Juan Carlos Cortázar: “Hay sentimientos sucios que subsisten hasta el día de hoy y que es necesario superar”

Por Felipe Valdivia.

Este autor peruano forma parte de una nueva antología publicada por Ediciones B, llamada Pacífico: historias de la guerra”. En ella se relatan siete puntos de vista de escritores chilenos y peruanos frente a un conflicto armado que ha venido marcando la historia de ambos países. Juan Carlos conversó con nosotros, contándonos algunas de las motivaciones que lo llevaron a participar en este proyecto.

18298544_1860629950820587_8942361161425223680_n

—¿Cómo fue el desafío de escribir un cuento sobre la Guerra del Pacífico, sin caer en el típico nacionalismo?
—Es primera vez que escribo sobre algo relativo a la Guerra del Pacífico y el desafío fue novedoso e intenso. Intenté afrontarlo acudiendo a las emociones y sensaciones que, como cualquier peruano, tengo metidas desde niño, asumiendo que son de alguna forma complementarias a las que tienen los chilenos. Recuerdo que en los años 70, las imágenes de mi enciclopedia escolar mostraban a las tropas chilenas entrando en Lima triunfantes. Yo sentí vergüenza, humillación y ganas de revancha. Supongo que su contraparte es orgullo, desprecio y sentir que todo está cerrado. Son sensaciones básicas, que –más allá de los discursos políticamente correctos– si no superamos y sanamos nos vencerán con el tiempo.

—¿Qué necesitan ambos pueblos para que la Guerra del Pacífico no sea motivo de conflicto contemporáneo?
—Lo que ya te decía: sanar. Una de las dos estatuas que son los personajes del cuento que escribí (“Dos Victorias”), lo dice: “No hay otra forma de reparar sino por dentro”. Reparar por dentro implica conocer al otro, intercambiar ideas, forjar una verdadera amistad. Tal como sucede en las peleas de hermanos, las riñas y envidias no se “sellan” (eso es para los temas militares y económicos), sino que más bien se digieren y sobre ellas se construye una relación.

—¿Qué es lo peor de la Guerra del Pacífico, según tu parecer?
—Lo mismo que cualquier otra guerra entre países que tienen demasiado en común: te dejan con un terrible sabor a mierda que no se va con nada si es que uno no habla. Parte importante de ese sabor son los militarismos, esas culturas de muerte, de falso heroísmo y valores de cartón. Muy valientes para –en ambos casos– usar las armas contra los que pensaban distinto, tal como ocurrió con las violaciones de derechos humanos en Chile y Perú. La reinvención continúa desde esa guerra que sucedió hace 100 años, la idea de una posible revancha por un lado y la necesaria defensa por el otro. Esto ha mantenido vigente una cultura basada en el gasto militar, lo que obviamente nos daña a todos.

—¿Recomendarías que este libro fuera leído en las escuelas públicas y privadas para que los estudiantes tengan otra perspectiva?
—Creo que sí, ya que es una mirada diversa que en algunos casos se centra en acontecimientos históricos y en otros, como en el caso de mi texto, en pura ficción a partir de una anécdota. Leer sobre lo que sucedió, ya sea en el campo histórico o ficticio, también permite acercarnos y reconocer las cosas que sentimos, pero que muchas veces no queremos reconocer.

—Por favor, descríbenos el argumento central de tu cuento.
—En 1868, el Gobierno peruano encargó a un escultor francés una estatua para celebrar la victoria del 2 de mayo de 1864 sobre los españoles. La estatua no fue del gusto del Gobierno, por lo que mandó a hacer una segunda estatua. Cuando las dos arribaron a Lima, la segunda fue erigida en la actual Plaza Dos de Mayo y la primera enviada al puerto del Callao, donde nunca fue instalada. Al momento de la ocupación, un oficial chileno la pidió como trofeo del Batallón Talca. Por lo tanto, tenemos la misma estatua de la Victoria en Lima y en Talca. De ahí viene el título del cuento, “Dos Victorias”. Inventé una especie de diálogo entre estas Victorias que se han peleado y hasta se desprecian. Me pareció una buena imagen para representar la relación entre chilenos y peruanos, evidenciando aquel sustrato de que hay sentimientos sucios que subsisten hasta el día de hoy y que es necesario superar.