Un golpe que no dolió y que permanece

Por Alanis

A veces son extrañas las cosas que suceden en la calle. Hace algunas semanas, cuando faltaban pocos días para Navidad, caminaba por la avenida Pajaritos, cruzando 5 de Abril, en la comuna de Maipú –un sector alejado del sector céntrico de Santiago– y sorpresivamente me vi envuelta entre los arreglos que se vienen haciendo en este lugar, en circunstancias muy especiales.

El año recién pasado ha sido uno en que transeúntes maipucinos han debido jugar a las adivinanzas. Por medio de su sentido de sobrevivencia (y por qué no decirleo, de la intuición) han tenido que descubrir dónde tomar la micro para llegar a su hogar y aguantar un abuso que no se nota. Ningún letrero “peatones”, hasta fines de diciembre ni tampoco alguna señalización si pasaba o no su micro por el paradero de aquí o de allá.

Durante todo este tiempo se han registrado asaltos, accidentes a gente mayor y peleas callejeras, entre ptros hechos.

Desde hace tiempo que los maipucinos estamos en una especie de abandono. Llevo 8 años en esta comuna. Puede que siempre hayan estado en ese “estado” y yo no me enteraba, hasta que me vine a vivir aquí. La gente de comunas masivas y de clase media sufre silenciosamente de estos abusos.

Un camión había cruzado Pajaritos y con su altura, cortó varios cables de alta tensión y provocó un taco de proporciones. Caminé a la vereda evitando el cable de alta tensión que se balanceaba de un lado al otro de la calle y todos, asustados, evadíamos. No había otro lugar por dónde pasar.

Se me ocurrió sacar una foto del mismo camión con un hombre arriba de éste, que manejaba como herramienta un tubo de PVC naranjo. Era extraño que con todo ese taco, la urgencia y Carabineros no llegara. Quizás había sucedido hace pocos minutos, o tal vez ni siquiera era posible que llegara cualquier automóvil o camioneta con tremendo taco. Pero a esas alturas, igualmente me extrañaba que no hubiera una dotación de urgencia, porque era peligroso y era un lugar muy público.

Seguí caminando en dirección al paradero de la 506, cuando noté que estaba lleno, llenísimo de gente. Observé también, las filas eternas de personas esperando colectivos.

Me nació la necesidad de fotografiar este triste, pero realista cuadro acomodándome justo frente a un grupo grande de personas esperando en varias filas los colectivos; también estaba a cierta distancia del camión. Quise tomar la foto, pero apareció una mujer de las que trabajan con los colectivos, gritando el recorrido que realizan éstos. Se acercó agresiva. Camión Plaza Maipú.jpg

–Oye, ¿qué te pasa hueona? ¿Qué acaso soy sapa? ¿Por qué anday sacando fotos?¿Quién te contrata conchetumadre?

Me impresionó su agresividad. Imaginé que esa mujer estaba drogada. Tenía su cuerpo delgado y ojos muy grandes. O tal vez, con su notoria delgadez, se le veía más grande o más profundos. Se movía rápido y con los hombros bajos, amachada, dura.

Contesté:

–Disculpa, no he hecho nada malo. Solo estoy sacando fotos.

–Sale conchetumadre, sapa culiá.

Me arrebató bruscamente el celular. La gente murmuró un oh generalizado. Parecía un teatro, porque se mantenían en las filas de espera y nosotros estábamos justo al frente de ellos.

–Hey, tranqui. Devuélveme el celular.

Insisto que no hacía nada malo, tal vez un poco de periodismo, nada más.

–Qué loca culiá. Sapa. Anday sapeando pa´ Carabineros.

Se acercó un compañero de ella que, al parecer, la conocía bien. Le dijo:

–A ver a ver hueoncita, suelta el celular. Devuelve el celular, loca enferma. ¡Devuélveselo!

La chica se movilizó en círculos junto a él, como que si fuera una cueca chora.

De pronto, se me acercó un poco y me lo devolvió. Se alejó regañando.

El tipo se me acercó y me dijo:

–Esta hueona está enferma, es drogadicta y alcohólica y siempre trabaja así. Le falta el respeto a la gente, pelea con nosotros y los pacos apenas si logran hacer algo con ella. Y aquí sigue metida, que es un problema.

Me di media vuelta diciéndole al tipo:

–No se preocupe. Quizás qué le tocó vivir a esa pobre mujer en su niñez.

Inesperadamente, recibí un manotazo fuerte en mi espalda.

El dolor fue fuerte, pero no tanto como el dolor emocional. La gente volvió a exclamar oh y luego empezaron a gritar: ¡Oiga, vaya a denunciarla! ¡Es una mujer violenta y peligrosa! ¡Llame a carabineros!

Agradezco que mi vida sea lo suficientemente feliz en este momento para actuar con mesura y amor. Se trata de sentimientos tan ausentes en nuestro presente, que es la  compasión. Me paré frente al público expectante en el escenario callejero y sin siquiera volver a mirar a esa mujer les dije fuerte y claro:

–Esto, esto es falta de cultura. Estas situaciones muestran el país en que nos hemos convertido ¿Qué hace cada uno de ustedes para mejorar esta sociedad? No es culpa de esa mujer llegar a estar así… a vivir de esa forma. No es culpa mía que ella se recienta cuando pienso en su dolor. Es culpa de cada uno de nosotros que estamos dispuestos a vivir en una ciudad llena de gente insatisfecha e infeliz que sigue instrucciones y no se queja, y no propone, y no denuncia. ¿Qué van a hacer ahora? ¿Quedarse ahí esperando los colectivos que no van a pasar? Al menos yo, caminaré. Nada de eso cambia, si ustedes no lo hacen. Yo soy escritora y por algo estuve aquí, para escribir algún día lo que pasó, porque estas cosas no pueden seguir ocurriendo en este país.

Caminé por la calle Pajaritos, medio cabizbaja. Aún me dolía el golpe, aunque mucho más la parte emocional que la física.

De pronto, sentí detrás de mí un gran éxodo humano que se generaba desde Plaza Maipú hacia las calles O’ Higgins y San Martín. Era bello y triste a la vez contemplar a toda esa multitud caminando tras de mí. Pero por otro lado, me generaba gusto, porque rompieron un poco su rutina de aceptación a los abusos.

Un par de jóvenes corrieron hacia mí y me pidieron mis datos para seguirme en Facebook.

–Nos encantó lo que dijiste. Esto tiene que cambiar.

–Ustedes, los jóvenes, son los que cambiarán toda esta mierda.

Y seguimos conversando y caminando.

El dolor físico desapareció, pero hay dolores que permanecen.



Categorías:Chile País Generoso

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