Eduardo Plaza: “Nadie se convierte en un buen escritor por decreto”

  • El autor nacional fue seleccionado junto a otros tres novelistas nacionales en la prestigiosa lista de Bogotá 39, cuya nómina incluye a los literatos con mayor proyección en América Latina.
  • Plaza publicó el año pasado su libro de cuentos, “Hienas” (Libros de mentira), el cual tuvo un excelente recibimiento de la crítica especializada y los lectores.

Por Felipe Valdivia.

Pasaron seis horas antes de que Eduardo Plaza (La Serena, 1982) abriera el correo electrónico que le habían escrito desde Colombia. “Bogotá Confidencial”, leyó sin darle mucha importancia, asociándolo con una anécdota personal que viene viviendo desde hace dos años. Parece un buen argumento para una historia, dada la rareza y el sinfín de cuestionamientos que uno como lector podría hacerse, pero Plaza se niega a escribirlo: una señora de edad, a quien le dicen Mayito, le escribe desde Bogotá cobrándole los gastos comunes en un departamento en la capital colombiana; él se dedicó a seguirle el juego durante todo este tiempo, armando una especie de relación por correo electrónico.

“Cuando abrí el mail me di cuenta que tenía que ver con Bogotá 39 y quedé súper sorprendido”, cuenta entre risas, para luego retomar esa calma con la que se desenvuelve normalmente este escritor.

Llama la atención esa mesura con que se toma el reconocimiento. No es menor, considerando que Hay Festival seleccionó a 39 de los mejores escritores de ficción menores de 40 años de América Latina, en cuya lista se encuentran 15 países de la región, los cuales fueron elegidos por un jurado compuesto por Darío Jaramillo (Colombia), Leila Guerreiro (Argentina) y Carmen Boullosa (México).

Además, dice Plaza, apenas cuenta con una obra de cuentos llamada “Hienas”, la cual se publicó el año pasado bajo la responsabilidad de la editorial independiente Libros de mentira. Lo que no dimensiona el autor, es que el libro fue excelentemente recibido tanto por la crítica como por los propios lectores. Un debut, sin duda, inigualable.

—¿Cómo te tomas el hecho de que escritores de tan alta trayectoria te hayan seleccionado para ser parte de esa lista? 
—Uno se siente agradecido, es muy extraño esto. Mi primer libro es pequeñito, tiene casi 100 páginas. Mi principal sensación es de extrañeza y de mucho agradecimiento, porque no voy a negar que entrar a la lista es una cuestión genial, pero tampoco hay que sacarla de su contexto. Es solo una lista.

—¿Cómo crees que incidirá esto en tu carrera?
—Creo que el privilegio de estar en Bogotá es tener la posibilidad de dar a conocer tu trabajo. Agradezco ser incluido, porque el principal valor es que voy a poder conocer a otros autores que están trabajando cosas súper interesantes, que de hecho ya empecé a conocer y me da la posibilidad de ampliar el universo de lectores de mi obra. No tiene que ver con prestigio personal ni nada, porque finalmente son listas. Uno tiene que ser súper perspicaz con la generación de una lista.

—Parece que tú no crees mucho en las listas.
—Hay listas con lo mejor del año, del cine, de la década y de Latinoamérica. Nunca he sido un tipo muy convencido de eso, tampoco sé cuál fue el criterio de selección de Bogotá 39. Te encontrai con gente como Schweblin, que es una escritora consagrada, y con tipos que no los conocen fuera de Santiago ni La Serena como me ocurre a mí. No tengo muy claro el proceso de selección, entonces tampoco sé cuál es el objetivo de crear esta lista. Nadie se convierte en un buen escritor por decreto. Un buen escritor lo definen sus lectores.

