Chuck Berry y el nacimiento de una juventud rebelde

Por Mariana Calderón.

 

La juventud no siempre fue igual. Antes significaba salir del colegio, quitarse el uniforme y ponerse el traje de adulto para empezar a trabajar igual que los padres. El adolescente recién desató su inconformidad en los años cincuenta, siendo la música de Chuck Berry una de las grandes razones para disfrutar de esa rebeldía.

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El joven Charles Edward Anderson Berry, nacido en St. Louis Misouri el año 1926, fue el tercero de seis hermanos. Aprendió a tocar la guitarra con un método autodidacta en fascículos y después se dedicó a jugar con los géneros musicales que le interesaban: influencias de blues, swing, boogie-woogie y country en un mismo formato.

Con sus amigos robó algunas tiendas y también un auto, acto que lo forzó a vivir tres años en un reformatorio. De allí salió todavía con más ganas de hacer música. El destino lo llevaría a tener una multitud de trabajos distintos para sobrevivir hasta la década del cincuenta. Entonces comenzó a tocar en el club Cosmopolitan de St. Louis, muy popular en dicha ciudad, puesto que a raíz de los cambios que trajo el fin de la Segunda Guerra Mundial y ciertas tensiones raciales aliviadas, convivían tanto afroamericanos como blancos interesados en el jitterbug, un particular baile que devendría en ese escandaloso movimiento del rock nroll.

Chuck Berry trabajó con la banda supliendo al saxofonista Alvin Bennet, que había caído enfermo. Su particular gusto por el country, sumado al blues y swing que caracterizaba a la banda, fue una novedad en un tiempo donde los géneros musicales tenían intérpretes y públicos bien definidos. El estilo black hillbilly “hermanó” a dos sectores sociales que no podían evitar bailar. Pero el embajador de la rebeldía no se podía conformar con hacer dinero.

Valiéndose del mismo auto que se compró con las ganancias, viajó a Chicago y contactó a Muddy Waters después de un recital, preguntándole directamente con quién tenía que hablar para grabar un disco. La ambición y el eclecticismo lo llevaron a alcanzar el éxito en 1955 con “Maybellene”. Un año después, en 1956, grabó “Roll over Beethoven” y “School Days”, que narra las ganas de salir del colegio para finalmente elegir una canción en la rockola, bailar y coquetear con el rock nroll hirviendo en la sangre, escandalizando a una sociedad que no vivía el placer de manera tan descarada.

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La influencia de Chuck Berry marcó a grandes leyendas del rock, tanto en Estados Unidos como en Inglaterra. John Lennon (The Beatles) y Keith Richards (Rolling Stones) le rindieron tributo a su estilo revolucionario y con más garra que otras estrellas del boogie, gracias al poder de la guitarra eléctrica. El blues y el country le enseñaron la dura poesía de la vida y habló con una voz que hasta entonces no había descubierto, llegando a profundizar en reflexiones sin perder jamás el sentido del humor o su contagioso ritmo.

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Nadie pudo esconder cuán importante había sido Chuck Berry para su manera de escuchar, tocar y vivir la música. Tuvo admiradores de la talla de Buddy Holly, The Beach Boys, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Quentin Tarantino y Joan Jett. Se han hecho diversos covers para resaltar su talento, haciéndole justicia al legado de este gran artista. Homenajeando a un gigante de la música.