“Tan poca vida”, de Hanya Yanagihara

Por Vodka Popota.

Cuando aparece un libro extraordinario nadie sale indemne. En este caso, la autora nos narra de manera fluida la historia de cuatro hombres de Nueva York, cuatro amigos que se han unido a través de vivencias muy personales.

Para empezar tenemos a JB, un aspirante a artista de carácter temperamental; Malcolm, hombre de familia acomodada, poco ambicioso a causa de su tranquilidad económica; Willem, un tipo físicamente atractivo y de buen corazón que quiere ser actor; y finalmente está Jude, protagonista del libro, un huérfano con traumas que lo obligan a ocultar su misterioso pasado, llegando incluso a autoflagelarse a escondidas. La novela recoge ciertos aspectos y colores de Jude, empapándose con su estilo lacónico y taciturno. Es algo así como una tormenta.

Estos cuatro amigos se conocen en la universidad, etapa en la que recién se inculcan ciertas relaciones de amistad y la idea de formar una familia. Todos aprenden acerca del sexo y el amor, enfrentándose con problemas tan transversales como el abuso, la inmigración y la necesidad de llevar una vida distinta a sus antepasados.

Hanya Yanagihara ahonda en la amistad masculina más allá de la mera camaradería, de esas trilladas conquistas juveniles. Acá se habla de afectos reales, del tiempo perdido, de palabras y heridas que siguen doliendo a través de los años. Lo que más me agradó de esta novela fue aquella incisión sin anestesia en el lado emocional masculino, algo que los hombres aprenden a silenciar mucho mejor que las mujeres. Ese vendría a ser el motor de la historia.

Por ejemplo, un personaje descubre que su amigo tiene un serio problema, e inmediatamente acepta que no quiera contarlo, respetando su espacio personal a sabiendas que debería pedir ayuda. Confiar en alguien a pesar de sus mentiras es una cosa de verdaderos amigos. Willem y Jude llevan una convivencia abrumadoramente cercana, fruto de su complicidad, dependencia y cuidado. La comprensión que existe entre ellos hace que se vuelvan confidentes, dejando escapar, como suelen hacerlo los personajes fuertes, un llanto desgarrador.

Todo gira en torno a la vida, con recuerdos y momentos que colapsan y luego vuelven a la calma. Se entiende perfectamente que el eje anide en el valor de la amistad, puesto que cuando la historia se centra en Jude, quien rebosa de dolor, recién comprendemos lo difícil que es dejar ciertos hábitos dañinos. El protagonista es un hombre brillante y triunfador que no puede dejar atrás sus traumas, que incluso empeora con el tiempo. Esconde algo que naturalmente parece terrible. En este caso se trata de una persona torturada que ha asumido que nunca será alguien normal. Jude vive atormentado por un sentimiento a medio camino entre la culpa y el miedo, aunque todavía desborda pasión por aquello que ama.

Algo hermoso en esta novela es el proceso que viven los cuatro amigos, cada pieza que unen y rompen para crecer. El reto reside en encontrar alguna persona dispuesta a aceptar sus imperfecciones, alguien que los ame de manera incondicional. Cada personaje enfrenta esa misma búsqueda, ya sea en el amor, el trabajo o la decadencia. Las relaciones son tan ricas y diversas, que al terminar de leer este libro han transcurrido décadas. Al cerrarlo uno entiende que se trata de una historia dura que nos da otra perspectiva, golpeándonos sin misericordia para que veamos monstruos que realmente existen, que se encuentran en todo momento sentados frente a nosotros, observándonos mientras sonríen.

A la autora se le ha acusado de ser excesiva, desmedida frente a ciertas situaciones. Pero seamos sinceros: así funcionan los hombres. Nunca queda tiempo para llorar. Nunca hay tregua.

Ciertamente impresiona la capacidad que tiene Hanya Yanagihara de ponerse en el lugar de ellos. A algunas mujeres esto les podrá parecer algo ajeno, pero así son los hombres: no necesitan saber ciertos detalles, no se complican la vida con cosas que no les interesa, a la hora de amar un amigo lo hacen sin ninguna necesidad de cambiarlo. Y aunque normalmente son seres cerrados, acá aparecen más accesibles, más a flor de piel, con gestos valiosos que nunca se diluyen entre parloteos.

Al final, he quedado con la sensación de haber leído una novela cruel y a la vez necesaria. Una oda a la voluntad de seguir luchando, ya sea contra el dolor, el fracaso o el miedo a nosotros mismos.

Tal como les decía al principio, cuando aparece un libro extraordinario nadie sale indemne. Ni siquiera el lector.



Categorías:Crítica de libros

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1 respuesta

  1. Me regalaron ese libro para mi titulación, finales del año pasado. El librero se lo recomendó a aquella persona. Aun está allí, he estado leyendo otras cosas. Ahora que leo esta reseña, sumada a los comentarios en otros lugares, sin lugar a dudas será el próximo en la lista. Gracias.

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