 —Se dice que Bogotá 39 es considerada como representante del “boom latinoamericano”. ¿Crees realmente que esta lista se convierta en una especie de “boom”? ¿Hay algo en común, además de la edad, entre todos ustedes?
—Aparte de la edad no tenemos nada en común. Lo único que nos une es el hecho de estar todos en esta lista y tener menos de 39. A muchísimos de los escritores de Bogotá 39 no los conocía y me he puesto a revisarlos, a leer un poco sobre ellos. La mayor riqueza es que podemos aprender más, pero insisto, no hay un estilo propio de Bogotá 39 y está bien que no lo haya. Sería fome que hubiera un grupo de escritores tocando la misma tecla.

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El machismo de la sociedad

Una vez que se conocieron a los 39 autores seleccionados, Darío Jaramillo, uno de los integrantes del jurado, destacó “la notable participación de las mujeres”.

Acá en Chile, sin embargo, la voz de alerta fue alzada por la escritora Claudia Apablaza, quien subrayó precisamente el hecho de que habían quedado varias autoras nacionales destacadas fuera de la selección.

El debate en las redes sociales inmediatamente se encendió y las principales críticas apuntaron a un tema de machismo: “Creo que existe machismo en la sociedad en general, entonces la literatura no debería estar ajena a eso. Estoy de acuerdo con Claudia, hay escritoras que perfectamente podrían haber estado en la lista de Chile”, dice Plaza.

—¿A quiénes habrías incluido si hubieses sido parte del jurado?
—A Alia Trabucco, porque tiene un muy buen libro que se llama “La resta”, el cual es muy distinto a los otros que están haciendo los jóvenes literatos en Chile. También me gusta como escribe Romina Reyes, creo que esas atmósferas que crea en sus cuentos están súper bien armadas. Arelis Uribe escribe excelente, pero a Paulina Flores todavía no la he podido leer, entonces no podría opinar.

 —Llama la atención la cantidad de autores seleccionados. Chile figura en el cuarto lugar, siendo antecedido por Argentina y Colombia que se inscribieron con seis escritores y México, que lidera la lista con siete autores. ¿Esto habla de la calidad de la literatura que se está haciendo hoy en nuestro país? 
—El auge de las editoriales “independientes” ha permitido el ingreso de voces que antes no hubiesen podido entrar. Hay escritores jóvenes que están escribiendo en registros distintos, independiente de que hoy día se hable de la autoficción y todo eso. Creo que un mundo editorial donde cabe Maorí Pérez, Romina Reyes, Arelis Uribe y Matías Correa, indica que hay suficiente diversidad y eso siempre es positivo.

 —¿Pensaste que ibas a generar tanto impacto con tu libro?
—Es que no siento que el libro haya tenido un impacto tan fuerte. No era lo que esperaba, por el contrario, era una apuesta. Era el primer libro, los primeros cuentos que escribí y no siento que sea algo mayor que eso. Efectivamente, después de Bogotá 39, los ojos se vuelven a poner sobre el libro y recién ahora se va a ver un juicio más amplio sobre los cuentos de “Hienas”.

 —A propósito de las editoriales independientes que hablábamos recién, es bien valorable lo que ocurre con quienes editaron “Hienas”.
Libros de Mentira cuenta con menos recursos que otras editoriales independientes, publica menos que otras editoriales, quizás no tenga el mismo poder de prensa, pero se está tratando de hacer un trabajo de calidad sostenido. El trabajo de corrección, sin duda, es algo que tengo que destacar.

—En cuanto a la frecuencia de publicación de los libros, llama la atención que sea con un gran margen de tiempo.
—Como Libros de Mentira, hay muchas editoriales que están apostando por pocas publicaciones al año, pero de buena calidad. Algunas con fortuna. Por ejemplo, me gusta mucho el trabajo que está haciendo Claudia Apablaza con Los libros de la mujer rota: editorial pequeña, con buenas traducciones y pocas publicaciones al año, pero haciendo un buen trabajo.

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Un libro al año

Mientras realizamos esta entrevista, Eduardo Plaza reflexiona varias veces sobre una meta autoimpuesta que reconoce un tanto exigente, pero aclara que es la única manera de seguir escribiendo con un ritmo más o menos decente.

