Locura veraniega

Alanis 

Hay una especie de locura al final de las vacaciones de verano. Se supone que yo soy la loca, pero pongámonos en el caso inverso. Andar corriendo en malls y calles de comercio detrás de los materiales, libros y ropa, además de las necesidades de todo tipo para comenzar un año impecable es un cuadro lamentable. Es como que se intenta mostrar o sentir menos angustia al pensar que nada falta, que no hay carencias, que todos pueden tenerlo todo para que sus hijos estudien.

Ser testigo del aprovechamiento y la frescura de los que piden majaderamente cosas (materiales, por cierto) desde los colegios hasta los mismos hijos, es una pena aún mayor. Pero también hubo una locura antes, cuando todos viajaban apurados al mejor lugar que el comercio turístico ofrecía. Y antes de eso, la Navidad debía ser generosa también, con cada uno de los chilenos, no importando condición ni nivel social, no importando si era con débito, crédito y/o préstamo.

Las enfermedades psicológicas en este país abundan y no se muestran en estas épocas; seguramente no conviene transparentarlas. Pero luego pasará la cuenta, sobre todo cuando todo este período de exceso y benevolencia económica pase.

A mí me toca mirar las cosas desde otra perspectiva, sin carreras, sin apariencias.

Con todo respeto: A todo aquel que quiere hacer lo que quiera con su plata, e independiente de que su ingreso sea menos o mayor a 500 lucas, a mí también me preocupa que mis hijos se alimenten, estén sanos y sean capaces de disfrutar la vida. Pero siempre más que lo material desde una auténtica felicidad, que sonrían o que tengan cierta paz y satisfacción en su diario vivir. Para eso, ha sido bien poco el dinero que he usado desde noviembre del año pasado hasta la fecha.

Habría que preguntarle a mis hijos cómo lo pasaron en estas vacaciones o mejor… cómo van sus vidas en general.

La verdad es que he tenido más dinero que antes, porque mi negocio resulta, pero lo he ahorrado, he mejorado nuestra alimentación, he estado más tranquila (que eso es impagable) y mis hijos se educan en instituciones del Estado que financian la mayor parte de sus gastos escolares.

Tanta gente que se niega a creer que la educación debe ser para todos, gratis y de calidad.

Además, soy una emprendedora callejera. Me declaro una de tantos que evitan sumarse al sistema capitalista que a todos los agarra y hace con ellos lo que quiere.

Aunque tengo algo de mi vida unido inevitablemente a ese asqueroso sistema, igualmente llevo la vida que deseo llevar, sin esas locuras que observo en la mayoría, sin dependencias económicas o laborales tortuosas.

Esta tarde salgo nuevamente a vender mi librito en la calle, como lo hago todo el año, y también sueño con escribir mi próximo libro, como lo hago todos los días de mi vida en el último período. Ese sueño y el convencimiento de que vivo de manera humana equilibrada y mi trabajo es bello, me ayuda a no sentir ni la más mínima sensación de frustración o nostalgia por que se acaben las vacaciones.

La vida continúa igualmente hermosa o triste que todo el año.

Un día cualquiera puede ser vacaciones o laboral, solo si la vida que elijes, se aleja de lo que te imponen sistemas sociales, jefes, parejas, partidos políticos, o el qué dirán de los vecinos.

Sí. Soy una convencida de que un día cualquiera, puede ser un día para vivir feliz e intensamente.

 



Categorías:Chile País Generoso

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