Magdalena Bruna Ruiz, escritora: “La sociedad chilena es una mierda, la calle es muy dura”

  • La autora recorre diariamente distintas arterias de la capital con el propósito de vender su libro, Cuentos de Alanis, cuyas ventas, según sus registros, llegarían a 4.350 obras distribuidos en cuatro ediciones y que promete seguir aumentado.
Texto y fotos: Felipe Valdivia Medina

Hay tres cosas que la escritora Magdalena Bruna Ruiz sabe con certeza: que si algún día se hace “famosa” seguirá vendiendo sus libros en la calle; que los chilenos –como nacionalidad– somos raros; y que le da lo mismo que la tachen de “loca”, porque lo que hoy está haciendo la hace tremendamente feliz.

Estamos ante un eventual mito urbano, un personaje que sin ningún problema podría ser retratado por algún cronista dedicado a rescatar historias que regalan las calles de Santiago. Porque el día a día de esta escritora transcurre –con libros en mano– en los distintos barrios, en las diversas comunas y en casi toda la capital.

Cuentos de Alanis se llama el libro de relatos que auto-editó en 2013 y que desde ese entonces se ha dedicado a vender por diferentes barrios de la capital a un precio de 5 mil pesos.

Hasta principios de diciembre, llevaba 4.350 libros distribuidos en cuatro ediciones, los cuales han sido adquiridos por transeúntes anónimos, personas que venían saliendo del trabajo, parejas que caminaban por el parque, hombres y mujeres que esperaban a alguien y que fueron vistos por Magdalena, quien reconoce que el ojo para la venta se le ha ido agudizando con el paso de los años.IMG_6424.jpg

“Las siguientes ediciones que ido sacando han incluido correcciones que me ha recomendado la gente en la calle. La primera edición tiene 26 faltas de ortografía –reconoce riéndose–. Uno se puede equivocar. Lo entretenido de mi caso es el riesgo que tomé, ¿cachai?”.

Estamos sentados en una banquita del Parque Bustamante, la gente nos mira, porque es muy probable que más de alguna la haya reconocido. Me revela que antes de que nos juntáramos estuvo vendiendo algunos ejemplares en el sector. Obviamente esta entrevista teníamos que hacerla donde corresponde: en la calle.

–¿Cómo nace Cuentos de Alanis?

–De una forma bastante inconsciente, porque siempre escribí de manera desordenada e impulsiva. La motivación fue un concurso de cuentos que gané el 2011 (“Mi vida y mi trabajo”, organizado por la Dirección del Trabajo) en el que narro todo lo que había pasado y sufrido en Chile tras estudiar danza e intentar ejercer la carrera.

–¿Pero escribías desde antes o a partir de ese premio?

–He ido acumulando escritos en libretas de notas. Tengo 40 cuadernos de vida de 200 hojas aproximadamente, o sea, más o menos, unas 8 mil hojas desde1997. La verdad es que no me había dado cuenta de que tenía este diálogo interno que expuse en estos cuentos. Lo entretenido fue que ese premio me hizo pensar en armar un libro y lo empecé justo cuando me contratan en editorial Santillana como asistente de call center.

–Imagino que esto te motivó mucho más..

–Al contrario (ríe nuevamente). Trabajando en esa editorial ganaba muy poco y necesitaba complementar renta. Habían echado a una compañera, entonces me “ascendieron”, pero no me subieron el sueldo y cuando lo pedí me echaron. Como ya tenía los libros decidí salir a venderlos.

La aventura de salir a la calle

Magdalena Bruna es de esas personas que derrocha histrionismo. Esa soltura envidiable ha sido un punto a favor al momento de ofrecer sus libros en la calle, de manera contraria sería bastante más difícil el resultado que ha conseguido en estos años, asegura.

IMG_6429.jpgEn eso, revela, la ha ayudado la danza, que es su profesión, y también sus conocimientos de teatro: “Soy una persona que se expresa a través del cuerpo, las miradas y las palabras, trabajé en algunos musicales. Naturalmente eso me facilitó las cosas, pero también hay otro factor que es la empatía que me caracteriza”.

 

–¿Cómo fueron esas primeras veces que saliste a la calle?

–Al principio tuve muchas frustraciones, pero con el tiempo me fui dando cuenta de que es una aventura. Te diría que calza exactamente con mi personalidad. Yo iba a un sicólogo y me diagnosticó “trastorno de inadaptabilidad social laboral”. Él me dijo que cuando encontrara un trabajo adoptado a mi personalidad, ritmo, deseos y sentido de vida, me iba a empezar a mejorar de todos mis males.

–¿Qué sensación te quedó esa primera semana que saliste a vender libros?

–Me di cuenta de que el trabajo era mucho más digno, más entretenido, a veces hasta ganaba más que en un día laboral en la editorial.

–¿Ahí te decidiste a escribir seriamente?

–Entendí que la literatura podía ser otra forma de expresión, otra búsqueda, otra forma creativa, otra forma de expresión… Hasta ese momento yo escribía, pero jamás pensando que quería ser escritora. No tenía idea que me iba a dedicar a esto.