“Mi meta es publicar una vez al año, intentaré cumplir esa meta, que es bien estúpida por lo demás, pero soy un tipo que escribe muy poco, y cuando digo poco, me refiero a 10 páginas al mes”, enfatiza.

Está tan convencido de este objetivo, que incluso había cerrado el ciclo de su primer libro: “Sentía que ya había cumplido su ciclo vital, entonces ya estaba pensando en la siguiente publicación y dejé de atender ‘Hienas’”.

—¿O sea que según ese plazo ya deberías estar terminando tu segundo libro?
—Espero sacarlo el segundo semestre, o sea de este año no puede pasar. Desastres naturales, futbolistas que se suicidan, personas que no conectan con otras personas, viajes, todo eso en una gran ensalada que espero terminar de escribir entre junio y julio.

—Son temas bien diferentes a los que trabajaste en tu primer libro, en los que abordaste la vida en provincia, que reflejaban la condición periférica en relación a Santiago. ¿Esos temas ya no los va a seguir tratando?
—No es mi misión escribir desde la periferia. Hace unas semanas atrás estaba en una lectura en Radicales y escuchaba a Arelis Uribe hablar sobre cómo ella fue creando su libro, contaba que no tenía una idea muy clara de lo que quería hacer al principio y además dijo que escribe desde su feminismo, porque es lo que conoce. A mí me hizo sentido eso. Yo soy un hueón de provincia, de Coquimbo y escribo desde ahí porque eso es lo que conozco. No estoy diciendo que uno tiene que escribir solamente de lo que conoce, porque de otra forma no existiría la ciencia ficción, pero me gusta escribir acerca de eso.

¿Entonces seguirás abordando el tema de provincia?
—Es fome partir una carrera literaria restringiéndose tanto. Diciendo “yo solo voy a escribir desde Coquimbo”, entonces todos mis personajes van a ser coquimbanos. Para nada. Yo quiero hablar de cosas que están incivilizadas, entre eso y la vida que está fuera de este amplio margen que parte en Matucana y termina en La Dehesa. No es nada en comparación a Chile.

¿Qué otros temas te inquietan?
—Lo que estoy escribiendo ahora es una novela que tiene que ver con el amor y los desastres, es decir, hasta qué tanto puede aguantar el amor. Sé que suena medio rosa, pero no es nada rosa (ríe). Tiene que ver con términos amorosos y personas que se sienten solas y se hacen promesas para dejar de sentirse así.

Hace algunas semanas, el escritor Rafael Gumucio dio una entrevista en La Tercera y se generó una disputa con un puñado de escritores jóvenes. ¿Te sentiste aludido por sus críticas o lo leíste como algo más ajeno?
—A mí me cae bien Gumucio. Soy un mejor lector del Gumucio que escribe columnas para medios extranjeros que medios nacionales. No me siento para nada aludido, no es tema para mí, creo que fue una movida inteligente si la hizo justo en el momento en que estaba lanzando su libro. Siento que le gusta remover permanentemente todo. A veces le achunta, otras veces no.

—¿Y lo que dijo sobre el bullying?
—Me generó harto ruido, me hizo cuestionar lo que dijo sobre los niños, pero después le hace bullying a los escritores más jóvenes. Igual todo estaba un poco vinculado. Fue raro, pero no me movió ningún pelo.

—¿Vas a leer su última novela?
—De hecho, me dieron ganas de comprarla. Le resultó la estrategia de marketing. No sé si la necesita mucho, si va a vender igual, yo me río nomás.

—Volviendo al tema de Bogotá 39, cuya lista se elabora cada 10 años (esta es la segunda versión). ¿En qué te ves en diez años más, literariamente hablando?
—No me gustaría estar escribiendo igual a como lo estoy haciendo ahora. Creo que eso sería mi gran pecado, la falta de experimentación. No te sabría decir cómo estaré en diez años más, pero sí te podría asegurar que no me veo repitiendo el mismo discurso de hoy.