Malala o cómo militar a favor de los derechos de la mujer

Por Denise Griffith*

Malala Yousafzai, la joven paquistaní de 20 años que desde niña inició su propia lucha para salvaguardar el derecho de todas las niñas paquistaníes de recibir una educación apropiada.

La joven ha militado por sus derechos y los de todos los niños desde muy temprana edad. En el año 2009, con tan solo 13 años de edad, Malala empezó a escribir un blog anónimo para la BBC, en el que daba a conocer su postura respecto de cómo es la educación y la vida bajo el régimen talibán en el valle de Swat, que es la región donde ella y su familia vivían. Los talibanes son una facción político-militar fundamentalista islámica, cuya idea de sociedad está basada en interpretaciones estrictas de lo que debe ser la vida de un musulmán. Justamente “talibán” o “talebán”, que es el plural de la palabra persa “telebeh”, puede traducirse como “buscador de la verdad”. En Pakistán, se agrupan en una organización que lleva el nombre de Tehrik e Taliban Pakistan (que se traduce como movimiento talibán de Pakistán) o TTP, un grupo terrorista internacional que proclama el extremismo religioso islámico y yihadista. Los talibanes surgieron en septiembre de 1994 de las escuelas coránicas madrasas de Kandahar (Afganistán), Queta, Karachi y Lahore (Pakistán). Esta milicia estaba conformada por jóvenes de etnia pastum y religión suní, mayoritarias en Afganistán. Apoyados por los servicios secretos paquistaníes, se lanzaron a una guerra santa para poner fin al caos étnico y religioso en que había quedado Afganistán tras la retirada de las tropas del Ejército soviético. El objetivo de las milicias talibán era, por lo tanto, unificar y homogeneizar cultural y religiosamente Afganistán. Consiguieron llegar al poder gracias a que su mensaje de paz y estabilidad para superar la división del país persuadió a una población cansada de 15 años de guerra y sufrimientos. En sus éxitos militares también tuvo gran importancia el apoyo militar y financiero de Pakistán y Arabia Saudita, así como su táctica de convencer a los señores de la guerra locales en base a la necesidad de unir a todos los musulmanes de Afganistán. Desde que conquistaron Kabul, que es la capital afgana, solamente tienen la oposición de las minorías étnicas y religiosas: los uzbecos turcos, que lidera el general Dostum, los tayikos persas dirigidos por el comandante Ahmad Masud, hazaras de religión chií y lengua persa, e ismailíes, también de religión chií.

Desde que Malala empezó a hacer público su posicionamiento político a favor de la educación, la presión talibán fue en aumento hasta el punto de que la educación de las niñas de la región se vio cada vez más limitada y, en algunos casos, prohibida. Malala y su padre, el poeta Ziauddin Yousafzai, prosiguieron con sus muestras de repudio al régimen, por lo cual ambos comenzaron a recibir amenazas de muerte. Mientras tanto, la cobertura internacional que Malala tenía en los medios se volvió cada vez mayor y a su tiempo se dio a conocer su identidad como autora del blog de la BBC. Desde entonces, Malala recibió premios y condecoraciones por su labor activista, tanto a nivel nacional como internacional. En consecuencia, el 9 de octubre de 2012, Malala fue víctima —junto con otras dos jóvenes— de un atentado por parte del TTP. Después de abordar el vehículo que servía a las niñas como autobús escolar, un miliciano le disparó a Malala en repetidas ocasiones con una pistola. Los disparos le impactaron en el cráneo, el cuello y el hombro, por lo cual debió ser intervenida quirúrgicamente. Luego de recuperarse, Malala prosiguió en la lucha por el derecho a la educación en su país; tanto ella como su padre viven amenazados de muerte por el régimen talibán.

Gracias a la repercusión a nivel mundial de este hecho clave y del reciente discurso de Malala ante la asamblea de las Naciones Unidas al recibir ella y el joven indio Kailash Satyarthi el Premio Nobel de la Paz, entré en conocimiento de la gravedad de la situación que viven los niños, y en especial las niñas, de Pakistán y de varios países de Medio Oriente en relación con la vulneración del derecho a la educación y la consiguiente vulneración de otros derechos (los enumerados por Malala en su discurso).Malala 2.jpg

