El compendio

Por René Marchito

Compendio o programa de Gobierno. Propuestas de campaña, eslóganes, promesas. Da igual el concepto. A esta altura, la candidatura del pacto la Fuerza de la Mayoría liderada por el senador Alejandro Guillier, sigue dejando mucho que desear. No da el ancho. Es el protagonista de un papelón, la trama de una crónica cuyo final viene escribiéndose desde el mismo día en que no aceptó someterse a primarias. Un candidato que creyó que con frases prefabricadas tales como “justicia social”, “igualdad”, “Chile más justo” y “tolerancia” bastaba para seducir a los electores. Y ese es su principal problema: la subestimación del pueblo.

Lo del programa (o compendio) es la última gotita que faltaba para coronar una serie de desaciertos políticos que nunca supieron leer bien. Ni el candidato, ni su comando. Si había o no había programa de Gobierno importa poco en este momento, cuando faltan pocos días para la Elección Presidencial. Lo que hay que analizar es el mensaje que se le está entregando al ciudadano de a pie, aquel que deberá levantarse este 19 de noviembre para votar por alguna de las candidaturas, aquel que esperaba defender la candidatura de Guillier con el programa en la mano.

Cuando el senador dice que presentará su programa de Gobierno después del 19 de noviembre, les está diciendo a sus electores que ellos deberán votar de forma automática por un proyecto continuador o, dicho de otro modo, deberán apoyar ciegamente una maquinaria de reformas que se vienen implementando en el país durante los últimos cuatro años. Apoyar dichas reformas está bien. El problema está en la forma. Y la gran disyuntiva se encuentra en la manera displicente en que Guillier ve y se refiere a sus simpatizantes. Porque cuando asegura que lo que se encuentra disponible es un compendio, simplemente es el gran sinónimo de la subestimación que tiene por sus electores. Dicho de otro modo y en otras palabras, es que los electores son tan flojos e inútiles que no leerán un programa de Gobierno. Incluso más, peca de soberbia al tener la seguridad de que sus electores votan por su persona y no por un proyecto.

Ahora el senador asegura que presentará su programa de Gobierno haciendo frente a las críticas desde todos los sectores. ¿Acertado? Da igual. ¿Tarde? Sí. La Fuerza de la Mayoría ha venido metiéndose autogoles desde el inicio oficial de la campaña y eso lo saben bien tanto en el comando como en el propio Palacio de La Moneda. El ambiente de pesimismo ha sido el corolario en todo el proceso eleccionario. Y por cierto, el programa o el compendio es el epílogo de un libreto mal escrito y aplicado por quienes se suponía debían defender y continuar las reformas impulsadas por el actual Gobierno.

Por cierto los principales perjudicados son los propios partidos que componen el pacto de la Fuerza de la Mayoría, pero también salen trasquilados todos los electores que depositaron en él una nueva esperanza en una “renovada” forma de hacer política. Es más de lo mismo, sí; pero la diferencia está en este ninguneo indirecto (¿o directo?) a todos y todas.