La inDeCisión

Por René Marchito

Varios heridos quedaron después del triunfo de Sebastián Piñera, entre ellos políticos históricos, referentes de la nueva Mayoría, dirigentes y colectividades, aunque sin duda, uno de los partidos más afectados y damnificados fue la Democracia Cristiana que vive una de sus peores crisis. Se trata de una de las consecuencias más severas que registre la historia de la colectividad.

Pero este es el final de una crónica anunciada, la misma que he venido analizando desde hace algunos años, el mismo epílogo que estamos presenciando por estos días con una fuga masiva de militantes históricos, el punto final a una crisis que se desató por única y exclusiva responsabilidad de los propios dirigentes falangistas. La DC ha hecho –y sigue haciendo las cosas mal– amparada en forzar su espacio en el poder. Lo han hecho durante toda su historia (apoyo al Golpe en el 73, condena a la dictadura; las políticas en “la medida de lo posible”; las reformas del actual Gobierno); y lo siguen aplicando hoy, cuando discuten el alcance de un acuerdo parlamentario entre la DC, la Nueva Mayoría y el Frente Amplio, mientras que otra ala del partido negocia con representantes de Chile Vamos. Todo esto, con el propósito de alcanzar consensos con miras a la reconfiguración del Parlamento de cara al nuevo Gobierno de Piñera. La DC, la Nueva Mayoría y el Frente Amplio juntos… (¿?!). Se trata de una nueva jugada incomprensible y desesperada de algunos porfiados dirigentes que aún se aferran a un cupo de representatividad masiva y mediática, aun cuando vayan en contra de sus propios principios y valores, pero cuyas consecuencias se ven plasmadas en el momento de la discusión de reformas tan trascendentales como la Ley de Identidad de Género, por citar un ejemplo rápido.

Como telón de fondo de esta comedia teatral, la militante histórica, la líder de los díscolos del partido, la ex Ministra de Educación Mariana Aylwin, espera para este lunes 8 de enero que el Tribunal Supremo de la DC revise los descargos que realizó, luego que un grupo de militantes solicitara su expulsión tras sus afirmaciones de que “se sentía más cercana a Chile Vamos”. Recordemos que la histórico figura falangista no votó por Alejandro Guillier en segunda vuelta.

Lo de Aylwin es otro más de los papelones públicos a los que nos hemos ido acostumbrando y que la Democracia Cristiana nos regala. Es el punto seguido en el largo guión de desafortunadas actuaciones que el partido ha ido evidenciando debido a su irresoluta posición al interior de la Nueva Mayoría. Porque convengamos que esto seguirá ocurriendo si es que la Junta Nacional no define de una vez por todas la posición que adoptará el partido frente al Gobierno de Piñera y mientras no ordenen a sus dispersos militantes que han tomado posición por uno y otro bando. Nada nuevo.

La indecisión histórica del partido sobre su ambigua posición política hace mella en la actualidad. Se definen de centro, pero de igual forma decidieron integrarse al Gobierno junto al Partido Comunista, conociendo los detalles del programa del Ejecutivo y las innumerables reformas que la Presidenta Bachelet mantenía en carpeta. Se quejaron del rumbo que estaba tomando el país, de la famosa “retroexcavadora” y del nuevo sistema educacional que, poco a poco, está permitiendo la gratuidad miles y miles de estudiantes. Aylwin fue evidenciando la incomodidad que le provocaba que su partido de toda la vida estuviera involucrado en estos necesarios cambios que el país precisaba, mientras los parlamentarios de Chile Vamos hacían lo propio desde el Congreso encontrando más y más puntos en común entre lo que dice, piensa y hace Mariana Aylwin.

No es culpa de ella, sino de su partido el cual no tomó una posición más firme y clara ante su incomodidad en el Gobierno. Ahora tienen la oportunidad de desvelar la esencia centroderechista que siempre han querido ocultar y camuflar cuando participaban en los Gobiernos de la Concertación. Esas posiciones “mesuradas” eran simples luces al voleo, cuyas consecuencias hoy van quedando en evidencia cuando la colectividad aún no entrega una posición firme sobre cómo actuará como oposición a Piñera.

Desde mi punto de vista lo realmente paradójico es que sea este grupo, el Progresismo con Progreso, los que finalmente estén destruyendo al otrora partido más grande de Chile. Hoy, apenas un esbozo de lo que alguna vez fue.



Categorías:Chile País Generoso

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