusión de sectores históricamente postergados.

—A tu juicio, ¿falta más literatura gay o crees que va por buen camino?
—Pienso que si esa literatura se despolitiza, en el sentido de plantear una diferencia revulsiva, una intensidad que yo llamo trágica, nos vamos convirtiendo en un producto de anaquel de librería especializado, donde las locas y las tortas vamos a buscar el reflejo de los amores de redes sociales. La literatura de la disidencia sexual ha sido fundamental para el autoconocimiento de un colectivo como el nuestro, en tiempos en que era lo único a mano para saber que no estábamos solos en el mundo. Esa literatura debe encontrar una nueva manera de intensidad y referentes que nos conmuevan, para que no sean banales relatos queer as folk.



Categorías:Entrevistas

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