Claudia Apablaza: “La presión social no mueve exactamente el deseo de ser madre”

  • La autora nacional lanza su última novela Diario de quedar embarazada (Ediciones B), un registro delirante de una mujer que deseaba quedar encinta mientras realizaba una residencia para aristas en Italia y que años después, releyendo sus escritos le cuesta identificarse .

 

Por Felipe Valdivia

Hay un momento de la novela en que Ana, la protagonista, reflexiona, piensa, acaso se arrepiente del objetivo que tenía a los 33 años: “Me leo y por momentos siento que alguien me había echado un mal. No entiendo por qué quería tener un hijo de cualquiera. Al parecer todas las mujeres en algún momento se lo plantean. Quedar embarazada de cualquiera. Ser dos personas y no tres, no saber quién es ese tercero, ese padre. Eliminarlo de la historia que le construyes a tu hijo”.

Ana escribe de forma frenética, con el tiempo corriendo en contra. Cuarenta y dos días para ser precisos, en cuyo periodo vivirá en una residencia para artistas en Italia con el propósito de entregar algún proyecto literario, sino todo será en vano. En esa misma cuenta regresiva se propone otro objetivo: quedar embarazada de cualquier hombre.

Es casi como una metáfora, como aquella clásica que dice que “el tren se te va a pasar”. Todo lo registra en un diario de vida.

Años después está casada y embarazada. Desempolva esos escritos. Y arranca: “De esos días salieron unos apuntes que estuvieron abandonados durante un buen tiempo. Los dejé guardados. Los retomo cada tanto. Los leo, los corrijo, los vuelvo a dejar. Pasaron los años y conocí a Gabriel, vivimos juntos algunos meses, luego nos casamos, a los dos meses quedé embarazada. Estar embarazada es muy distinto a lo que pensaba”.

Es la última e interesante novela de la escritora nacional Claudia Apablaza, fundadora de la prolífica editorial Los libros de la Mujer Rota y autora de novelas de culto tales como Goo y el amor, Todos piensan que soy un faquir y Siempre te creíste la Virginia Woolf. Ahora llega con Diario de quedar embarazada (Ediciones B).

Hay ironía, sufrimiento, delirio y deseos imperiosos por tener una guagua: “Ana tiene el deseo de experimentar el embarazo y la maternidad. Criar, cuidar a otro ser humano desde los inicios de su vida. Parir, sentirlo dentro, ver cómo crece, ver desde cero la formación de un ser humano, acompañarlo en esa formación”, explica la autora.

En el diario que escribe Ana –y estando en la residencia– habla constantemente del “veneno que no se quiere ir”, mientras que en su etapa de embarazo afirma: “también el embarazo está conectado con todas las enfermedades de mi vida”. ¿Cómo trabajaste esta dualidad de conceptos de vida, pero a la vez de males, enfermedades e incluso de muerte?

-Quería llevar esa dualidad a la novela. Conectar la vida y la muerte de esa forma. Llevarla a los polos más altos. Exagerarla. En realidad lo que le pasa a Ana es que está muy complicada porque no puede controlar su cuerpo en ambos momentos y ese descontrol lo relaciona con la muerte.

-Ana experimenta el miedo en ambas etapas…

-En ambos momentos fue algo muy mental, algo que se solucionó o con el parto o con ayuda médica. Creo que la protagonista tiene mucho miedo a perder el control de su cuerpo y se nota demasiado ese miedo.

-La protagonista sufre por una fuerte y constante alergia durante su embarazo quedando la sensación de que no la pasa bien al final de esa etapa. ¿Crees que aún se condena moralmente a esas mujeres que reconocen abiertamente que no fue una etapa feliz y que la pasaron mal en su embarazo?

-Los embarazos son difíciles de una u otra forma, socialmente no es algo feliz y nunca he escuchado que se condene por decirlo, al contrario, está lleno de foros y grupos de mujeres que se apoyan para llevar lo complejo que es el embarazo. Las mujeres se agotan, les sube la presión, se ponen gordas, no duermen o duermen demasiado, no pueden dormir de guata, algunas se llenan de granos, otras sufren de diabetes de embarazo, de preeclamsia, de múltiples alergias; a otras les cuesta bajar de peso, otras no pueden controlar lo que comen hasta subir hasta 30 kilos; se llenan de estrías, a otras les da vómitos, se cansan al caminar, les dan enfermedades a la pelvis, incluso algunas se ponen ciegas, etc.

-¿Pero igual es una etapa feliz?

– Lo único realmente feliz del embarazo es sentir a un ser humano dentro tuyo que comienza a vivir y a comunicarse.

-Desde tu punto de vista, ¿el embarazo de Ana fue feliz?

-Los primeros seis meses sí, no pasó nada complicado. No engordó casi nada, no se cansaba, no se sentía mal, no se sentía como describen que son las embarazadas. Luego esos últimos tres meses fueron muy complejos para la protagonista. Pero luego todo dio un giro y cambió a algo más doloroso, difícil de llevar.

