Los chistes del doble estándar

Por René Marchito.

Dos días después de la presentación de Chiqui Aguayo en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar iba en el metro y, por casualidad, escuché una conversación entre una señora de unos 50 años y un caballero de edad similar. La señora se quejaba sobre lo ordinaria que había sido la rutina: que todo se trató de “la cintura para abajo”, que muchos garabatos, que era terriblemente vulgar, que le molestaba que una mujer se expresara de esa forma, que el festival ya no era lo mismo de antes, que los humoristas se habían puesto flaites porque giraban en torno a “eso”.

La forma en que hablamos y nos expresamos es un proceso natural, tiene una historia que queda plasmada en nuestros diversos formatos narrativos. Da igual que a esa señora le desagradara tanto la presentación de una humorista, porque lo burdo es un indicio de algo mayor, de nuestra realidad social. Al final de su trayecto –y del mío– la señora empezó a agitarse con las manos para echarse aire. El caballero la miraba atento, como expectante. Y ella dijo que sentía todo el cuerpo caliente. “¿Cómo que tai caliente?”, reaccionó al fin su acompañante abriendo los ojos. Así, tal cual. Y ambos se largaron a reír con complicidad y siguieron con el tema hasta que nos bajamos del vagón. Entonces pensé en las ironías de la vida, en la hipocresía, pero sobre todo, en esas cosas que creemos nos avergüenzan, del falso pudor. En el fondo nos hacemos los locos, como si nunca habláramos de sexo.

No sé si la tipa era divertida o no. Yo encontré graciosa su forma de expresarse en cuanto a tono y estilo propio, pero me pareció más interesante pensar que se está formando una corriente de chicas dedicadas al stand up comedy, con un mensaje mucho más realista y acorde a nuestros tiempos sobre el papel de la mujer en la sociedad. Natalia Valdebenito y las integrantes de Minas al Poder se destacan por ser provocadoras y desafiantes. Tendríamos que hacernos un test de conciencia para sincerarnos sobre cómo hablamos los chilenos. Porque convengamos que igual hay que ser valiente para huevear a Sichel por el tamaño de su pene. Eso en la televisión abierta, en vivo y en directo.

No entiendo esa alharaca de algunos sectores que se escandalizan al escuchar una mina hablar abiertamente sobre sexo. Les cuesta aceptar algo tan evidente. Es como hablar de la década del ochenta y el noventa. Lo que la Chiqui Aguayo hizo en el Festival no debiera generar un revuelo con olor a anacronismo. Se habló de falta de respeto, de flaiterismo, de vulgaridades y otras tantas afirmaciones que evidencian una mirada hacia atrás. Sabemos bien de lo que se trata.

Tuvo que cagarla Julio César Rodríguez en Fiebre de Viña con un comentario que le hizo a Chiqui Aguayo. Recién ahí se empezó a discutir el tema de fondo, eso de los derechos de la mujer en nuestra sociedad. “Hay algo que quiero decir. Hoy lo más difícil es ser hombre”, expresó JC Rodríguez haciéndose el canchero mientras Viñuela ponía cara de serio. “A mí me tratan de macabeo por no salir a un bar y preferir quedarme con mi familia”, agregó Viñuela, haciéndose la víctima. Pero en ese momento Aguayo paró de reír y lo increpó con seriedad: “Por favor, no sean frescos. Nosotras tenemos que pagar más en la isapre, nosotras tenemos menos sueldo por ser mujeres, nosotros no tenemos aborto en 3 causales (…) son cosas que pasan, no sentimientos personales”.

Porque eso es lo que está pasando acá. Nuestro doble estándar no nos está permitiendo ver que evidentemente lo de Chiqui Aguayo molesta más por el mensaje que está entregando –y que ya está instalado– a la forma en que lo cuenta. Eso apenas es una excusa. Les incomoda y claro, cómo no, si el mensaje igualitario todavía inquieta a algunos pacatos.

De repente desperté de este análisis con la gente empujándose en el interior del andén. Yo quería salir corriendo, subir las escaleras y habérselo dicho a la señora que se había reído con la pregunta del “¿Cómo que tai caliente?”. A veces hay que echarle en cara su doble estándar a las viejas cínicas.