El Ego

Por Pedro Guerra*

En general los seres humanos nos identificamos completamente con la voz de nuestra conciencia, con pensamientos involuntarios y a veces compulsivos en compañía de las emociones. Podríamos decir que estamos poseídos por la imaginación. Permanecemos completamente ajenos a esa situación y creeremos que somos pensadores. Esa es la imaginación egotista o vanidosa. Llamémosla “egotista” porque hay una sensación de ser, de yo, de ego en cada pensamien­to, en cada reminiscencia, comentario, dictamen, punto de vista, rebeldía e impresión. Hablando desde lo espiritual hablamos de inconsciencia.

Nuestro pensamiento, el contenido de lo que pensamos, está condicionado por nuestro tiempo pretérito: nuestra formación, nuestra instrucción, nuestra historia familiar, todas nuestras vivencias personales. La condición o esencia de toda nuestra agilidad mental consta del conjunto de ideologías, inquietudes, así como los patrones de reacción repetitiva que es persistente y con las que nos identificamos normalmente también creemos que es parte de nuestra personalidad.

Frecuentemente, cuando decimos “yo”, es el ego quien se expresa. El ego se constituye de ideología y cierto grado de trastorno, es como un saquito de recuerdos que identifica­mos con “el yo y mi historia”, de ciertos papeles que representamos habi­tualmente sin saberlo (juegos y roles psicológicos inconscientes), de identidad colectiva tal como la identidad nacional, una religión, la clase o estirpe social o el fichaje político.

También contiene personalizaciones individuales, no solamente con lo material sino además con las opiniones, la apariencia externa (personalidad), las animadversiones acumuladas o de creernos seres superio­res o inferiores a los demás, de ser exitosos o unos fracasados.

El ego y su contenido varían entre las personas, sin perjuicio que operativamente mantiene similar organización. Los egos son disímiles sólo en lo externo, ya que de base son iguales. ¿Por qué iguales? Existen de la individualización y la dispersión. Cuando vivimos a través del “ser” nacido de la imaginación, que se constituye por las reflexiones y emociones, la base de nuestra conciencia es precaria porque las reflexiones y las emociones son efímeras, transitorias. Por lo tanto, cuando el ego prima: ¿somos seres pensantes o ignorantes la inmensa capacidad de nuestra conciencia de despertar de ese sueño y volver a la realidad de lo que realmente somos? Para pensar.

 

Pedro Guerra* es Investigador y observador de simbología y filosofía universal. Dedica su tiempo al conocimiento interior en temas no religiosos especialmente lo trascendente hombre/universo desde una mirada laica y universalista.



Categorías:Espacio Abierto

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2 respuestas

  1. Estimado Pedro, cada ser posee innumerables egos, estos tienen origen en los llamados pecados capitales, los egos más perniciosos para la salud espiritual del hombre son los que están al amparo de la lujuria, después le siguen los egos de la envidia y así sucesivamente. La tarea es aprender a controlar los egos, no se eliminan se controlan de forma consciente. Es una larga tarea que requiere aprender muchas técnicas, como la meditación

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  2. Interesante, concluyó que los egos de los seres humanos afloran l exterior dependiendo la circunstancia y el entorno, además de la meditación, considero que practicar el libre albedrío es una manera de controlar dichos egos.
    “Pensar antes de actuar”, ayuda a mejorar el comportamiento y manejar los impulsos.

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