Primarias 2017: ¿el fin de la dedocracia?

Por René Marchito.

¿Quién ganó y quién perdió luego de las elecciones primarias? Seguramente esa es la pregunta que la mayoría de los electores del país deben estar haciéndose en estos momentos tras concretarse los comicios que definieron a los candidatos de los conglomerados de Chile Vamos y el Frente Amplio.

El total de chilenos que sufragó, según las cifras entregadas por el Servicio Electoral (SERVEL), fueron 1,8 millones de personas. Un registro que superó las expectativas de los participantes, tomando en cuenta los bajos registros de la primaria anterior, la coincidencia con la final de la Copa Confederaciones y el débil desempeño de los candidatos en cuanto a debate.

Pero hay más datos: Chile Vamos consiguió cuatro veces las adhesiones del conglomerado de izquierda. De esta manera, Sebastián Piñera se impuso con comodidad en su sector y consiguió el 58%, con más de 826 mil votos, mientras que Beatriz Sánchez logró el 67%, con 221 mil adhesiones.

La primera y obvia lectura que realizaron desde la derecha es que Piñera resultó como el gran ganador de la jornada. Así al menos lo expresaron desde su comando. El propio exministro del Interior y Seguridad Pública, Andrés Chadwick, dijo que estaban contentos al superar sus propias expectativas de convocatoria, además de la respuesta y apoyo a Piñera por parte de la gente. Son cifras evidentes, las cuales por cierto ubican al exmandatario en un cómodo primer lugar, pero a partir de hoy, en el comando tienen como misión cautivar a esas 371 mil personas que votaron por Manuel José Ossandón. El senador ya lo dijo en sus declaraciones al reconocer su derrota: “no soy dueño de los votos”. Esto, sin desmedro de comprometerse a entregar su apoyo a la actual carta presidencial de Chile Vamos.

Piñera y su entorno, por su parte, deben mostrarse confiados, orgullosos y felices tras el triunfo en las primarias. No obstante, hay un importante nicho que rechaza la gestión e imagen de Piñera. Lo interesante será ver hacia dónde migrarán los votantes de Ossandón, ese 26,26% que queda en el aire. Tal vez sea hora de que Carolina Goic, candidata de la Democracia Cristiana, arrastre esas adhesiones y concrete los viejos anhelos de la falange, girando hacia el centro y desligándose definitivamente de la Nueva Mayoría. No es tan disparatado, tomando en cuenta los últimos tensos meses de relación entre el partido y los demás componentes del conglomerado, particularmente el Partido Comunista. En este sentido, el senador Ossandón tiene razón cuando dice que no es el dueño de los votos de la gente. Emulando las declaraciones de Marco Enríquez Ominami en la elección presidencial de 2009, cuando perdió ante Eduardo Frei y Sebastián Piñera, Manuel José Ossandón apuesta a las negociaciones con el comando del expresidente, pero también a seguir posicionándose como una real alternativa de la derecha para el próximo período electoral.

Por otra parte, en el Frente Amplio, Alberto Mayol se cuadra con la candidatura de Beatriz Sánchez. Lógico y anunciado, nada que nos impresione. El nuevo conglomerado ha exhibido desde su génesis la disposición a trabajar mancomunados para derrotar a la derecha. Desde Chile Vamos destacaron las cifras superiores a las del FA, casi como burlándose de los 327.513 votos alcanzados. Pero de lo que se olvida la derecha dura, esa que ve con temor cómo la idea de reestructuración del modelo comienza a ganar fuerza, es que este conglomerado nació apenas unos meses atrás y ya ha sido capaz de instalar a una candidata fuerte que, poco a poco, se acerca a Sebastián Piñera. Sin ir más lejos, la encuesta Cadem de hoy lunes 3 de julio, posiciona a la profesional por sobre Alejandro Guillier, mientras que otras encuestas apuntan hacia la misma dirección.

Al contrario de lo que han declarado en Chile Vamos, no es el Frente Amplio el gran perdedor de la jornada. Por el contrario, la Nueva Mayoría asoma como el antagonista de una historia que se comenzó a escribir desde el momento que decidió marginarse del proceso y tuvo que mirar desde la galería cómo se desarrollaban con normalidad las primarias. La NM no supo ni quiso ponerse nunca de acuerdo, por lo que en su desesperación erró en declaraciones y acciones nulas que solo demostraron esta especie de boicot al proceso eleccionario. Hicieron lo opuesto de lo que la gente quiere y viene exigiendo. Eso de evitar tomar decisiones entre cuatro paredes. Quitarle poder, en definitiva, a la mala costumbre de la dedocracia.



Categorías:Chile País Generoso

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