El delirante acto de campaña en la Catedral Evangélica

Por René Marchito

Delirante. No existe otro calificativo para describir lo que ocurrió en el Te Deum evangélico. Un acto ensuciado por la imposición de “valores” y “creencias” adornado con la propaganda política más barata y sucia de la cual hemos sido testigos durante los últimos años, en el contexto de actos que supone la unión de todos los ciudadanos. La trama es la siguiente: la Presidenta Michelle Bachelet, llegó acompañada con parte de su Gabinete a la Catedral Evangélica para participar de este acto cívico que, de forma tradicional, se celebra el domingo anterior a Fiestas Patrias. El espíritu de estos actos no tiene otro objetivo que las iglesias, en este caso la protestante, eleve una oración por nuestro país en el mes de la Patria.

Pero los ánimos eran distintos y eso se notó desde que las autoridades fueron arribando al templo. Cuando la Mandataria comenzó a saludar a los presentes un séquito de alterados “fieles” desató su furia característica de barra brava gritándole “asesina” y calificándola de “vergüenza nacional”, todo esto por la reciente aprobación del aborto en tres causales, cuyo visto bueno –recordemos– entregó el Tribunal Constitucional a la normativa que venía con luz verde desde el lugar donde corresponde debatir estos tópicos: el Congreso Nacional.

Poco a poco comenzó a vislumbrarse el tono que tomaría el Te Deum y el eminente sentido político que minutos más tarde se comprobó cuando en los saludos a los asistentes el silencio y la falta de respeto con Bachelet fue el antónimo de una ovación incluida en un libreto preparado especialmente para Sebastián Piñera, quien estaba invitado en su calidad de ex Presidente y actual candidato a La Moneda. Luego vinieron las plegarias a cargo de los supuestos pastores y obispos evangélicos. “Bendice los vientres de las mujeres embarazadas. Pedimos que acojas también a los miles de niños que en el futuro serán abortados, destruidos sus cuerpos por abortistas al interior. Otros serán sacados, ahí en cesárea, nacerán vivos, pero serán eliminados”, disparó el presidente del Concilio de Iglesias Evangélicas de Valparaíso, Dino Hormaechea. El siguiente fue Donnie Swaggart, pastor norteamericano, quien tomó la palabra para hacer un llamado a votar en las próximas elecciones presidenciales de noviembre: “le pido a todo evangélico del país que ore por sus líderes, pero también les recuerdo que la Biblia nos mandó a participar en todo el proceso político y electoral”.

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Eduardo Durán Salinas, candidato a diputado RN por distrito 13 junto a Piñera.

Pero fue la intervención del pastor evangélico, Eduardo Durán Salinas, el momento más desconcertante para una jornada –a esa altura– ensuciada por el fanatismo, la falta de respeto y la intolerancia. “Hoy, movimientos minoritarios han logrado instalar una agenda que ni siquiera cuenta con el respaldo mayoritario de la ciudadanía: identidad de género, matrimonio igualitario, despenalización del aborto son sin duda leyes que no representan nuestros valores cristianos. Basta de aquellos servidores que visitan nuestros templos y que dicen defender nuestros valores y principios y que luego no sólo nos ofenden tratándonos de prejuiciosos y de intolerantes, sino que promueven leyes que van en contra de todo lo que profesamos como cristianos”, dijo, el también candidato a diputado por el distrito 13 por Renovación Nacional. Este último dato no es lanzado gratuitamente ni tampoco busca crear una discusión abanderada. Sirve como sustento para recalcar el carácter desvirtuado que adoptó el Te Deum evangélico. En efecto, fue un acto de campaña sin precedentes y de poco amistad cívica, en una reunión que supone el encuentro entre los ciudadanos en el mes de un nuevo aniversario patrio. Se esté o no de acuerdo con la Presidenta Bachelet, lo que ocurrió en la Catedral Evangélica es injustificable, porque se atenta contra la imagen y el estatuto de la máxima autoridad del país. Y parece ser más grave, considerando el llamado de unidad y paz que hacen estos mismos sectores religiosos.

Sebastian-PineraParecieran calzar las variables enumeradas y relatadas anteriormente, considerando la palestra pública que tuvo el candidato Durán Salinas, el arrastre que seguramente conllevó trasladar a numerosos adherentes de Renovación Nacional para gritar en contra de Bachelet y ovacionar a Piñera. La puesta en escena parece perfecta, un libreto sumamente aprendido y estudiado, el final calculado: un aspirante a Palacio cómodo, un punto de prensa en el que logró enfatizar su mensaje a favor de la vida (“los valores de la vida y la familia los compartimos la mayoría de Chile”, dijo al término de la liturgia) y, para coronar una jornada para el olvido, Andrés Chadwick, difundió un video de la aclamación que Piñera recibió en el Templo Evangélico, mientras que el propio candidato, en su cuenta de Twitter escribió: “Agradezco cariño recibido hoy en #TeDeumEvangélico. Comparto sus valores y principios de defensa de la vida, la familia y la solidaridad”.

Si sabemos entonces que hay 2 millones, aproximadamente, de evangélicos en Chile no resulta extraño pensar que en la retina de Piñera se reflejen 2 millones de eventuales votos que buscan instalar e imponer su mensaje intolerante. ¿De quién entonces es la culpa que se haya ensuciado tan asquerosamente este acto cívico? La respuesta está en esos 140 caracteres.