Arenito nos enseña a ver la luz

Por René Marchito.

Peligrosas las declaraciones de Alexander “Arenito” Núñez. Preocupantes. Para ponernos en contexto: el chico era integrante del extinto programa juvenil Yingo, bailaba y disfrutaba de una fama explosiva; eso hasta que a mediados del año pasado mostró una faceta totalmente distinta, insinuando a través de las pantallas una latente cercanía con Dios.

Esta estrecha relación quedó evidenciada el pasado viernes en el programa de farándula Primer Plano (CHV), donde se refirió a cómo Dios había cambiado su vida. Hasta ahí tenemos algo normal, nada nuevo en nuestro país. Podía tratarse de la vieja y repetida trama en la que se amparan los rostros del mundillo de la farándula criolla, abriendo las puertas de su corazón para que los consumidores de telebasura se convenzan de que tienen algo importante que decir. Soñemos con un mundo de vidas humanas por detrás de las luces y el excesivo maquillaje.

El problema se suscitó cuando Arenito comenzó a discutir su condición actual: “Soy heterosexual, me gustan las niñas. Quiero formar una familia, eso es lo más importante. Quiero tener hijos, tener a mi esposa, darle los cuidados que necesita una mujer. Ser un padre de familia”, arrancó diciendo. Pero el antiguo integrante de Yingo no se quedó ahí, y como si hubiese estado cuidadosamente estudiado, Núñez decidió lanzar una serie de epítetos homofóbicos escudado en la palabra de Dios: “No estoy de acuerdo con el matrimonio homosexual (…) No creo en el amor entre un hombre y un hombre. Yo, que fui homosexual, nunca sentí amor por un hombre”.

Las sorpresivas declaraciones no solo llamaron la atención de sus seguidores y seguidoras, sino que también de una buena parte de la sociedad. A través de Twitter sus dichos fueron duramente criticados por el tono de odio que se esconde detrás, pero también por el contexto en que se realizan, ya que ha tomado bastante tiempo y esfuerzo abrir un debate en torno a la discriminación.

Arenito atribuyó su antigua condición sexual a una serie de factores que marcaban en ese entonces su vida, descartando que alguna vez se hubiese enamorado: “Me sentía atraído, era algo físico. Y tenía carencias, por el mismo desorden que mencioné, además de una parte exploratoria”.

Más allá de esta legítima elección, sus palabras –como decíamos en un principio– son preocupantes y peligrosas. En primer lugar, porque ha decidido utilizar los medios de comunicación para confundir al espectador promedio, ese que todavía no entiende lo que sucede en el mundo real. La influencia de esta noticia tiene directa relación con el comportamiento frente a la homosexualidad, con una forma correcta de entenderla.

La otra arista preocupante de estas declaraciones se asoma como un factor que solo busca polemizar. Los puntos de vista religiosos suelen decir estupideces amparándose en la figura de Dios. En efecto, Arenito reconoció estar completamente dedicado a su fe cristiana, por lo que durante esa entrevista recalcó el concepto de “sanación”. Resulta lamentable comprobar algo que he venido sintiendo desde hace algún tiempo, esa rígida postura que ha adoptado la Iglesia en torno a la homosexualidad. Recordemos por un segundo las hilarantes performances del Pastor Soto, denunciado ante Carabineros por hostigar al expresidente del MOVILH, Rolando Jiménez. Convengamos que este tipo de acciones son realizadas desde una postura corrosiva, asumiendo que la homosexualidad es una condición anormal. “La homosexualidad es una de las cosas que el Señor cambió en mí”, sentenció Alexander Núñez.

Las palabras de Núñez reflejan la trivialidad con que enfrentan muchas religiones el tema de la condición sexual. No se trata de una elección, mi querido Arenito, una realidad natural evidentemente no puede ni debe ser modificada por ninguna ley, mucho menos por una religión. Estas afirmaciones solo consiguen mermar nuestra naturaleza humana, jugando con la vulnerabilidad emocional que podría estar experimentando una persona.

Todavía existe un alto porcentaje de nuestra sociedad que sigue creyendo todo lo que dice la tele. Utilizando esa misma lógica, las palabras de Arenito demuestran el odio de ciertas instituciones, la escasa tolerancia con que tratan a las personas que exhiben una condición sexual diferente. Muchas veces olvidan que cada caso es un mundo, cada vida se merece que la traten con respeto.