 

Las dos Anas

La Ana que se encuentra en Italia es muy diferente a la que se va a vivir años después con Gabriel, se casa y tiene a L, su hija. Se muestra más reflexiva sobre las cosas que le tocó y eligió experimentar años atrás y parece entrar –al final de su embarazo– en una nueva etapa.

“Cambia bastante. Son dos Anas distintas, pero creo que también se unen en momentos. Al final, en el camino a la clínica, se encuentran ambos tipos de Anas, la del pasado y la del futuro”, subraya Apablaza.DSC_0860.JPG

-¿Pero qué tan diferentes pueden llegar a ser… es decir, cuánto cambia la protagonista con los años?

-La Ana del pasado era una mujer más sola, con más fantasmas y más radical. También es una mujer que necesitaba escribir y experimentar para escribir. La segunda Ana ya estaba experimentando algo, no estaba forjando experiencias porque la experiencia de la maternidad la estaba viviendo. La Ana del pasado necesitaba intervenir su cotidiano para armar un libro.

Releyendo los diarios, Ana reflexiona y no entiende por qué quería quedar embarazada de cualquiera. Incluso muchas veces no se reconoce. ¿Por qué crees que la protagonista estaba tan ansiosa?

-Creo que Ana quería vivir el proceso de la maternidad, tener un hijo y daba lo mismo de quién fuese. El deseo era de tenerlo, no de emparejarse, ese era otro tema distinto para ella. Estaba obsesionada con el deseo de ser madre, ver qué pasaba con eso, vivir ese proceso. Saber qué era realmente estar embarazada.

-¿Sigue influyendo la presión social sobre las mujeres para tener hijos?

-La presión social existe cada vez menos y menos mal, no creo que nadie tenga una guagua por sólo presiones sociales, sería ridículo en pleno siglo XXI. La presión social no mueve exactamente el deseo de ser madre, y si existe, creo que en esa presión no lo es de manera pura ni solitaria, está encadenada a otros condicionamientos.

-¿Qué tipos de condicionamientos?

-El deseo de experimentar el nacimiento, concebir a otro ser humano, la extrañeza del proceso y el deseo de criar. Esos deseos son más instintivos que sociales, y si hay mujeres que aún se mueven por esos condicionamientos sociales, las compadezco y espero que se pueda hacer algo por eso.

-Ligándolo al ámbito literario… ¿hay ansiedad por publicar?

-Creo que los escritores están ansiosos de escribir, con deseo de escribir, con una cierta necesidad interna; sólo los que nunca han publicado tienen esa ansiedad y no es negativa, al contrario, es culminar un proceso que es largo y dificultoso, el de escribir un libro.

 

Escribir con guagua

Claudia Apablaza está casada con Jorge Núñez, también miembro de Los libros de la Mujer Rota. Tienen una hija, Eloísa, quien ha sido testigo directa de cómo ha ido creciendo el catálogo de la editorial. Ambos trabajan ahí, en su departamento de Ñuñoa, donde han producido interesantes obras que han sido recibidos positivamente tanto por la crítica como por los lectores.

-En la novela, Ana reflexiona: “Mi vida va a cambiar más cuando ella nazca”. ¿Cuánto cambia la vida para una escritora (y un escritor) con un bebé?

-Cambia algo, pero no del todo. Eso depende de cada uno. Lo que sí cambia es que no puedes salir mucho después de las 7 de la tarde porque las guaguas a esa hora comen y se duermen tipo 8. Luego, si ya tienes ayuda, puedes retomar esas actividades. Si compartes la crianza también ayuda para que puedas salir de noche, pero creo que es lo único que veo más afectado.

-¿Y cómo se vive ese cambio?

-Compartimos el cuidado con mi marido. Pero lo demás, todo es igual. Por lo menos creo que he aprendido a hacer todo a otra velocidad, así hago todo lo que hacía antes. Me apuro mucho en todas las cosas, respondo emails, entrevistas, edito, reescribo, cocino, leo a otra velocidad y de otra forma, pero sigo haciéndolo, no lo he dejado.

-¿Algún momento de la maternidad que sea más difícil?

-Creo que los dos primeros años de madre una vive en un estado de aceleración de las cosas para lograr hacerlo todo en menos tiempo. Intento concentrarme mucho en todo lo que hago y así optimizar el tiempo para no abandonar cosas que amo hacer, como escribir, cocinar y leer.

-¿Cómo te gustaría que fuera leído Diario de quedar embarazada?

-La novela puede ser entendida como la diferencia entre la obsesión de estar embarazada y el estarlo realmente. Son dos momentos muy distintos. Lo que una se imagina lo que es el embarazo y lo que es en la realidad. Da igual si es en estado de soltería, casada, o multi-emparejada.


 

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Diario de quedar embarazada
Claudia Apablaza
Sello: B
Págs.: 227
Precio referencia: $12.000



Categorías:Entrevistas

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