Carolina Navarrete González, académica: “Las cartas fueron una herramienta de liberación para las mujeres”

  • La Doctora en Literatura publica Las afecciones de la carta (editorial Cuarto Propio), cuya investigación escarba sobre el contenido epistolar que Sor Josefa, en el siglo XVIII; y Carmen Arriagada, en el XIX, sostuvieron con dos actores fundamentales en sus vidas. En ellas, anotaron dolor, injusticias, sufrimientos y la censura inherente de una sociedad patriarcal.

 

Texto y fotos por Felipe Valdivia Medina

A comienzos de 2018 Carolina Navarrete González regresó a Chile después de ocho años. Estuvo en Vancouver, Canadá cursando un postdoctorado en literatura y ejerciendo como investigadora y docente de Lengua Española y de Literatura Chilena y Latinoamericana en algunas universidades del país norteamericano.

De regreso, se encontró con una sociedad cambiada, más revolucionada y mucho más consciente de sus derechos. Desde lejos vio cómo explotaron los movimientos feministas que, durante los últimos años, han logrado visibilizar el problema de abuso e inequidad de género.

Incluso, cuenta como anécdota, Chile es visto en el exterior como el país más consolidado y robusto de Latinoamérica, pese a que acá, en el día a día, se siga luchando por esa anhelada igualdad, derechos básicos, respeto, tolerancia y más oportunidades para las mujeres.

Carolina Navarrete está intentando ponerse al día con las numerosas autoras que durante el último lustro han publicado novelas, cuentos, ensayos y estudios que registran el justo lugar que han ido ganando en la sociedad chilena que se ha caracterizado por siglos por su esencia machista.

“Veo más denuncia y eso me gusta. Siento que las mujeres tienen mucha más voz que antes, son más protagonistas de lo que está ocurriendo en el ámbito público y político y ojalá que eso siga creciendo, pero en cuanto a la equidad de salario y de oportunidades es algo urgente que hay que remediar”, enfatiza la académica.

De alguna manera Las afecciones de la carta: sujeto doliente y resistencia en la escritura epistolar de mujeres en Chile en los siglos XVIII y XIX (editorial Cuarto Propio), ensayo que publicó recientemente, se trata sobre eso. De derechos y visibilidad del género femenino.

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Hay que retroceder y bastante. A dichos siglos, cuando las mujeres encontraron un eficaz método de desahogo en la sociedad patriarcal. Era una simple, aunque poderosa y eficaz herramienta: cartas.

Navarrete les da voz a dos protagonistas algo olvidadas por la academia: Sor Josefa de los Dolores Peña y Lillo y Carmen Arriagada, mujeres que practicaron el género epistolar, con el propósito de registrar y anotar el contexto histórico en el que se desenvolvían. Eran tiempos en que el mundo giraba para y por los hombres.

–En las cartas escritas tanto por Sor Josefa como por Arriagada quedan en evidencia algunas de las problemáticas de la época que afectaban a las mujeres. ¿A qué disyuntivas debieron enfrentarse?

–Una de las principales es la autocensura. Estamos hablando de una mujer aristocrática, en el caso de Arriagada, casada con un militar alemán y que le escribe cartas a Mauricio Rugendas, con esa ambigüedad si es amistad o algo más y que si es descubierta podía estar trasgrediendo el matrimonio en el contexto de una sociedad del siglo XIX muy conservadora. En cuanto a la monja, el tema del secreto, debido a la estrecha relación que establece con su confesor, el padre jesuita Manuel Álvarez, lo cual genera tensiones.

–¿Tensiones en la Iglesia Católica?

–Ella va cambiando esta dinámica y se va convirtiendo en quien da el consuelo al padre y eso es problemático. El resto de las monjas le hicieron la vida imposible, sentían que hablaban de ella sobre esta relación que tenía con el confesor.

–¿Tiene que ver un poco con la sociedad patriarcal que todo lo relativizaba a que la mujer o era religiosa o debía casarse y dedicarse a labores domésticas?

–Influye claramente, pero a la vez siento que esta sociedad patriarcal es la que las impulsa a rebelarse a través de las letras, la carta, los textos y la escritura.

 

Escribir desde el dolor

Sor Josefa en el siglo XVIII; Carmen Arriagada, en el XIX. Las problemáticas a las cuales estaban expuestas eran las mismas. Hablamos de un tipo de comportamiento social acostumbrado que había con la mujer.

