El ocaso de la DC

Por René Marchito

 

Hay hechos que en política la realidad supera a la ficción. Lo que ocurrió el sábado en la Junta Nacional de la Democracia Cristiana es un ejemplo claro. Es evidente que resulta absolutamente impresentable la decisión que tomó el partido en cuanto a otorgar “luz verde” a la candidatura para diputado de Ricardo Rincón, hombre que fue acusado por su ex pareja de violencia intrafamiliar en 2002. Pero eso da para una columna completa. El énfasis está puesto, en todo caso, en ese desprestigio que viene mostrando la clase política desde hace algunos años y este es un claro ejemplo de la falta de sintonía con la sociedad que queremos seguir construyendo en nuestro país.

En realidad lo que queremos analizar son las implicancias que tiene para la Democracia Cristiana todo lo que pasó con Carolina Goic el pasado fin de semana. Porque la mirada estaba puesta en eso, en la pugna de Goic para evitar a toda costa que Rincón fuese elegido como opción para disputar el cupo de diputado en Rancagua. Para la parlamentaria se había convertido en una lucha personal. Férrea defensora de los derechos de la mujer, lo había dicho varias veces: que ella se encargaría de que el acusado evitara convertirse en candidato. La decisión de la Junta Nacional de la DC, además de vergonzoso, es un claro ejemplo empírico de machismo político que sigue predominando en las viejas cúpulas de poder y, particularmente, en partidos con estructuras de la vieja política que nadie quiere presenciar.

goic 2Los hechos políticos del fin de semana simplemente vienen a ponerle voz a aquellos militantes que nunca prendieron con la candidatura de la actual Senadora. Ricardo Rincón es simplemente una excusa, apenas la punta de un iceberg que navega sin rumbo en una tormenta de conflictos mucho más profunda que recién ahora empieza a asomarse. Pasaron meses en que las distintas encuestas posicionaron a la parlamentaria con un escuálido 2% de preferencias y mucho agua pasó bajo el puente: Lagos tuvo que bajar su candidatura (casi de la misma forma desleal como ocurrió con la presidenta de la falange); la DC decidió ir en primera vuelta, restándose de las primarias; y afirmó que el partido estaba fuera de la Nueva Mayoría, entre otros hechos más.

Sumémosle a todo esto la cada vez más fría relación entre el partido y el Gobierno, los eternos conflictos con los demás partidos de la coalición, la disyuntiva frente a determinadas reformas, como el aborto y, por cierto, el desprestigio en el que entró la Democracia Cristiana que, dicho sea de paso, no es culpa de Carolina Goic, sino que de las diferentes mesas directivas que posicionaron a la colectividad en la actual crisis en la que se encuentra.

La Democracia Cristiana fue el partido más importante del siglo XX y eso es innegable, querámoslo o no: impulsor de la Reforma Agraria, del Golpe Militar, del Plebiscito del 88, de la política de los acuerdos y del desarrollo de la Concertación, el partido gozó de popularidad hasta fines de los años 90 cuando comenzó a ver su evidente conflicto de interés con algunas de las incipientes reformas que hoy ya empiezan a ser una realidad. Pero la Nueva Mayoría fue otra cosa, otra era. Y esto, desde mi punto de vista, fue el inicio de la incomodidad que la colectividad empezó a experimentar. Todo fue acumulándose hasta que la crisis reventó. Hoy somos testigos de la decadencia y el ocaso de este partido.

Los militantes vieron con recelo cómo fueron quedándose al margen de las discusiones del gran acuerdo político y cómo perdieron protagonismo en el mismo Gobierno. Ahora, seguramente entenderán que aferrarse al poder no implica aceptar conformar una gran colectividad con partidos con los que históricamente mantuvieron disputas como el Partido Comunista.

Para esos mismos militantes que nunca prendieron con Goic, era una piedra de tope en el camino, un obstáculo, una consecuencia que ubicó a la DC donde se encuentra actualmente. Rincón entonces era la excusa perfecta que necesitaban. No es que Ricardo Rincón le haya doblado la mano a Carolina Goic, sino que, por el contrario, es esa vieja forma de hacer política la que triunfó por sobre el progresismo en un partido sin identidad.

¿Cómo la falange recuperará la importancia que tuvo en años anteriores? Habrá que esperar para después de las elecciones de noviembre para intentar aventurarse a una respuesta. Por ahora, deberán seguir navegando en esta tormenta.



Categorías:Chile País Generoso, Espacio

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