Carolina Brown, escritora: “No creo en las familias cien por ciento felices”

  • La autora chilena lanza por Planeta su primera novela, El Final del Sendero, una historia que escarba en los conflictos familiares y en la amistad entre dos mujeres solas.

Por Juan Pablo Sáez*

Probablemente El Final del Sendero jamás habría visto la luz de no mediar un hecho que bien podría haber terminado en tragedia. Hace cuatro años, mientras la escritora Carolina Brown (Santiago, 1984) trotaba en el cerro El Carbón, fue asaltada por un tipo que la apuntó con un revólver.

“Nunca antes me había pasado nada —dice—. Tengo un carácter fuerte y me marcó mucho que otra persona tuviera el control absoluto a punta de pistola”. El tipo terminó escapando con la poca plata que llevaba Carolina en ese momento. Quedaron allí el susto, el trauma y una idea. Brown venía de ganar el concurso de cuentos Nicomedes Guzmán, organizado por la SECH, y preparaba el que sería su primer libro de relatos, En el agua, publicado en 2015.

“Sentí la necesidad de hacer algo con esa experiencia. Empecé a escribir un cuento de una chica que sube con su amiga a hacer deporte y la asaltan arriba del cerro. En algún momento el cuento y sus personajes empezaron a crecer y se juntaron con la idea de una novela que tenía olvidada hace años”, reconoce. Campana.png

En ese bosquejo de historia, dos mujeres solas, de unos treinta y tantos años, se encuentran casualmente a la salida de un supermercado. “Quería hablar de la soledad de las mujeres que no se acomodan al molde tradicional y de los espacios urbanos de Santiago que uno ve todos los días. El tono era distinto y los personajes eran mucho más extremos”, señala recordando el primer borrador de lo que seis años después sería su primera novela.

–La novela El Final del Sendero es relatada en primera persona por Simo, una de las protagonistas. El personaje es complejo, solitario e introvertido. Al avanzar en la novela nos damos cuenta que dicha complejidad se explica por una serie de hechos que vivió durante su infancia y su adolescencia. El relato es vívido y nunca cae en estereotipos. ¿Contiene este relato aspectos biográficos tuyos?

–Claro que sí. Me ayudo de mis experiencias, recuerdos y emociones para darles profundidad y más sabor a los personajes. Quiero que se lean particulares, que se sientan como una persona. La experiencia del asalto en el cerro fue fundamental para escribir la novela y es una de las escenas más importantes. Me agarré de las emociones y sensaciones que pasaron ahí, de los detalles que recordaba. No sólo ocupo esta herramienta para los episodios importantes, sino que también para los elementos menores, por ejemplo, recuerdos que tengo de chica, detalles que me he fijado de los electrodomésticos en una casa, o incluso anécdotas que amigos me han contado.portada_el-final-del-sendero_carolina-brown_201803011601.jpg

–Uno de los aspectos destacables de la novela es el retrato de la familia actual; una familia disgregada, con padres e hijos disfuncionales. ¿Tuviste desde el inicio la intención de dibujar este retrato social?

–No creo en las familias cien por ciento felices. Nunca han existido. Hasta ahora no he conocido a nadie que esté libre de conflictos en cualquiera de las relaciones importantes de su vida. Pasa también que estamos en un momento de la historia en donde la gente es mucho más desinhibida y muchas veces los trapos sucios se lavan en cualquier parte. Es más difícil mantener los secretos. Durante mucho tiempo existió, sobre todo para las mujeres, la presión de tener la familia perfecta y eso se ha ido erosionando. No quiere decir que ya no exista ese ideal, pero tal vez estamos más conscientes de lo difícil que resulta y nos damos más permiso para fallar.