Se estima que en Pakistán más de 3,3 millones de pequeñas menores de 9 años son excluidas del sistema formal de educación. Según la publicación digital estadounidense The Daily Beast, en la provincia paquistaní de donde proviene Malala, de los 700.000 niños que no reciben educación, 600.000 son niñas, a quienes se les seguirá negando el derecho a la educación mientras no se les proporcionen los recursos y la seguridad para asistir a clase. De acuerdo con la organización Humanium, en Pakistán solo un 71% de los alumnos están matriculados en la escuela primaria. Esto significa que 23 millones de niños se ven privados de la educación. Además, la tasa de asistencia a la escuela es mayor entre los niños que en las niñas, como lo reflejan las estadísticas de la UNESCO. También UNICEF lo afirma, ya que según sus datos la tasa de alfabetización de jóvenes (15-24 años) es del 79,1 % para los hombres y del 61,5 % para las mujeres, una marcada diferencia entre los géneros.

Si bien esta situación no se reduce a una discriminación sexista, es cierto que, para la cultura talibán, el lugar de la mujer se reduce a vivir casi ocultas dentro de las casas, a no poder salir solas a la calle, a transitar toda su vida con atuendos que las tapan casi por completo (rostro y cuerpo) y, a partir de los 18 años, entre otras cosas, a procrear. En varios países islámicos, el futuro de estas niñas cuyo derecho a la educación se ve vulnerado se resume en prácticas y amenazas entre las que se incluyen la mutilación y el asesinato de las mujeres infieles (y en algunos casos, de las mujeres sospechadas de haber incurrido en adulterio, sin siquiera una confirmación de tal sospecha), la mutilación genital y la obligación a usar el burka, una vestimenta que, si bien es símbolo de una religión y como tal es respetable, también es un símbolo de pureza, castidad, obediencia y, en la mayoría de los casos, sometimiento.

A pesar de la prohibición de participar en política, existen hoy varios movimientos de mujeres musulmanas que claman por sus derechos, entre las cuales se ubica Malala Yousafzai. Si bien existen nuevas leyes que permiten a las niñas ejercer su derecho a recibir educación y protegen a las mujeres de atrocidades como las mencionadas con anterioridad, la realidad predominante indica un rol pasivo del Estado ante los grupos extremistas e incluso ante las ideas predominantes dentro de la sociedad islámica de Medio Oriente.

De acuerdo con un documento de la Organización de las Naciones Unidas sobre la educación, la ciencia y la cultura, la alfabetización es un medio esencial para el aprendizaje inicial y, a lo largo de toda la vida, es un parámetro clave del desarrollo y un indicador crucial del bienestar humano. La alfabetización forma parte de desarrollar el pleno potencial de la persona, de aprender para el desarrollo y el cambio, de facilitar la comunicación dentro y entre las culturas, de participar en las oportunidades sociales y económicas. La adquisición de alfabetización a nivel local y su uso pertinente amplía el horizonte al nivel mundial. Donde el conocimiento y el procesamiento de información se transforman cada vez más en los medios de movilidad social y progreso económico, el aprendizaje a lo largo de toda la vida representa la norma y la alfabetización, la clave. De manera que no es aceptable que prácticamente uno de cada cinco adultos aún no pueda leer ni escribir y que millones más no tengan el nivel de alfabetización adecuado para satisfacer las necesidades impuestas por el empleo y por la vida.

Malala 3Luego de este análisis, la gran pregunta es: ¿por qué este tipo de situaciones de vulneración de derechos suceden en la sociedad? Malala, en su discurso, plantea que “el Islam es una religión de paz, humanidad y fraternidad”. En concordancia con esta declaración, la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (ARMA), surgida en otro país islámico, condena a los talibanes por su maltrato sistemático de las mujeres y afirma en su página web: “Todos ellos abusan del Islam, interpretan el Corán según sus antojos e intereses políticos y usan la religión como una cortina de humo para ocultar sus atroces crímenes”. En su discurso, Malala también aclara que la religión islámica es una religión de paz, por lo tanto se debería tener en cuenta que todas las vulneraciones y violaciones a los derechos de los niños y las mujeres islámicas son también violaciones a la propia religión.

Hoy en día, aunque no hay demasiada información nueva circulando acerca de la vida de Malala (los medios parecen haberse olvidado de ella), se sabe que sigue estudiando y cursará la licenciatura de Filosofía, Política y Económicas en la Universidad de Oxford, probablemente para seguir haciendo un mundo mejor.

 

*Denise Griffith nació en Buenos Aires, Argentina. Es poeta y escritora y actualmente estudia traductorado y profesorado de inglés y también dedica su tiempo a dar clases a diferentes edades



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