Antes de Lagos/Después de Lagos

Por René Marchito.

Chile cambió. La sociedad cambió, pero la élite política (de la vieja escuela), todavía no lo hace. Ese es el contexto en que el expresidente Ricardo Lagos oficializó la baja de su candidatura presidencial, luego de que el Partido Socialista decidiera apoyar la carrera de Alejandro Guillier.

Se veía venir, era la crónica de una muerte anunciada, porque el ciudadano Lagos nunca prendió. Dijo que venía renovado, que era un continuador de ciertas reformas, pero dándole otro giro; que su idea era crear un Gobierno sumando a todos los actores de la centroizquierda, que había que escuchar a la gente. Paradójicamente, ese fue su mayor pecado: mientras duró su aventura por el cupo a La Moneda, nunca escuchó a la gente.

Las encuestas lo venían anunciando desde hace varios meses. Nunca fue capaz de superar ese maldito 5% de las encuestas que lo posicionaron como un político de la vieja escuela. Ahora, se retira de la política contingente siendo humillado por su propio partido, el mismo al que le había dado la espalda hace algunos meses cuando dijo que él tenía doble militancia. La colectividad tuvo que sacrificar por secretaría a una de sus rostros más emblemáticos para darle en el gusto a Lagos. Isabel Allende debe estar lamentándose y comentando en este momento que tenía razón.

Ricardo Lagos pecó de arrogante. Nunca supo leer ese 5% que lo azotaba en la cara como una cachetada que lo instaba a reconocer la realidad. Aquel porcentaje representa a la gente que no creyó que un eventual segundo Gobierno suyo iba a tener el tono progresista prometido durante el período de campaña.

Esto, sumado además al desgano, el carisma que tanto lo caracterizaba. A ratos Lagos parecía no ser Lagos. Tal vez fue una de las peores decisiones de su vida, pero también, viéndolo desde el lado del ciudadano, aquel que debe levantarse todos los días a trabajar temprano, Lagos representaba un estereotipo político que ya tiene a la gente cansada.

Con el paso de los días sabremos a quién habrá que responsabilizar dentro de su equipo de campaña. Sin embargo, el mayor culpable fue el propio Lagos, quien se embarcó en una aventura cuyo destino siempre fue el naufragio. Se lo adelantaron desde el primer día, cuando muchos se mostraron en desacuerdo con su candidatura a través de las redes sociales. Lagos jamás le dio importancia a esto, jamás asumió que la ciudadanía ya no era la misma que cuando le tocó ocupar el sillón en La Moneda hace 17 años atrás.

Aun cuando Lagos se hubiese convertido en el candidato del PS, el fantasma de Guillier rondaría por los rincones de la NM. Precisamente, la Nueva Mayoría murió cuando la DC decidió que su candidata sería Carolina Goic.

Por ahora hay más certezas que incertidumbres. Hay un Antes de Lagos y un Después de Lagos en el conglomerado oficialista. Porque la figura del mesías, la de aquel político que se atrevió a apuntar con su dedo al dictador, aquel que reinventó el socialismo del siglo XXI, ha muerto para siempre y se retirará de pésima forma de la vida política. Parece ser el mejor guión de un capítulo de House of Cards, pero no, hablamos de una realidad.

Lagos nunca midió las consecuencias del cambio social, nunca entendió que también repercute en el comportamiento de los partidos políticos. Ahora le cierran la puerta, jubilándolo con un miserable 5% de apoyo en las encuestas.