Vírgenes mortales

Por Raissa Sánchez*

La virginidad, ser virgen, las vírgenes… La virgen de Guadalupe, la virgen del Lujan, la virgen del Pilar, la virgen de Fátima… todas ellas son advocaciones de la virgen María en distintas culturas. Todas ellas comparten en común la virginidad como símbolo de pureza; cualidad de toda “buena mujer”.

Si ha existido algo que determine y categorice la identidad de las mujeres son sus relaciones sexuales, quienes desde el cristianismo y otras religiones monoteístas, se han perpetuado dicotomías y contradicciones que constituyen una encrucijada de doble moral para las mujeres. Controlar la sexualidad de las mismas ha sido motivo de obsesión y violencia. Así, una mujer será considerada decente, honesta, pura, si se mantiene casta e indiferente a sus propios deseos sexuales, mientras que existirán otras impuras, deshonestas e indecentes por vivir libremente su sexualidad.

¿Hasta cuándo las mujeres serán algo más que lo que la sociedad determine conforme su conducta sexual, su sexo, su vulva, su vagina? En últimas, nuestra especificidad.

La otra es siempre cosificada y reducida a objeto sexual; la otra es todo menos virgen, casta y merecedora de respeto. Freud, catapultó en una frase esta dicotomía de la que somos partidarias, sobre todo las mujeres: “Si aman a una mujer, no la desean y si la desean no pueden amarla. El hombre siente coartada siempre su actividad sexual por el respeto a la mujer –la de la casa– y solo desarrolla su plena potencia con objetos sexuales degradados. La otra –la puta, la que no encarna virtudes de la virgen– integra en sus fines sexuales componentes perversos que no se atreve a satisfacer con la mujer estimada”.

A las mujeres, se les valora peyorativamente conforme al historial de su vagina. Se les llama puta, perra, zorra, según el criterio generalizado que exista en la sociedad. Supongo, funciona así: si se acostó con dos, es perra. Si ya son cinco entonces es puta, si se acostó con el vecino, entonces es perra y puta. Estas descalificaciones conforme a la sexualidad de las mujeres son denigrantes y conllevan precisamente a mantenerlas en estado permanente de subordinación y control de sus cuerpos y su sexualidad.

Esta sobrevaloración compulsiva de la mujer virgen y de la virginidad, no es un tema asilado de nuestra realidad religiosa y cultural; de ahí que existan entre ambas dos elementos en común: el antropocentrismo y el patriarcado. Características de nuestra sociedad, de los machos, de algunos hombres. Si nuestra sociedad en su mayoría profesa la fe católica y además es machista, pues tenemos el caldo perfecto para considerar la mujer virgen como la manifestación sublime de la misma virgen María en la tierra. Claro que ahí también entran las niñas, las adolescentes… Nuestras pequeñas vírgenes.

La venta de la virginidad, no es sólo cuestión de proxenetas, es también cuestión de la subjetividad femenina en sí misma y de las expectativas bajo las cuales se fundamentan relaciones heterosexuales que resultan perjudiciales para las mujeres. He escuchado en varias ocasiones a chicas que inmersas bajo la lógica patriarcal se valoran así mismas por lo “difíciles” que sean con el sexo opuesto: “yo no se lo he dado, porque me estoy haciendo respetar”, “yo me estoy guardando”, “se lo tiene que ganar”… la lista es larga y penosa.

Hablaremos de igualdad cuando se les enseñe a las mujeres que el respeto hacia el cuerpo nada tiene que ver con ser una “buena mujer”, que uno respeta su cuerpo no por agradar a algún macho, sino porque tienen derecho a vivir su sexo, su sexualidad; que pueden acceder a sus deseos sexuales como personas autónomas y responsables. Que no está mal tener ganas y proceder, que lo último que serás es una perra. Sólo serás una mujer madura, empoderada y con facultades de autodeterminación. La cuestión sería escoger algo distinto a un macho.

He aquí la gran paradoja del discurso religioso del cristianismo, del catolicismo y del islam, siendo este último el más explícito. Dice así: “Quien dé su vida por Alá, será recompensado en el paraíso con 72 vírgenes con senos en forma de pera”.

La mujer en estos credos es representada como tentación sexual permanente hacia lo que los hombres –Adán– no pueden resistirse. De ahí que en el libro “Dios no es bueno”, su autor Christpher Hitchens plantee lo siguiente: “En todos los textos religiosos se aprecia un temor primitivo a que la mitad de la raza humana esté al mismo tiempo corrompida y sea impura y, no obstante, sea también una tentación para pecar, a la que es imposible resistirse. ¿Explica esto tal vez el culto histérico a la virginidad y la virgen y al pánico a la forma femenina y a las funciones reproductivas?”

 

*Raissa Sánchez nació en Colombia. Es docente, instructora de Lectura Crítica, Magíster en Comunicación y Cultura y Estudios de Género y Violencia Intrafamiliar. @RaissaSanchez.



Categorías:Columnas

Etiquetas:,

2 respuestas

  1. Buenísimo post! Pido perdón por las atrocidades con las que mi género las ha violentados a través de la historia. Me siento avergonzado nuestra historia patriarcal. Saludos.

    Me gusta

  2. Me encantó, muy filoso, magnífico.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: