Mi nuevo Chile

Por Leonardo Espinoza Ortiz

Cuando mi memoria contempla al Chile de finales de la década de los 80 ve esperanza, objetivos definidos y respeto por los adultos. En este estado huelo ciertos olores de los lugares más pintorescos de la capital que quizás no han cambiado demasiado, aunque confieso que un sinnúmero de cosas cambiaron y bastante.

Recorren mi memoria los múltiples recovecos de un país distinto; recorro parques, plazas, cerros, microbuses coloridos, andenes de metro y no veo tanta apatía ni oscuridad en los ojos de mis compatriotas. Tampoco veo miedo al salir de casa, éste no formaba parte del diccionario de los hogares chilenos, el miedo que ha logrado coronarse en rey del encierro. En esos años veo la manera confiada que los ciudadanos se movían por la geometría capitalina, cualquier día, a cualquier hora y con algo de cuidado sobrevivíamos a la dependencia de automóviles propios. No todo era perfecto, no existían peligros inherentes a la oscuridad de la noche o a lugares de mala fama. A pesar de esto habían ciertos códigos que hasta delincuentes respetaban, las personas no estábamos inundadas por el miedo de perder pertenencias a manos de bandidos y lo más lamentable, el miedo a perder el regalo más preciado, la vida.

Prosigo con este ejercicio de recordar dichos años que por lo menos a mí me rebasaron de energía y ganas de soslayar murallas que se interpusieran entre la tristeza y la alegría, entre la carencia y la comodidad, entre la opresión y la libertad, ¡Sí libertad!, palabra abusada, tergiversada con el correr de las décadas; libertad, hermosa palabra ataviada de adornos manipuladores y hurtada por frases cliché emanando de personas que no entienden su real significado.

Qué le pasó a Chile, qué ha ocurrido, qué sucedió con algunos compatriotas que al parecer no lo quieren. Vengo contemplando el pasado y pareciera que una hecatombe rodara por las venas de mi país y de mis coterráneos, qué clase de gobiernos hemos elegido que han fallado en la transmisión de valores, de tradiciones, de fechas históricas y de próceres.

La World Wide Web modificó al mundo y obviamente cambió a Chile, son los costos-beneficios de la tecnología y de las diversas herramientas sofisticadas que facilitan la existencia, éstas se agradecen pero me pregunto qué correlación tienen el avance tecnológico con el tremendo alejamiento de costumbres que atesorábamos, que nos caracterizaban y diferenciaban de nuestros vecinos latinoamericanos.

La globalización beneficiosa engulle vorazmente como un monstruo famélico; advierto como si viviéramos en un constante estado de venganza brutal, venganza que no distingo de dónde deriva. Será política, económica, valórica, cósmica, no lo sé, tal vez puede ser peligroso entenderla, lo cierto es que en mi país nadie explica nada, las cosas se olvidan con una facilidad digna del peor caso de Alzheimer. Los aburridos noticieros sólo explican lo inexplicable inyectándonos tragedias y las autoridades se alejan de los verdaderos problemas que realmente aquejan e importan a la gente.

Me pregunto qué pasó con Chile, las respuestas quizás sean demasiadas, quizás sea todo lo descrito en párrafos anteriores y más, el punto es que en este estado de refrescar mi memoria también escucho sonidos de aquella época pretérita, escucho hablar a las personas y reafirmo que nuestro vocabulario se ha empobrecido, nos hemos vulgarizado, el lenguaje y forma de expresarnos deja bastante que desear, no leemos, pasamos todo el día frente a pantallas viendo gráficos, planillas o web basura, como dijo un reconocido humorista y utilizando un chilenismo bastante popular: “Estamos más rascas”.

Desde hace mucho tiempo hasta hoy la ordinariez y la vulgaridad están de moda, hemos caído en manos de ordinarios que dan bastante más énfasis al dinero fácil sobre la lectura y sobre modales, ante eso seguro lloverán excusas como ¡Qué los libros son caros! Es cierto, otro problema más a resolver para nuestras autoridades, pero como dije antes, la tecnología facilita la vida y cualquiera con acceso a internet puede obtener formatos digitales de libros, apuntes, ensayos, o mejor aún, ir a bibliotecas. ¡Qué los libros son caros!, sí es cierto, sin embargo hoy, menos que nunca puede permitirse una respuesta con aquel pobre fundamento, esta excusa es barata y floja, leer es hacerse el hábito.

Demasiadas tareas pendientes tienen nuestros actuales y futuros gobernantes o autoridades, por lo menos a mí me entristece lo mal que hablamos la mayoría y lo vulgares que somos para expresarnos en mi Chile actual, siempre tuvimos un acento distinto y llamativo, cantadito dicen algunos, el tema es que indistintamente de nuestro precioso acento, no podemos permitirnos caer en la vulgaridad que nos tiene sumido en una preocupante pobreza de vocabulario.

Creo que hemos ido perdiendo nuestra identidad nacional, la estamos enterrando, y aquello no podemos permitirlo.



Categorías:Espacio Abierto

Etiquetas:, , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: