El poder vitalicio del Tribunal Constitucional

Por René Marchito

Independiente de la decisión que adopte el Tribunal Constitucional sobre la necesaria ley del aborto en nuestro país, habría que darse un tiempo para analizar con detención los alcances de esta instancia constitucional. La primera reflexión tiene que ver con un tema de justicia de género. No es normal que decisiones tan esenciales e importantes y que van en directo beneficio de los derechos de las mujeres, sean discutidas por un grupo de ocho hombres y apenas dos mujeres. Sí. Un verdadero club de Toby. Porque de eso se trata finalmente este asunto. Que se sigue –en el ámbito de la despenalización del aborto– sin escuchar la voz de la mujer. En este momento, hay un grupo de hombres discutiendo un derecho fundamental para las mujeres; es el mundo al revés, como si nuestra sociedad se hubiese quedado paralizada en otra época.

Pero hay otra dimensión en este asunto, uno que tiene que ver con las raíces de nuestro sistema. Lo que está haciendo el Tribunal Constitucional es decidir si va o no va el aborto. Algo que se supone ya fue discutido en el lugar donde debió darse esa discusión: el Congreso. Ahí están los parlamentarios que elegimos para que legislen sobre este asunto.

¿De qué se trata el Tribunal Constitucional? Tiene varias atribuciones, pero la que interesa es la relativa al pronunciamiento sobre el aborto. Ahí importa la siguiente descripción: “El Tribunal también controla, en forma preventiva y facultativa, los proyectos de reforma constitucional (…) Asimismo, ejerce control preventivo y posterior de normas propias de la potestad reglamentaria (decretos y resoluciones)”. Es difícil entender cómo es posible que una votación mayoritaria en el Congreso, tras el término de la Comisión Mixta, sea puesta en tela de juicio en una instancia resolutiva a espaldas de la gente. Esto se activó porque la oposición recurrió al organismo con el propósito de hacerla fracasar declarándola inconstitucional. Es una imagen arcaica, pero cierta. Es el mismo organismo que en 2008 prohibió la entrega de la píldora del día después. Cuesta creerlo, pero aún existen entidades que deciden independiente de la voluntad amplia de la soberanía popular.

TC 2

Pero acá viene lo más asombroso de todo esto. Que sus integrantes son designados a dedo por el Presidente de turno. En el caso del último abogado que se integra y que ejercerá la presidencia de la instancia, hay que decir que fue designado directamente por Sebastián Piñera para un periodo de nueve años, a partir del 28 de agosto próximo. El futuro de la ley está prácticamente en sus manos, pero el ambiente entre quienes luchan por esos derechos es de pesimismo, considerando que Iván Aróstica debe responder a los intereses de quien lo instaló en ese puesto. Entonces no es tan alocado pensar que se trata de una institución que se encuentra a disposición de los intereses políticos de quienes los ubicaron en el puesto. Hay de todos los sectores políticos. Es por ello que se le llama “la Tercera Cámara”, porque tiene ese poder aferrado y vitalicio para revisar el funcionamiento de la Constitución que, como ya dijimos, funciona a espaldas de la mayoría popular revisando como última instancia, recurso y medida, lo que los parlamentarios no pudieron defender ni convencer en la instancia democrática, o sea en el Congreso. Es decir, estamos ablando de que aquellos parlamentarios que mostraron su oposición al proyecto tuvieron argumentos tan débiles que ahora recurren al TC como medida última medida desesperada.

Lógicamente el debate se trasladó hacia la carrera presidencial, en la que algunos candidatos han sugerido reformular la instancia. Por ejemplo, Alejandro Guillier, dijo que “la composición actual pone en riesgo la institucionalidad y no deja pensar en el país”.

Lo interesante es que el debate sobre el verdadero papel y las implicancias que tiene el TC se ha ido instalando de a poco. No habíamos tomado conciencia de lo que siempre se pone en juego en el Tribunal Constitucional. Y sus miembros lo saben bien. De alguna manera la presión que hay sobre ellos es demasiada. Es cosa de ver lo que sucedió en las afueras del edificio, en la calle Huérfanos, donde adherentes y retractores se enfrentaron con una violencia condenable. Caso aparte –y condenable, por cierto– son las agresiones a un ministro de esta instancia. Pero bueno, hay demasiado en juego con esta resolución.



Categorías:Chile País Generoso

Etiquetas:, , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: