Copiar y pegar

18 de Julio del 2017/ VALPARAISO ,durante el proyecto que regula la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales. FOTO: YVO SALINAS/AGENCIAUNO

Por Patricio Sánchez Fernández

 

A propósito del escándalo surgido por el famoso copy paste que pagó el senador y actual candidato presidencial, Alejandro Guillier, producto de las asesorías –que a fin de cuentas sólo se trataron de informes plagiados– llama la atención y la sagacidad para sacar a flote este tipo de prácticas. Existen dos motivos para levantar dichas sospechas: El momento y la persona.

No creo que sea casual la investigación, tratándose de un candidato a Presidente de la República, con ciertas posibilidades de ganar. Está demostrado que en política, las elecciones no se ganan hasta que no se cuente el último voto, por lo que la oportunidad de la investigación y su publicación es, a lo menos, “sospechosa”. Podría tratarse de una vendetta por la intención de llevar al candidato Sebastián Piñera a una especie de “juicio”; como sabemos, el ex Mandatrio fue sobreseído. ¿Paranoia? No lo sé. Pero cuánto habrá de juego macabro de ambición hacia el poder, por el poder.

La elección presidencial pasada estuvo liderada por un “extraño”, un hombre que no venía de ninguna familia política tradicional, como lo fue Laurence Golborne, un candidato fijo para ganar, que destacaba precisamente por no pertenecer al círculo cerrado de la derecha más dura del país. No obstante lo anterior, logró conseguir notoriedad pública tras el caso de “Los 33” y… ¿cómo terminó esa meteórica y efervescente carrera política? De precandidato presidencial pasó a ser derrotado en la elección senatorial por Santiago Oriente, a manos de Manuel José Ossandón. ¿El motivo? Bueno, misteriosamente, se filtró que Golborne tenía dineros sin declarar en paraísos fiscales. ¿Se parece en algo a la historia del senador Guillier? Me pregunto: ¿Laurence Golborne fue o es la única persona en Chile con dinero sin declarar en el extranjero? Y respecto a Guillier… ¿es el único en la Cámara del Senado o en la de Diputados que ha contratado y pagado asesorías que terminaron siendo copy paste? No defiendo a Golborne ni a Guillier, pero me llama la atención que ambos, en su momento de precandidato presidencial, hayan sido expuestos públicamente por sus pecados ocultos.

Respecto al gasto excesivo en asesorías, es válido preguntarse por qué nuestros parlamentarios necesitan gastar tanto en ese ítem. Sería un buen comienzo exigir que el currículum de nuestros congresistas fuese más elevado. Cumplir con la mayoría de edad y una conducta intachable ante la ley no es una barrera infranqueable. ¿Qué tan competentes son nuestros Honorables?

Es necesario profesionalizar los cupos parlamentarios tanto de diputados como de senadores y cuando escribo profesionalizar, me refiero a que sea una exigencia “excluyente” que cada postulante cuente con un título profesional. Incluso si contratan asesorías, resultarían poco productivas si no cuentan con un piso mínimo de conocimiento. En la medida que hayan profesionales competentes se podrán crear comisiones con una base de conocimiento suficiente para retroalimentar a los otros integrantes de las Cámaras.

Para aquellas materias puntuales que se requiera una mayor especialización, se podrá abordar de dos maneras: contar con un staff permanente de profesionales que sea pluralista y que trabajen tanto con las comisiones, como también con los conglomerados de oposición y gobierno; y contratar servicios de asesorías esporádicos. Existen muchísimos bufetes de profesionales de primerísima calidad. Con eso podrían eliminarse, por ejemplo, “Las asesorías verbales y telepáticas” que son imposibles de comprobar.

Sobre el manejo del dinero, que en todo ámbito profesional es un tema tremendamente sensible y no ausente de escándalos, es necesario que los fondos no sean asignados individualmente a los parlamentarios por conceptos de asesorías, dado que puede provocar un “incentivo perverso” para que al final se transforme en un “bono” más que en una herramienta de ayuda en sus funciones.

¿Quién podría asegurar hoy, con total certeza, que los pagos en asesorías no terminen como retribuciones por favores políticos, un aumento indirecto de la remuneración o derechamente se trate de un medio para defraudar? Es mejor que el ítem asesorías sea manejado como una partida común y no como una asignación individual. Una alternativa viable y eficiente del gasto podría contemplar la contratación de los mejores alumnos universitarios que hayan terminado su carrera y puedan realizar su práctica en el Congreso, con una remuneración “de nivel profesional”, ya que al tener la materia más fresca, inyectarían conocimiento y savia nueva, disminuyendo los chascarros legislativos que en más de una vez, para corregirlos, se ha necesitado de “parches” por leyes mal hechas.

Además, todas las asesorías deberían contar con respaldo en papel y CD, para que se pueda subir a una plataforma común, administrada por un departamento del Estado cancelando los servicios una vez que hayan sido verificados para despejar toda duda y no estemos frente a otro trabajo plagiado.

¿Es difícil? No lo creo. Cuando cursé mi carrera de Contador Auditor, los profesores contaban con un software para detectar los trabajos fraudulentos. Si las universidades lo pueden hacer, no veo impedimento para que en ambas Cámaras se aplique el mismo criterio.

Se necesita cambiar la forma de hacer política, que vuelva a sus inicios y a su esencia. A principios de los noventa había una necesidad imperiosa de alcanzar la Democracia, de conducir al país en una dirección inequívoca. El tiempo y la inamovilidad aburguesó y transformó en millonarios a los políticos, que enarbolando hasta el cansancio la bandera de los DD.HH., se fueron perpetuando en sus puestos.

Abraham Lincoln dio un discurso en que redefinió la palabra Democracia. Dijo: “El Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Miro a nuestros parlamentarios y aprecio la distancia que existe entre ellos y la convicción de Lincoln. En nuestros senadores y diputados existe ambición, egoísmo y desidia, cuyo discurso interno parece ser: ¡Primero, para mí! ¡Segundo, para mí! ¡Tercero, para mí! Y si sobra algo… ¡También para mí!

La Democracia es muy frágil, se parece a la confianza. Cuando ésta se pierde, cuesta muchísimo recuperarla. Nosotros hemos olvidado muy pronto nuestra desgracia reciente.