El cierre del caso de Nabila Rifo

Por René Marchito.

Termina el caso Nabilo Rifo. Se acerca la lectura de sentencia, la cual se concretará el próximo 2 de mayo. Ayer, en un fallo dividido de dos votos a uno, el Tribunal Oral de Coyhaique declaró a Mauricio Ortega como culpable de femicidio frustrado, lesiones graves y violación de morada.

Concluye uno de los casos más brutales, sórdidos y polémicos de los últimos años. Un hecho que debe ser condenado, dadas sus características y los escabrosos detalles que fuimos conociendo gracias a las maratónicas transmisiones a cargo de los distintos matinales de televisión y del intenso debate en redes sociales, de acuerdo a las estrategias de la Fiscalía y la Defensoría Penal Pública. Ahí es donde se aloja la esencia de este caso, en cómo reaccionamos como sociedad en pleno siglo XXI.

Curiosamente, los cuestionamientos se centraron en lo adecuado de la estrategia judicial, tanto de la defensa como de los querellantes. Había algo más importante ahí que se nos fue olvidando: estaba la dignidad de una mujer, el grito silencioso y desesperado de sus hijos, el imperdonable y cobarde ataque en plena vía pública que terminó quitándole los ojos a una víctima.

Nadie se merece este tipo de tortura. Saco a colación todo esto, por un sinnúmero de comentarios realizados por mujeres, considerando las numerosas convocatorias de las últimas marchas para reclamar y alzar la voz en contra de la violencia de género. Hay algo acá que no cuadra. Cuando la conciencia entre los hombres parece instalarse poco a poco, aún queda un puñado de mujeres que parece tener miedo, simplemente no entender la gravedad del asunto. #Niunamenos es un grito mundial, pero acá en Chile, la mejor amiga de Mauricio Ortega, Rosita Alvarado, aseguró en el matinal de TVN que Nabila “se lo buscó”.

“Ella es grandecita y sabía con qué persona estaba. Si ella no quería estar más con él, ¿por qué no se separó? (…) esa mujer se acostaba con uno y con otro (…) yo lo lamento, sus ojos no más. Los ojos”. Afortunadamente, una de las periodistas del panel increpó a la mujer, emplazándola a empatizar con el género. Y claro, si la defensa de Ortega se centró en los detalles personales, en justificar la violencia como una consecuencia del engaño recurrente en la relación de ambos, en darle crédito a una reacción de celopatía que derivó en todo lo demás. Menos mal que la periodista de TVN tuvo la valentía de increpar a Alvarado.

Esa es la principal crítica, que el proceso fue farandulizándose sin que nos diéramos cuenta. Se perdió la oportunidad de volver a instalar un tema importante, una realidad de país. Banalizamos un delicado caso que pudo ayudarnos mucho. El punto cúlmine de todo esto fue lo que ocurrió en el programa Bienvenidos de Canal 13, en el cual no hubo pudor en mostrar los informes ginecológicos de Nabila Rifo. Hasta Luksic tuvo palabras de repudio contra el programa. Todo muy Kafkiano.

Parece que a la televisión chilena le falta mucho por aprender. Los noticiarios deberían dejar de tratarlo todo como si fuera una postal. El caso de Nabila Rifo no solo representa un crimen, sino que también una reflexión en torno a esta problemática que es la violencia de género. Debería ser un llamado de alerta para que las autoridades ajusten las penas aplicadas a estos delitos, para que los procesos judiciales mejoren su ética, para que los medios de comunicación se encarguen de fomentar la conciencia social por respeto a su público. Pero no. El rating es un cáncer de nuestro sistema.



Categorías:Espacio Abierto

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