La libertad de expresión solapada…

Por Elías Andaur

Hoy, cualquiera puede manifestar su opinión, sin importar el tema. Esto, por cierto, le ha dado una democracia universal a la libertad de expresión. Si bien esta misma es un derecho ganado, muchos han ocupado las redes sociales no solo para opinar, sino que también para expeler su odio y resentimiento sobre diversas temáticas.

Son pocos los que se atreven a identificarse con su nombre real, así que la gran mayoría se esconde tras un seudónimo. Si bien es cierto que uno es libre de hacer esto, denota el inmenso grado de cobardía de muchas personas ante lo que podamos pensar como sociedad y, sobre todo, si nos apartáramos de la moral por un instante, es muy probable que la mayoría nos convertiríamos en asesinos. Quién no ha dicho en más de alguna oportunidad en un momento de ira o cólera: “Ojalá se muera o le pase algo”.

Entonces estas personas que insultan, aprovechan este espacio de libertad digital para competir sobre quién puede “matar” más personas e ideas con sus palabras. Es culpa de sus antivalores aprendidos y muy difíciles de desarraigar.

Sin lugar a dudas, las frustraciones personales los llevan a actuar de esa manera y a esconderse literalmente. Si los analizáramos del lado profesional, sabríamos que tienen rasgos más que psicopáticos.

Esto no es una crítica, es una realidad. Generalmente nuestro éxito como personas, según lo que indica el “Manual social de ideas preconcebidas”, mientras más dinero, eres más exitoso. El fracaso, en cambio, es inversamente proporcional y éste, es la madre del resentimiento.

Se acostumbra a culpar al dinero de todos nuestros males y cambiar a las personas, lo cual es un tremendo error, porque es la persona quien lo tiene y lo usa para bien o para mal a voluntad. Además, el dinero no cambia a las personas, más bien amplifica lo que ya eran.

El papel y la boca aguantan todo se suele decir, por lo que la mayoría de la gente opina sin ser sincera. Prefiere afirmar que algo no le gusta o es malo, a reconocer que no entiende por el temor a quedar como tonto.

Es típico escuchar frases tales como: “Es el mejor libro que he leído”, pero la persona solo ha leído esa obra. Sin ir más lejos, si la Academia hubiese estado compuesta por algunos chilenos, “Una Mujer Fantástica” no habria ganado el Oscar a Mejor película extranjera, porque era aburrida, lenta, mal actuada, etcétera. ¿Se dan cuenta? Es mejor criticar a reconocer que no se sabe. ¿Cuál es el miedo? Es como en clases, cuando el profesor pregunta: ¿Hay alguien que no haya entendido lo que expliqué? Obviamente nadie responde para no quedar como tonto, pero a la hora del examen se pagan las consecuencias. Es mejor quedar de preguntón que de hueón.

Una opinión es un pensamiento, algo inherente a nuestro ser que debe venir de lo más profundo; no debe ser ambigua, menos superficial, con un alto grado de empatía, pero no aquella en la que el otro quiere escuchar; o las palabras políticamente correctas. Es esa que se pone en el lugar del otro… esa es la verdadera libertad de expresión, no solapada. La opinión de la mayoría tiene el mismo valor que la de la minoría, porque todo parte de una semilla, incluso las más grandes ideas.

 

 



Categorías:Espacio Abierto

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