Los medios de comunicación han perdido el rumbo

Por Matías Troncoso Carrasco.

En pleno proceso judicial en torno al crimen contra Nabila Rifo, los medios de comunicación festinaron una y mil veces con el caso, como si se tratara de una noticia diseñada para iluminar portadas de la prensa rosa. Hubo un maltrato mediático, un acoso a la intimidad y cero pudor frente a un juicio delicado. Muchas líneas editoriales deberían atenerse un poco más a la ética laboral y dejar de pensar tanto en el dinero.

Chile padece un trastorno social que asusta. Se notan claros rasgos de un sadismo colectivo, de impudicia frente a la desgracia ajena. Tal vez la calidad de nuestros medios no sea más que un reflejo de aquello. Resulta difícil analizar con seriedad el tratamiento que le dieron al caso de Nabila, sabiendo que muy pocos se preocuparon realmente por ella.

Existe un acuerdo tácito en torno a la necesidad de erradicar la violencia de género anquilosada en nuestro país. Los periodistas despachan sus noticias en cadena nacional, transformando temas serios en meras banalidades. Todos tenemos una cuota de culpa frente a esto: nuestro morbo ha venido creciendo a pasos agigantados desde hace años.

Los cerebros editoriales de diarios, noticieros, radios y programas televisivos parecen gozar de inmunidad diplomática. De hecho mandan a sus “periodistas” a hacer rondas de guardia durante semanas enteras. Centinelas de la verdad, se creen los tipos. Tampoco vacilaron en transmitir cada una de las etapas del juicio, entreverando comentarios livianos, misóginos y fuera de contexto. El clímax de esta irresponsabilidad sucedió durante una entrevista que realizó un matinal, donde incluso hablaron con el médico que redactó el informe con las lesiones genitales de la víctima.

Fue tal la sobreexposición de este caso, que el Poder Judicial resolvió dejar de transmitir los testimonios de víctimas en juicios orales. En parte, entendieron que es necesario proteger los derechos humanos del ciudadano promedio. Desde un principio fue una mala decisión darle rienda suelta a este festín de los medios.

Además de ayudar al empobrecimiento conceptual de temas tan trascendentes como el feminismo y la violencia de género, los medios se empecinan en alimentarse del interés de la gente. Se han vuelto así de arrogantes, marcando una pauta muy alejada de la realidad nacional.

Pero como vivimos en tiempos de redes sociales y libre acceso a la información, los juicios éticos respecto a la labor de los medios de prensa van casi a la par con sus publicaciones. Por lo tanto, difícilmente podrán sostener su actividad noticiosa sin que nadie los critique.

Nuestros medios se han dedicado a normalizar la locura. Ya no sorprende leer portadas en donde “la mujer siempre se lo buscó”, o titulares repletos de “crímenes pasionales”. Porque si a Nabila Rifo le sacaron los ojos en un acto de odio, a nosotros nos han extirpado la capacidad de reaccionar frente al dolor de otros. En este mundo escasea el respeto y la empatía.



Categorías:Espacio Abierto

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