El Papa en Chile

Por René Marchito

La visita del Papa Francisco a Chile trae consigo una serie de notas al pie de página que han ido cobrando mayor relevancia a medida que se acerca la fecha de su arribo al país. En primer término, el contexto del Chile de hoy es distinto al de la década de los ochenta, cuando aún estábamos en plena dictadura. En ese entonces, la religión católica –o más bien, la iglesia y algunos sacerdotes– era muchísimo más influyente y comprometida con los dolores y problemas del pueblo. No hay que olvidar la Vicaría de la Solidaridad y la acción de muchos curas que lucharon contra la tiranía y el poder de los agentes del Estado, pero tampoco podemos obviar la complicidad de una parte del sacerdocio que se hacían los indiferentes con lo que pasaba frente a su narices. En ese contexto, el Papa Juan Pablo II concretó su visita a distintas ciudades del país en una clara intención del régimen de lavar su imagen a nivel internacional (no olvidar el balcón de La Moneda hacia la Plaza de la Constitución).

En segundo plano, habría que mencionar que Francisco nunca logró encender en un 100% el ánimo al pueblo chileno. Desde que anunció que venía a nuestra nación, los chilenos siguieron indiferentes las pocas informaciones y datos que se conocían sobre su paso por Chile. Había cosas más importantes de qué preocuparse como por ejemplo la aprobación del proyecto de las tres causales de aborto, el proyecto de la Ley de Identidad de Género, la reforma para aumentar las miserables pensiones y, por cierto, las trascendentales elecciones presidenciales. Punto aparte, la final de la Copa Confederaciones.

Al menos hasta noviembre –y me atrevería a decir que hasta después de la segunda vuelta presidencial– el Papa Francisco estaba abajo en la lista de prioridades nacionales, salvo obviamente de la del propio comité organizador. Cuando se dieron a conocer definitivamente las ciudades en las que estaría presente (Iquique, Santiago y Temuco), surgieron innumerables reacciones. Tres ciudades escogidas –se supone– por su relevancia, simbolismo y problemáticas que arrastran. Sin duda, la atención está puesta en la Región de la Araucanía. El impacto del conflicto entre la deuda que mantiene el Estado con la nación Mapuche será el telón del fondo que recibirá a la máxima autoridad católica, pero también el enorme contingente policial “esperando” que pase lo peor. Los antecedentes de los días previos no son alentadores en este sentido. Una serie de ataques con pancartas advirtiendo que el Papa no es bienvenido y tres artefactos explosivos en el mismo número de iglesias capitalinas, permiten aventurar el ambiente de tensión que deberá enfrentar Francisco. A esto, debemos sumarle la serie de ataques a templos católicos y evangélicos en distintas comunas de la Araucanía como una medida de presión y protesta al escaso interés e involucramiento por parte de la iglesia por tratar de descomprimir el conflicto o más bien, a los oídos sordos que ha hecho durante el último tiempo. Porque da la impresión que la iglesia bajara los brazos. Si bien es cierto que hubo intentos anteriores por intentar acercar posiciones, con el paso del tiempo se ha notado una inquietante indiferencia de la iglesia en sostener el diálogo entre mapuche y chilenos.

Pero hay más. Una serie de encuestas elaboradas por Cadem revelan datos desfavorables para la máxima autoridad católica. Evaluaciones tales como la imagen positiva de la imagen del Papa o el financiamiento de su visita han alimentado la oposición e indiferencia de su presencia en nuestro país. Sabemos bien que los sondeos han estado en tela de juicio durante los últimos meses, pero no debemos obviar estos datos, considerando el dilatado distanciamiento entre fieles e iglesia, el cual se ha ido incrementando a nivel mundial. Los casos de abusos sexuales, encubrimiento e investigaciones institucionales; las opiniones del propio Papa desacreditando las manifestaciones de un grupo de laicos de Osorno en contra del Obispo Juan Barros por encubrir los abusos de Karadima; y la nula acción penal en contra de estos abusadores, terminaron incidiendo en el ambiente desalentador para quienes buscan justicia.

A todo lo anterior debemos sumar otro punto: los costos económicos que conlleva para el Estado la venida del Sumo Pontífice. Los innumerables operativos policiales desplegados en las tres ciudades más los recursos logísticos; los vehículos adquiridos para la movilización de la delegación del Vaticano; el feriado regional que implica la suspensión de una serie de servicios programados; los cortes de tránsito; y un largo etcétera de alteraciones al normal funcionamiento de la ciudad, engloban a una población indiferente e incrédula al mensaje del Papa.

Con todo, el respeto a la venida del Papa por cierto que tiene que ser la consigna de estos días (absolutamente condenable la violencia en todo tipo de manifestación), pero no debemos olvidar que se trata del líder del catolicismo, la religión por preferencia dominante a nivel mundial que ha mostrado importantes signos de debilitamiento por los múltiples factores que expusimos anteriormente. En este sentido, el Sumo Pontífice deberá poner mayor esfuerzo y acento en sus palabras de condena de abusos y renovación de la iglesia para despertar el interés de, al menos, esta parte del mundo.



Categorías:Chile País Generoso

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1 respuesta

  1. Sin duda la visita del papa es la confirmación del temor que siente el Vaticano de perder su influencia en la región. Un intento de revertir la cada vez más creciente secularización de nuestro país que puede ser seguida por otros que nos ven como modelo de desarrollo a seguir. Pareciera ser que la importancia que la ciudadanía le da a los delitos cometidos por parte de personas de la Iglesia no logrará opacar la finalidad de la visita, pues el énfasis estará puesto en reencantar y animar la fe de los fieles, más que en hacer una inspección administrativa concreta a las instituciones eclesiásticas. En este sentido, el Vaticano apuesta por mantener la fe y no por hacer visible un cambio de sus prácticas institucionales que, a los ojos de todos, siguen tal cual.

    Saludos.

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