Tres poemas de Camila Vásquez

La joven poetisa nacional, Camila Vásquez, comparte tres de sus poemas con nosotros.

 

Sin salida

 

Párpados de acero,

dedos quebradizos,

garganta apretada

y ojeras rojizas,

 

La decadencia se extiende por mi cuerpo;

tambaleante, mi corazón camina en mi interior,

buscando en la oscuridad

la vela y los fósforos que deben encenderme.

 

En una habitación nevada y estéril,

el hastío de mis células se hace evidente.

La inercia no es mi amiga por tiempos prolongados,

ni tampoco la restricción de recursos y acciones.

 

Ya lejos,

mi salida de emergencia puedo observar

y una sutil desesperación, trepa por mis piernas

al saber, que, días, noches y primaveras

pasarán, antes de poder concretar lo planeado.

 

Añadas viví ya, de dolor y gloria.

más años de dolor, que, de gloria, claro.

Y sé, estimados, ¡ya sé!,

que un exasperado alarido,

emergerá de sus gargantas al escuchar esto,

pero lábil soy y vulnerable me he vuelto,

pues derrumbados están

los fuertes que mi castillo protegían

(si es que alguna vez fueron construidos).

 

Y la potencia

con que este avinagrado corazón

asimila palabras, acciones y errores,

es tormentosa, caótica;

un temporal de estremecedoras magnitudes.

 

¡Oh! bendita indiferencia,

si supieras con el anhelo que miro hacia tu ventana,

mientras trabajas imperturbable,

para suertudos seres.

 

¡Oh! gloriosa apatía,

Caparazón de invertebrado,

desligamiento protector

del dolor, que una poderosa pasión provoca.

 

Espero me perdones, copioso mundo.

 

Coágulos pensantes

 

Criaturas sociales, dicen,

primitivos sobrevivientes en manada, se supone.

¿Cuál es el problema entonces?

¿Por qué mi sobre estimulado corazón, sube a mi garganta

cuando somos más de dos en la mesa?

¿Por qué mis nervios se tensan, como cuerdas de guitarra,

con un contacto visual

que, para cualquier otro humano,

sería de normal magnitud?

 

Ojos cristalinos, manos tambaleantes, frías y sudorosas.

Nauseas, ¡oh, ser supremo!

que repugnantes nauseas

escalan con ganchos y arneses

desde mi estómago, hasta mi avinagrada boca.

 

Me gustan las conversaciones,

el intercambio de ideas y pensamientos;

lógicamente, mientras más cerebros estén involucrados,

los temas son más diversos, genuinos, sólidos, cautivantes.

 

Pero no soy capaz de soportarlo,

al contacto humano, me refiero,

al calor imperfecto de la masa,

personas con cerebros individuales,

que juzgan, observan y recuerdan errores.

Coágulos pensantes, de gran poder excluyente.

 

La angustia y el dolor me agobia,

en momentos

en los que es placer de compartir experiencias,

debiera ser el reinante.

 

Pero da igual,

después de todo, también se ha dicho

que la soledad es un estado intrínseco a ser humano

y yo soy humana

tan humana como la falla.

 

 

Descomposición

 

Presión.

Paredes que se cierran

al estilo Indiana Jones.

 

Asfixia.

Ojos picantes, inflamados de azufre,

corazón palpitante,

que retumba con tal fuerza,

que, puede romper tus costillas

“TUPÚM, TUPÚM, TUPÚM”.

 

Puede ser de mármol,

de un frío escalofriante,

o quizá, de un plomo intoxicante.

Peso agotador, como el pensamiento.

 

Sofocante aridez, o humedad,

da igual,

tu asqueada garganta se cierra,

nada entra, nada sale,

ni un quejido, ni un lamento.

 

Haz el esfuerzo, inspira el ántrax

de un mundo saturado.

 

¿Nauseas? Vomita si quieres, no habrá diferencia

ya estás pútrido,

con larvas morando en tu lengua resquebrajada

y cucarachas abriéndose paso por tu fosa nasal izquierda.

 


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