La familia siempre ha sido considerada el núcleo de la sociedad, una especie de piedra angular que mantiene -supuestamente- a todo el edificio que está encima. Pero ahora que ya no guardamos tanto las apariencias, la familia empieza a desdibujarse, se ven las fracturas detrás del maquillaje. Ni las figuras en el poder se salvan. Incluso el vínculo sanguíneo ha dejado de tener el peso que tenía antes. Pienso que es algo muy moderno y me pregunto qué consecuencias tendrá en el largo plazo. Todo esto tiene también un lado triste, la familia al ser una estructura más inestable nos deja también más solos. Estamos conectados con todos nuestros chiches, pero infinitamente más solos que nuestros antepasados.

–La novela gira en torno a la relación de amistad entre dos mujeres, Simo y Jota. Esta última viene a suplir la ausencia de Lucy, una antigua amiga de Simo a quien admiraba en tiempos del colegio. Los sentimientos de culpa y de pérdida giran, de hecho, en torno a esta tríada. ¿Puedes contarme cómo construiste esta triple relación?

–Creo que todos hemos tenido una relación que nos ha marcado y que tendemos a comparar con otras. No creo que sea para nada sano, pero me parece una conducta muy humana. Simo es una chica muy sola, llena de carencias y Lucy es la amiga que la ha marcado a fuego. Cuando llega Jota no puede evitar compararla con ella a ratos. La pérdida de Lucy la hace temer también por la pérdida de Jota. La triada fue construida a propósito y con la idea de que querer a alguien es exponerte, sacarte la coraza y ver qué sucede. Eso hace Simo con Jota y Lucy.

–Otro de los aspectos que llaman la atención en la novela es tu decisión de situar el “punto de giro” (o punto de inflexión o de no retorno) muy cerca del final de la historia. Da la impresión que este “punto de giro”, que es el incidente que marca el antes y el después en la relación de las dos protagonistas, no importa tanto como la relación misma de Simo respecto de sus familiares, de Jota y de Lucy. ¿Fue una decisión tuya colocar este incidente ya avanzada la historia o se fue dando espontáneamente, sin un plan preconcebido?

–Lo que me importaba escribir era la historia de esta amistad, sobre todo cómo se conforma una relación de mutua dependencia entre dos desconocidas que en apariencia no tienen mucho que ver, salvo que lo están pasando mal. No tenía sentido continuar la historia después del punto de giro porque ocurren muy pocas cosas entre las dos y queda claro cuál es el desenlace. En un comienzo había pensado hacerlo, pero al empezar a escribir las escenas que supuestamente ocurrían después de este punto me di cuenta que no funcionaba y lo deseché.

 


Su paso por los talleres literarios

La autora de El Final del Sendero forma parte de la camada de escritores que salieron del taller literario que imparte Pablo Simonetti desde hace algunos años. Para Brown esta instancia fue vital pues puso fin a una sequía creativa que se extendió por largos seis años.

La escritora había estudiado Literatura en la Universidad de Chile donde terminó “castrada por el canon”, como dice. “El taller de Pablo me devolvió en parte la alegría ingenua de crear por gusto y también me impuso plazos. Tuve que inventarme una metodología para cumplir con las entregas. Por otro lado, soy una persona sociable y me gusta recibir feedback de mis compañeros, lo encuentro muy valioso. Se dio en ese taller una dinámica positiva en donde las críticas eran bien intencionadas y se hacían con responsabilidad”.caro.jpg

“Pero hay que tener ojo también”, advierte Brown a quienes le confieren una relevancia desmedida a los comentarios que surgen en los talleres literarios y que van moldeando las historias que se escriben. “Porque las críticas al final son opiniones y nadie sabe más de lo que estás escribiendo que tú”, dice. “No todo lo que te digan va a aportar a la historia, o la va a llevar donde tú quieres, y en ese sentido también hay un trabajo de saber discriminar lo que llega, tomar lo que sirve y dejar de lado lo demás”.

 

*Juan Pablo Sáez es periodista y escritor, autor de “Operación Réquiem”. Es colaborador estable de nuestra revista.



Categorías:Letras informativas

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