En sus misivas registraban el dolor, el sufrimiento y las penas que vivían diariamente: “Las injusticias son casi las mismas, aunque ahora la mujer ha conseguido mas protagonismo y espacio; en todo caso, yo no creo en eso que no existen diferencias entre hombres y mujeres y que la mujer es libre. No creo que eso se haya superado”.

–En el prólogo te cuestionas lo siguiente: “¿Hay en el ejercicio escritural de la carta algún elemento liberador de los estados aflictivos de estas mujeres?” ¿Cuál crees que es la urgencia que tienen estos personajes por escribir?

–Son mujeres afectadas por la injusticia de la sociedad patriarcal y ese sufrimiento fue un elemento que encontré inmediatamente cuando las leí y me pregunté de dónde viene ese elemento tan sufriente. En el caso de la monja, depende completamente del hombre para poder estar tranquila, él es la autoridad, el que sabe y guía. En Arriagada, también hay dependencia, pero deriva en liberación, porque Rugendas deja de enviarle cartas y ella le sigue escribiendo.

Carmen Arriagada

Carmen Arriagada

­–¿Por qué sigue escribiéndole?

–Rugendas es un pretexto, ella necesita escribir y requiere de un referente. Era una mujer que estaba completamente enamorada de Rugendas, entonces siempre me pregunté por qué no se arrancaron juntos a Europa, pero ella tenía una imagen que cuidar y proteger y es en las cartas donde se puede ver esa liberación. Sobre todo en el tópico de la muerte, cuando dice en innumerables ocasiones que sólo eso puede hacer realidad el sueño de estar juntos.

–Las religiosas de conventos del período colonial escribían mucho para reforzar la fe y por mandato confesional, pero también anotaban insatisfacciones. ¿En el caso de Sor Josefa, cuáles eran esas inquietudes, contra qué quería rebelarse?

–Más que rebelarse era denunciar este trato injusto de las otras monjas, porque la culpaban de cosas que ella no hacía o tenían sospechas de algunas prácticas. Era una lucha interna que tenía en el convento con las otras religiosas. En las cartas que leí se sentía muy aislada y solitaria, entonces eso explica esa relación afectiva con el confesor que sugiere una cierta ambigüedad, no podría asegurar si sea más que confesor.

–¿Qué otras cosas descubriste leyendo las cartas?

–Me di cuenta de la jerarquía. Ella no era una persona de alcurnia, por lo tanto se le ponía el velo blanco que indicaba que no tenía mucho dinero, entonces hacía de “empleada” de las otras monjas que sí tenían recursos. Además, tiene un conflicto interno que no la dejaba tranquila. Hay muchas descripciones de martirio corporal que tiene que ver con la imitación de Jesús en la cruz, cosas reveladoras.

–¿Este martirio corporal que mencionas es por algo en particular?

–No es en código romántico, sino que en uno místico: la muerte le va a permitir casarse con Dios. La muerte juega un papel importante para configurar un sino del destino que está en contra, pero es una construcción discursiva del sujeto.

–¿Sor Josefa estaba consciente de las injusticias sociales, de la sociedad patriarcal?

–Estaba muy consciente, de hecho en algunas cartas se declara defensora de los jesuitas y encuentra que es una injustica que los hayan expulsado, se declara en contra del Rey de España, Carlos III, entonces es bien atrevida para ser una monja.

Sor Josefa

Sor Josefa en el convento.

–¿Sus superioras y la Iglesia ven cierto peligro en ella?

–Sor Josefa empezó a crear una fama clandestina. Distintas autoridades la visitaban para consultarle sobre ciertos temas, porque se supone que era visionaria, tenía la capacidad de ver qué iba a pasar en el futuro. Si era un peligro, no sé, pero me gusta que salgan estas cartas a la luz porque es una forma de saber un poco más sobre cómo es la vida conventual dentro de un claustro.

–¿En el caso de Carmen Arriagada, cómo fue vista por la sociedad y por los hombres, considerando que era organizadora de tertulias artísticas y culturales?

–Pienso en opiniones de hombres, como por ejemplo, los viajeros europeos que en algunas crónicas y diarios de viaje declaraban que Arriagada era la mujer más culta de Chile y la elevaban por su conocimiento de los idiomas, y su activa participación en la vida social de Talca, pero ella no encuentra un referente que esté a su altura, entonces Rugendas llena este vacío. En cuanto a la opinión de los hombres, tenemos al marido, absolutamente censor, hombre de carácter fuerte y militar.

