Frente Amplio, una sana interrogante

Por Matías Troncoso.

Con el conventilleo electoral a la orden del día, el duopolio ha centrado sus esfuerzos en cerrar filas detrás de las personalidades con mayores opciones presidenciales dentro de cada conglomerado. La Nueva Mayoría –a excepción de la DC– ha apostado todas sus fichas en que prenda definitivamente la candidatura de Alejandro Guiller, luego del respaldo de los socialistas y la bajada de Lagos. Entretanto, la derecha no hace mella ni con los cuestionamientos judiciales que envuelven a su candidato y confían en una victoria rotunda en noviembre. ¿Qué sucede con el Frente Amplio?

A siete meses de la elección presidencial (lo que en política puede ser un suspiro o una eternidad), el despliegue territorial del FA se ha hecho notar a lo largo y ancho del territorio nacional. En concreto, y para visibilizar la existencia de una nueva fuerza política, las actividades se han enfocado en las discusiones comunales y el surgimiento de propuestas programáticas locales. Ambos puntos ajenos a nuestro vocabulario político tradicional.

Ciertamente, el proyecto político del FA tiene carácter de transformador y no es una extensión de la política de los tres tercios que se incubó a mediados del siglo XX, y que algunos, erróneamente, quieren homologar en el Chile del 2017.

Autonomistas, Revolución Democrática, Partido Igualdad, entre otros siete movimientos, trabajan en la construcción de un programa de gobierno ciudadano “radicalmente democrático y participativo”. En esto se expresa un verdadero cambio de lógica, porque el programa emerge desde las bases, se dirime el candidato mediante una primaria vinculante.

Cambiar el modelo neoliberal y sustituirlo por uno centrado en derechos sociales es la mejor idea para forjar un nuevo Chile. Entonces, también sería importante preguntarle al FA: cómo, cuándo, con quiénes.

El axioma de soberanía popular ha sido fijado por el Frente Amplio, para desde allí comenzar a construir su proyecto político. Habrá que ver si su heterogeneidad será capaz de convocar al conjunto social y no solo a una izquierda dura y reminiscente del siglo XX. De no ser así, seguirán haciendo política universitaria, complaciéndose con los números de siempre, más allá de lo que arroje la elección de noviembre.