Democracia Cristiana: con un pie fuera de la Nueva Mayoría

Por Felipe Valdivia.

Huele raro lo de la Democracia Cristiana con el Partido Comunista. Desde el mismo momento en que ambos partidos decidieron compartir tienda en el conglomerado político de la Nueva Mayoría, que algo comenzó a oler raro. En sentido literario podríamos decir que era la crónica de una muerte anunciada. En términos políticos, se sigue tratando sobre el choque de dos fuerzas antagonistas que nunca debió concretarse, por el bien de ambas colectividades, tomando en cuenta la historia de los partidos, sus consecuencias históricas, sus dimes y diretes, la diferencia de ideas y visiones de los dirigentes que pertenecen tanto a la DC como al PC.

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Ahora se suma lo de la presidenta de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, quien se ha consolidado como una de las principales figuras que podría salvar a este muerto en vida. Hace unas semanas, en una entrevista con el diario La Tercera, la dirigente subrayó la necesidad de que el partido recuperara ese protagonismo que lo caracterizó durante la década del noventa y que, de ser necesario, presentarían un candidato presidencial atractivo. Y no fue todo. En la misma entrevista, Goic dijo estar dispuesta a asumir aquella candidatura. Terremoto político, suenan las alarmas en la Nueva Mayoría, pues se rompe el esquema de acuerdos, convivencias y cronogramas para enfrentar la presidencial.

Más allá de que el principal perjudicado por este anuncio fuera el expresidente Lagos (otro muerto en vida que ya confirmó que no repuntará del majadero 5%), el anuncio es un dardo teledirigido al propio Partido Comunista. Hay varias reflexiones en torno a esta idea. En primer término, el futuro de la Nueva Mayoría pende de un hilo, tomando en cuenta que nadie ha querido asegurar la continuidad del conglomerado. Resulta que ahora casi todos se quieren desligar, cuando en un principio se ufanaban del gran acuerdo que reemplazó a la Concertación. Recordemos que la NM se creó para recibir a la Presidenta Bachelet, donde se incluyó en esta rara mezcla al PC y la DC. Error de la falange, considerando que siempre supieron de la existencia del “programa” y su contenido. Desde mi punto de vista, la DC simplemente no quiso quedarse fuera de la repartija de poder e ingresó contraviniendo sus valores y principios, por cierto que desoyendo a sus principales dirigentes históricos. Lo otro es lo que ocurriría con los precandidatos presidenciales, particularmente con la figura de Alejandro Guillier.

Aunque no lo han reconocido abiertamente, todo indicaría que la figura del periodista genera simpatía entre los comunistas, tomando en cuenta las escasas, pero elocuentes declaraciones que ha tomado frente a ciertas temáticas. Ya confirmó, por ejemplo, su disposición a continuar en la misma línea de las reformas impulsadas por la presidenta Bachelet. Entonces bien, ante una eventual candidatura presidencial del senador radical, los integrantes del PC probablemente apoyarían a Guillier en dicha travesía. Aquí está –a mi juicio– la explicación de la aventura presidencial que busca encabezar Carolina Goic.

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Ya hemos dicho que la relación DC-PC ha sido por conveniencia y las trifulcas han ido escalando de nivel. La Democracia Cristiana está aburrida de ser el niño mañoso de la pandilla, porque deambula por los pasillos cada vez que se discute alguna de las reformas que estaban previamente establecidas en el programa y que ellos mismos habían aceptado. Por otra parte, la presión ejercida por los dirigentes históricos también es una arista que pesa en esta historia. La última en evidenciarlo (y en golpear fuerte la mesa) fue Mariana Aylwin, quien aún está esperando las explicaciones del PC por su prohibición de ingreso a Cuba en una ceremonia que no estaba autorizada. El momento, sin duda, era propicio. No cabe duda que potencia la candidatura presidencial de Goic, refuerza la imagen de una DC victimizada dentro de la NM y aviva esa anacrónica disputa entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista. Es cosa de revisar las declaraciones que ha formulado durante los últimos tres años, para darse cuenta de que Mariana Aylwin ha estado con un bidón de bencina durante todo este tiempo avivando las llamas de una pelea que la derecha, desde la otra vereda, lee con atención para encender su propia mecha.

Poco importa a esta altura si Carolina Goic irá a las primarias. Lo realmente importante acá es que la guerra entre ambos partidos está a punto de desatarse. Los siguientes capítulos de esta historia sucederán sin treguas frente al Gobierno de Bachelet. Es una bomba de tiempo que en cualquier momento podría explotar en las manos de un dirigente político. De todas formas, hace rato que la DC no se siente parte de la Nueva Mayoría. ¿Exactamente desde cuándo? Desde que comenzó este Gobierno.