La paz mundial al borde del abismo

Por Felipe Valdivia.

Donald Trump lo hizo otra vez. Como si el ataque en Siria no hubiese sido suficiente, ahora la fuerza de la violencia, la arrogancia y el poder se dejar caer en Afganistán. Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos lanzaron la bomba más potente de su arsenal no nuclear.

Hablamos del proyectil GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast Bomb, “la madre de todas las bombas”. Es la primera vez que Norteamérica utiliza esta bomba en combate, lo cual parece gravísimo. Estamos frente a una advertencia, una voz de alerta para que los líderes mundiales asuman que el Gobierno de Donald Trump no tiene límites.

Lo decíamos en noviembre pasado, en una columna especial cuando fue electo como presidente de Estados Unidos, sobre el inminente daño que una persona sin experiencia política podría llegar a causar. De esto mismo hablábamos cuando decíamos que Trump no estaba listo para liderar una potencia mundial.

No sabemos cuáles serán los alcances de todo esto. Tal vez –y eso es lo más preocupante del asunto– ni siquiera los tenga. Tampoco debemos olvidar los arbitrarios decretos migratorios que han caído sobre algunas naciones del Medio Oriente, ni tampoco las declaraciones llenas de odio, xenofobia y discriminación que continuaron después de la campaña de Trump. En apenas cinco meses ha tomado medidas que han sobrepasado las normas, acuerdos y tratados internacionales, dándole la espalda a la Organización de Naciones Unidas. Lo que está ocurriendo es clara evidencia del peligro que representa para el mundo el Gobierno de Donald Trump.

Más allá de la condena internacional que merece este tipo de acciones, lo que está sucediendo tarde o temprano nos afectará a todos. La evidente tensión entre Rusia y Estados Unidos, la futura y distante relación con Corea del Norte y el incremento de la violencia en la eliminación del Estado Islámico, nos dejan al borde de una insoslayable guerra.

En efecto, si Corea del Norte sigue realizando pruebas de bombas nucleares, lo más probable es que Donald Trump reaccione. De hecho, Kim Jon Ung afirmó hace algunas semanas que “está preparado para una guerra contra Estados Unidos”. Esta mención no es gratuita. Entonces, las esquirlas de la bomba se disparan en dos direcciones: por un lado se desbarata el poder y presencia del Estado Islámico, y por otro se envía una señal de advertencia a Corea del Norte.

El desarrollo de todos estos hechos nos muestra un escenario pesimista y oscuro. La paz mundial está quebrada y pende de un hilo. El poder de Estados Unidos, su arrogancia, debería ser una lección para todos sus votantes. Claro, el daño ya está hecho, pero los líderes mundiales se verán en la obligación de tomar cartas en el asunto.

Da miedo decirlo, pero es verdad: quizás ya estemos al borde de una III Guerra Mundial.