Parra el inmortal

Se apaga la existencia terrenal de Nicanor. Se pone fin a su paso por la tierra, porque su voz y letras perdurarán –seguramente– de forma perpetua. Nicanor Parra Sandoval, el antipoeta, cuya obra seguirá penetrando fuertemente en la literatura hispanoamericana; Premio Nacional de Literatura; Premio Miguel de Cervantes, entre otras distinciones; candidato eterno al Premio Nobel de Literatura, autor de una de las bibliografias literarias más importantes y esenciales para la historia universal; Parra, el ícono vivo de la familia de artistas y cultores populares de nuestro país, su importancia radica precisamente en eso, en el nivel de rupturismo e irreverencia que llegó a quebrar a la academia mundial.

Lo dijo en alguna oportunidad: “Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa”. Parra sabía el nivel de impacto que causaba su obra; tenía conciencia de la influencia que ejerció sobre nuevas generaciones de escritores y poetas no sólo en nuestro país, sino que en todo el orbe. Su personalidad inquieta, inquisitiva, curiosa lo llevó, por cierto, a buscar nuevas fórmulas, renovados estilos, lenguajes que siempre estuvieron al borde del límite: hasta que apareció la antipoesía. Y no se detuvo más. Y no lo pararon más. Y nadie lo acallará jamás.

Su primer libro publicado, “Cancionero sin nombre” (1935), incluyó la figura métrica del romance, el desarrollo narrativo de los poemas y el hablante poético como personaje de los versos. Luego, en 1954, publicó “Poemas y antipoemas”, obra que marcó un antes y un después en la literatura nacional, peor también a nivel internacional. Nadie lo podía creer. En ese conjunto de versos propuso reflexiones repletas de ironías con un lenguaje cotidiano, directo y con un ritmo que se adaptó a las circunstancias de la actualidad de ese entonces. Parra, el impulsor de una poesía al servicio de los lectores y al alcance del lector de calle, aquel que veía a la poesía como un juego elitista inalcanzable.

Siguió publicando y perfeccionando su tecnica. Le siguió la “Cueca larga” (1958), en la cual Parra ofreció otra de las fuentes de inspiración: los festivos ritmos populares chilenos que parodia con destreza.

El Parra prolífico –con su modelo de antipoesía ya consolidado– se despliega a nivel mundial con las obras que seguirá publicando y que cada vez serán mejor recibidas por la crítica y los lectores. “Versos de salón” (1962); “Canciones rusas” (1967); “Obra gruesa” (1969); “Artefactos” (1972); “Sermones y prédicas del Cristo de Elqui” (1977); “Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui” (1979); “Chistes para desorientar a la poesía: Chistes parra desorientar a la policía” (1983); “Coplas de Navidad” (1983); “Poesía política” (1983); y “Hojas de Parra” (1985), conforman –paradójicamente– la obra gruesa y esencial del antipoeta que con el paso de los años fue evolucionando y replicado por otros artistas.

Su importancia radica no solamente en su nombre, su figura y su irreverente e ironica actitud, sino que en el elemento inspirador de una obra rupturista que instaló el nombre de la antipioesía en lo más alto de la cúspide literaria. Es un lujo tener a Parra entre nosotros. Porque Parra es inmortal. Costará mucho hablar de Parra en pasado… su voz será imposible de apagar.

Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, sueco, ruso, checo, finlandés y portugués, mientras que entre sus traductores anglohablantes figuran reconocidos escritores estadounidenses tales como Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, William Carlos Williams, Thomas Merton, Denise Levertov y W.S. Merwin, entre otros.

En 2014 una serie de actividades sirvieron para celebrar sus 100 años de vida con festejos para cada uno de los gustos. Hubo una exposición fotográfica con material inédito en el Centro Cultural GAM, y en la biblioteca que lleva su nombre, de la UDP, se abrió la exposición Voy & Vuelvo, que reúne su trabajo visual.

Las autoridades de Gobierno, en tanto, realizaron el inédito llamado de una lectura simultanea de “El hombre imaginario”, uno de los poemas más emblemáticos de Parra.

Y el día del centenario, el viernes 5 de septiembre, en la calle de su casa de Las Cruces, se instaló una feria con puestos de comida y artesanía instalados por la municipalidad.

Se ofrecieron 100 pies de cuecas en su honor, se hizo una asado de cordero, que Parra degustó junto a papas cocida y pebre. Un año más tarde, con 101 años, el antipoeta se preguntaba: “¿Que cuántos años más? El respetable público dirá”.



Categorías:Letras informativas

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