 

“Los chilenos raros”

El primer año vendió apenas 50 ejemplares; por cierto, eso la desmotivó. Pero luego empezó a perfeccionar sus técnicas de venta y la cifra fue incrementándose hasta que pudo llegar a casi 100 libros mensuales.

Pero afuera había más sorpresas. La autora reconoce que conoció a una suerte de mesías, un gurú de la calle si se quiere. Era un sopaipillero que se instalaba con su carrito en la Plaza de Maipú y que desapareció desde hace un tiempo por los trabajos viales que realizan en el sector.

Y le dijo que no se pusiera límites, que él había comenzando vendiendo 150 sopiapillas y que terminó con 600: “Nunca le pude agradecer a ese hombre, nunca más lo vi, pero desde enero vendo 200 libros mensuales, sin apuro, con dedicación y tranquilidad. Hay veces en que no vendo ningún libro, pero me voy tranquila con el enriquecimiento de escuchar a la gente. Soy una especie de asistente social”.IMG_6464.jpg

Cuentos de Alanis reúne relatos que hablan de calle, droga, delincuencia, hambre, miseria y sexo, entre otros tópicos. Ahí, Magdalena estableció el punto de partida para registrar una especie de bitácora de lo que le ha tocado vivir.

Eso en resumidas cuentas. Ese es la especie de libreto que recita cada vez que vende sus libros en algún punto de la capital: “Esta experiencia de 3 años en la calle es como una especie de contrato imaginario al cual lo titulé promotora de la cultura y el arte con comisión de ventas por libros”.

–¿Qué es lo más difícil de la calle?

–Que Chile –socialmente– es muy extraño, raro, amargado y clasista. No tenemos una personalidad común, pero sí hay reacciones de la gente que son muy duras y hay un desconocimiento del arte y la cultura que es enorme y brutal, entonces hay que enfrentar una sociedad capitalista, individualista y egoísta que te mira raro.

¿Por qué?

–La sociedad chilena es una mierda, la calle es muy dura. Además tú tienes que tener cierta llegada y empatía con la gente. A veces no vendo nada, pero me voy con historias que la gente me cuenta y ahí entiendo que necesita ser escuchada.

–¿Te han dicho “loca” alguna vez?

–Sí, pero me da lo me da lo mismo que me tachen de loca y que me señalen, porque soy inmensamente feliz haciendo este trabajo y teniendo esta vida, es casi envidiable, mucha gente me lo ha dicho así.

–¿Te han mirado feo algunos escritores cuando saben que estás vendiendo tus libros en la calle?

–Sí, también personas ligadas a la literatura han sido medios despectivos. En todo caso, muchos poetas y escritores me han querido seguir en este paso de salir a vender sus libros a sus calles y yo les digo ni se te ocurra hueón, porque es terrible (ríe).

–¿Por dónde te mueves?

–Al principio, por todo Santiago, pero lamentablemente este es un país sumamente racista y clasista que hace que la cultura esté en un espacio determinado. La lectura, en general, no está en la cultura diaria de las personas. Hay sectores de Santiago donde está concentrada la cultura.

–Pero no me queda claro… ¿te alejas o te acercas a esos sectores para vender tu libro?

–Me muevo concretamente por Mosqueto, Monjitas, José Miguel de la Barra, Merced, Lastarria, las calles chicas de ese sector. También por Bellavista y Constitución, pero siempre te encuentras con personas que no entienden lo que haces, que reaccionan asquerosamente mal. A veces me sorprende encontrar personas interesadas en la lectura en Conchalí o en Maipú. En todo lados hay de todo. Yo no debería ser un bicho raro vendiendo mis libros en Santiago, pero sí lo soy.

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Una transeúnte que compró el libro de Magdalena, en el sector de Plaza Italia.

–¿A quiénes les vendes?

–Miro a las personas y trato de analizar lo que están hablando y cómo se mueven. Es una verdadera observación de personajes y créeme que he sido casi adivina, por eso vendo tanto.

–¿Estás preparando un nuevo libro?

–Estoy buscando financiamiento para escribir esta experiencia de vender libros en la calle. Además, tengo tres libros a medio hacer.

Imagino que los venderás en la calle…

–Mira, voy a seguir vendiendo mis libros en la calle aunque sea famosa –responde riéndose a carcajadas–. Tú me puedes dar un trabajo de un millón de pesos y lo pensaría, porque me vendría como anillo al dedo, pero esto (vender libros en la calle) está ligado a mi formación valórica y mi personalidad.

“Yo considero que mi libro es bueno, porque hay un porcentaje importante de lectores que me lo ha dicho, pero también porque a mí me gusta. Que te guste tu propia obra que es muy difícil”.



Categorías:Entrevistas

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1 respuesta

  1. Bonita historia. Comparto la mirada de Magdalena sobre la sociedad chilena.

    Saludos.

    Me gusta

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