–Pero este hombre seguramente se sintió amenazado con esta mujer desarrollada intelectualmente…

–Es muy probable… es una buena pregunta. No sé si tengo fresco algún testimonio que pueda acreditarlo, pero lo que yo pude percibir en las cartas es que se sentía encerrada, incomprendida, amenazada y violentada con el trato de su marido. Muchas veces dice que él la hacía callar delante de los demás cuando intentaba hablar en términos más intelectuales.

 

Herramienta de liberación

Tanto Sor Josefa como Carmen Arriagada exigieron expresamente a sus remitentes que las cartas escritas fueran quemadas. Contrariamente a lo que se pudiera pensar no querían que quedara registro, aunque en esa época existe una imperiosa necesidad por leer y escribir cartas.

En el presente, Carolina Navarrete se tomó ocho años para investigar acabadamente el contenido literario disponible de mujeres en siglos anteriores, pero reconoce que el registro histórico de subjetividad femenina es muy escaso.

“Entré a las cartas, porque estaba tratando de rastrear las primeras escrituras femeninas en Chile y descubrí que fueron una herramienta de liberación para las mujeres”, asegura.

–¿Y hoy, cómo ves el panorama en nuestro país tanto en el ámbito literario como en lo social?

–Creo que todavía hay resabios de machismo de la sociedad patriarcal en muchos aspectos, entonces a mí me sirvió mucho hacer este estudio para darme cuenta desde dónde vinimos, cómo somos las mujeres chilenas, cómo nos configuramos y cuáles son nuestros miedos.

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“Todavía hay resabios de machismo de la sociedad patriarcal”.

–¿Por qué es necesario rescatar y reivindicar la carta como género literario en pleno siglo XXI?

–Es un gesto necesario –y vintage– porque la carta es una herramienta de comunicación con el otro, pero también con uno mismo, porque genera un sujeto más critico. Es un espacio de reflexión y auto-reflexión, de autoconocimiento en una sociedad en que todo es muy rápido, en que estamos en la instantaneidad de los mensajes.

–¿Y en tiempos en que todo es instantáneo, es posible rescatar la carta?

–Los medios de comunicación surgen de acuerdo a las necesidades de los tiempos. Pienso que hoy se escribe más que nunca con el Whatsapp, los mensajes de texto, el Facebook, el mail, pero podríamos rescatar ese cuidado estético.

–¿A qué te refieres?

–Ahora la ortografía da lo mismo, se escribe como se escucha. Está bien la rapidez, pero la preocupación por el lenguaje no debería perderse, porque es un gesto de respeto hacia el otro, la sociedad y que también habla de crecer un poco más en educación.

–¿Tú escribes cartas?

–(Se ríe durante varios segundos). Escribo y me las guardo. Tengo una relación muy cercana con mi abuela que ya falleció, pero para mí sigue conmigo, muchas veces cuando los afectos me abruman, le escribo una carta. Es una manera terapéutica, que es lo que planteo en el libro. Para las mujeres las cartas han sido una herramienta de liberación.


 

“Me interesa trabajar con Gabriela y Violeta desde las cartas”

–¿Además de Sor Josefa y Carmen Arriagada hay otras mujeres de nuestra historia que te interesaría estudiar?

–A mí se me viene a la mente Violeta Parra y Gabriela Mistral. Pienso en Gabriela, porque creo que todavía no se le ha dado el valor como personaje de cambio social y de mentalidad. No sé si podría decir que era feminista, pero era transgresora. No quedarse en Chile y adoptar formas distintas de relacionarse en pareja, es un ejemplo para la época.

–¿Crees que esta faceta de Mistral está un poco olvidada?

–Hay muchas cosas que reconocer y que a la crítica de ahora y de antes no le gusta escuchar, sobre todo a los hombres que quieren ver a una Mistral más sumisa. Por eso las cartas con Doris Dana que la crítica masculina no quiere indagar. Dicen que no hay que ensuciar el nombre.

–¿Otra mujer?

–Violeta Parra. Una mujer que lucha por hacer lo que quiere, porque siente una misión, llevar afuera el canto y el arte sacrificando el entorno familiar. La encuentro muy subversiva en muchos aspectos, apasionada, con convencimiento de lo que quiere, transgresora… me interesa mucho trabajar con ellas desde las cartas, hace falta darle mas vueltas. Ahora, conversando contigo dije “subversivas” y pienso que también me interesan las mujeres subversivas.



Categorías:Entrevistas

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