“La voz a ti debida”, de Pedro Salinas

Por Vodka Popota.

Para gustos están los colores, de eso se trata la poesía. El libro que les traigo en esta oportunidad fue publicado el año 1933. Es un canto que busca con dulzura al ser amado, moviéndose a ratos entre versos que nos sumergen en las profundidades de la soledad. Entendamos que este género literario debe ser medido con una vara distinta, porque nadie nos va a enseñar nada con respecto al amor mientras no lo hayamos vivido.

Pedro Salinas, un poeta nacido en Madrid en 1891, fue reconocido por sus traducciones de Marcel Proust. “La voz a ti debida” es el primer tomo de una trilogía homónima compuesta también por “Razón de amor” (1936) y “Largo lamento” (1938). En cada uno de ellos se habla del amor y el desamor, procesos que todos experimentaremos de una u otra forma a lo largo de nuestras vidas.

Algunos poemas son delicados y otros desgarradores, moviéndose entre el deseo y la desesperación. En realidad, se trata de una historia verídica que el poeta vivió junto a una profesora estadounidense llamada Katherine R. Whitmore. Durante mucho tiempo se dijo que la musa de Pedro Salinas no era real, eso hasta que la misma Katherine entregó poco antes de morir esas cartas que le habían escrito, confirmando así su idilio.

El amor platónico se dibuja como un fino hilo que nos conecta con alguien distante, desembocando en la idea de que el dolor es la última frontera a la hora de querer. Esta obra se compone de 70 poemas.

Pedro Salinas perteneció a la célebre generación del 27, un grupo literario que sucedió a los modernistas de 1898, con claras influencias europeas que situaban al arte por sobre lo político y social. Rompiendo con las temáticas del Romanticismo y Realismo, sus características más marcadas son la expresión de lo subjetivo, por lo que se destaca el uso de la metáfora y la precisión conceptual. Algunos de los artistas de este movimiento fueron Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Jorge Luis Borges. También están Las Sinsombrero, un grupo de poetisas como María Teresa León, Concha Méndez, Ernestina de Champourcín, Rosa Chacel y Josefina de la Torre. Cabe mencionar a Teresa Wilms Montt, que aunque no alcanzó a formar parte de esta corriente, se deslizó con tanta gracia y talento como esas mujeres que nos llenaron de luz.

Para algunos la poesía puede parecer una pérdida de tiempo, pero el mismo Pedro Salinas define su trabajo como “una aventura hacia lo absoluto, donde se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino: eso es todo”. Según sus propias palabras, siempre tuvo un deseo de amor tan vivo, que por eso se convirtió en poeta. Anhelaba escribir y cantar.

 


Yo no necesito tiempo
para saber cómo eres:
conocerse es el relámpago.
¿Quién te va a ti a conocer
en lo que callas, o en esas
palabras con que lo callas?

El que te busque en la vida
que estás viviendo, no sabe
mas que alusiones de ti,
pretextos donde te escondes.
Ir siguiéndote hacia atrás
en lo que tú has hecho, antes,
sumar acción con sonrisa,
años con nombres, será
ir perdiéndote. Yo no.

Te conocí en la tormenta.
Te conocí, repentina,
en ese desgarramiento
brutal de tiniebla y luz,
donde se revela el fondo
que escapa al día y la noche.

Te vi, me has visto, y ahora,
desnuda ya del equívoco,
de la historia, del pasado,
tú, amazona en la centella,
palpitante de recién
llegada sin esperarte,
eres tan antigua mía,
te conozco tan de tiempo,
que en tu amor cierro los ojos,
y camino sin errar,
a ciegas, sin pedir nada
a esa luz lenta y segura
con que se conocen letras
y formas y se echan cuentas
y se cree que se ve
quién eres tú, mi invisible.