Vive la experiencia minera en “El chiflón del diablo”

Por Carolina E. Varela.

Durante más de cien años “El chiflón del diablo” significó un importante foco económico para las empresas mineras. Habilitada en 1857, la mina también albergó a miles de trabajadores que año a año debieron sacrificar familia y salud para llevar el pan a sus casas. Después de ser declarada Monumento Nacional de Chile en octubre de 2009, esta fue repensada como foco turístico de la zona, integrándose así al circuito turístico y patrimonial “Lota sorprendente”, que incluye también el Parque Isidora Cousiño, el Museo Histórico del Carbón y el Pueblito Minero del siglo XIX.

La experiencia inicia con una breve visita al pueblito minero que fue construido a partir de la escenografía utilizada en Subterra (2003), adaptación del libro homónimo de Baldomero Lillo, dirigida por Marcelo Ferrari y protagonizada por Francisco Reyes y Paulina Gálvez. El guía será Roberto Rojas, exminero que hoy dedica su vida a relatar la historia de esta importante mina carbonífera y las implicancias que su trabajo y el de sus compañeros tuvieron en la vida de todos los chilenos.

Luego del equipamiento y la espera en la sala de máquinas, nos dirigimos a una de las entradas del chiflón, donde nos harán descender en pequeños ascensores que más bien parecen jaulas para no más de cinco personas. Todo el grupo porta un casco protector y una batería sujeta a la cintura que alimenta la linterna del primero. El casco es muy importante, ya que los distintos niveles del terreno y del techo que constituye la mina, harán que más de uno se golpee constantemente la cabeza.

En todo momento la seguridad de los asistentes es primordial. Si alguien no se siente cómodo a cuarenta metros bajo el nivel del mar, puede arrepentirse y será llevado a la superficie.

compuerta-12El relato comienza frente a la compuerta n° 12, la misma que Baldomero Lillo retratara en uno de sus relatos, a principios del siglo XX. Roberto nos cuenta que esa compuerta era vigilada por los niños que a los ocho ya eran obligados a realizar labores mineras para ayudar a sus padres. Estos debían vigilar la puerta a la espera de los carros cargados con el material; para que no sintieran miedo y se acostumbraran a la oscuridad, los amarraban con una cuerda a un costado.

También nos habla de los pájaros que, encerrados en una jaula muy similar a la que muestra la foto, les advertían a los mineros del gas grisú que podía matarlos.

Roberto Rojas.jpg

Roberto Rojas, exminero y guía del circuito

Roberto es uno de los tantos mineros que, después del cierre de la mina, se vieron obligados a cambiar el rubro de toda su vida para no quedar sin trabajo como un porcentaje importante de la población en Lota, que hasta hoy alcanza altos índices de cesantía en la región. Gracias a él también nos enteramos de que muchas de las leyes que hoy benefician a todos los trabajadores del país, como el uso de indumentaria de seguridad y mejora en los horarios de trabajo, se debieron en parte a sus demandas durante el tiempo en que la mina estuvo activa.

También nos cuenta de las duras condiciones a las que estuvo expuesto, lo que le significó un deterioro en su salud. A medida que los pasadizos de este inmenso laberinto se iban abriendo, los mineros debían realizar sus labores en espacios reducidos, extraer el material de rodillas o acostados, comer con las manos sucias, hacer sus necesidades biológicas en tarros de latón acondicionados con cal, o descansar por algunos minutos sobre el mismo suelo del lugar.

Roberto es amable con todos y nos pide que le contemos a la mayor cantidad de gente que podamos de este sitio que se niega a ser olvidado. Cuando ellos ya no estén con nosotros, otros los reemplazarán como guías, pero no será lo mismo que escuchar el relato de quien vivió en carne propia esta magnífica, y a veces aterradora, experiencia.

En determinado momento de la travesía, se nos pide que apaguemos nuestras linternas sobre el casco. Ahí experimentaremos la oscuridad total de la mina y el silencio que la llena, solo interrumpido por la voz de Roberto.

Finalmente, nos harán descender un pasadizo de no más de un metro de altura, agachados y caminando de lado para no resbalar. Después de la afectuosa despedida, donde agradecemos el trato y la información recibida, ascendemos por una eterna escalera que a más de alguno deja sin aliento.

Una experiencia maravillosa que sin lugar a dudas deben vivir. También pueden realizar el circuito completo, visitando luego el Museo histórico de Lota y el Parque Isidora Cousiño. Para más información, accedan a la página www.lotasorprendente.cl

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