“Stoner”, de John Williams

Por Vodka Popota.

Al comenzar a leer este libro pensé que no ocurriría nada aparentemente destacable, solo la vida de un hombre introvertido y sin carácter que en su vida familiar deja que lo manipulen y desprecien. En su lado profesional lo ha dado todo, sufriendo las peripecias de estudiar algo que no le gusta. Poco a poco encontrará un camino que lo llevará hacia lo que ama.

Hijo de granjeros esforzados, lleva años donde se supone que debía. Estudia sin muchas ganas y sigue recorriendo un círculo vicioso donde pocas cosas se destacan. Entonces asiste a una clase de literatura que lo cambia por completo. La vida se convierte en cuento y el alma en historia.

Mientras leía Stoner sentí perplejidad por la relación que el hombre llevaba con Edith, alguien que aparentemente no lo quiere, dado que lo hace infeliz; luego nos queda la relación con su hija.

Algunos momentos me han producido mucha emoción. Por ejemplo, cuando el personaje principal decide ser profesor o cuando se compromete con la literatura. También se destaca la experiencia del amor en una doble vertiente de gozo y dolor. Hay cierto estoicismo en su vida familiar, lo que contrasta con ese carácter que demuestra en su defensa del mérito, del esfuerzo en su realidad académica y la pasión que desborda. Queda clara su devoción hacia el mundo de las letras. Stoner te cuenta absolutamente todo lo que a un hombre corriente le sucede a diario.

Los demás personajes están dotados de una gran profundidad, vinculada a los acontecimientos que les suceden. Excepcionalmente se encuentran sucesos triviales y cotidianos que complementan y forjan sus vidas. Las convenciones sociales imperantes quedan estampadas en el tiempo que les tocó nacer, para más adelante desembocar en el desasosiego del mundo experimentado tras dos guerras.

Como ya les decía, no estamos frente a un relato donde ocurran grandes cosas. Lo único que sobresale es la precisión del autor en cada una de las descripciones y el uso del lenguaje de una manera muy delicada. Conmovedora. Tanto así, que lentamente te va quitando el aliento. Y luego miras a Stoner, que se deja llevar por el tiempo, como si nada importara demasiado.

Hay una escena en la cual este personaje acude al funeral de su padre y se despide mientras deshace un trozo de tierra que cultivó durante décadas. Eso es Stoner, una obra que fascina por su intensidad y sencillez. Todo se convierte tarde o temprano en un recuerdo.

“Se sentía a veces como algún tipo de vegetal y anhelaba algo —incluso dolor— que le punzara, para devolverle a la vida”.