Pobre gente

Por Alanis

Durante las últimas semanas se ha formado una polémica importante respecto a los vecinos de la Rotonda Atenas en la comuna de Las Condes, por la construcción en ese sector de un edificio destinado a viviendas sociales. Rotonda Atenas… el lugar al que iba a carretear cuando era adolescente y conocí a chicos guapos. El lugar cercano a la casa de varios familiares y amigos, pero que lamentablemente son lejanos física y afectivamente. Creo que ellos piensan que me alejé de mi lugar de “pertenencia”, aunque sigo viviendo en Santiago, que es mi ciudad. Sigo estando cerca.

Llevamos años escuchando conflictos sobre el lugar en el que uno vive, en una sociedad que no crece, que es segregadora, clasista y racista; que forma guetos y se encierra en territorios por terror a los robos o el otro temor más grande: perder “status”.

Recuerdo las casas del Programa de Empleo Mínimo y el Programa de Ocupación de Jefes de Hogar de la Unidad Popular o las cajas de fósforos, que fue el primer tema, porque la búsqueda de la dignidad de una vivienda social, partió por dentro con la necesidad de un lugar digno para vivir en nuestro espacio de intimidad, en nuestro hogar.

Eso ya es cosa del pasado y se construyen casas sociales dignas para cualquier ser humano.

Pero ahora hay que dignificar la ciudad y romper con las desigualdades que nos han marcado desde la Independencia de Chile. He vivido en varios lugares de Santiago. Viví en Providencia mi niñez y juventud. Luego, recuerdo haber vivido en la pieza de unos amigos cuando salí por una discusión de mi casa. Eso fue en la comuna de La Florida. Después de eso, en un departamento desocupado por unos meses en la misma comuna, pero más cerca de Puente Alto. En seguida, en Peñalolen, en el living de la casa de unos amigos, compartiendo el sillón cama con su gato. Posteriormente, viví en el Barrio Brasil, cerca de mi universidad, en una habitación dentro de una casona antigua, sin luz directa y con baño compartido. Más tarde, arrendé en Ñuñoa, y trabajé en “la Tecla”, cerca de la entretenida Plaza Ñuñoa. Viví en Santiago Centro, en un trozo de una gran casa antigua, pegada al Palacio Cousiño, que tenía ratas. Por esa razón, volví a Providencia cerca de avenida Salvador. También en Mosqueto, Bellas Artes. Fue hermoso, pero duró poco. Viví nuevamente en Providencia, en la calle Miguel Claro y luego, me raptaron a San Miguel cuando me casé. Me quedé en esa comuna 8 años, y luego me establecí en Maipú, lugar que en septiembre próximo cumpliré nueve años.

Cada casa en la que he vivido se ha dignificado o mejorado desde dentro, desde el momento que empiezo a vivir en ella, fundamentalmente por dos factores.

El primero obedece al tipo de persona que soy. Tengo la educación requerida para cuidar mi entorno y si es necesario, a mis vecinos, parques y servicios. Mantengo buenas relaciones con quienes me rodean y si es necesario re- educar a los que no tienen buena educación, lo logro sólo con actitudes y ejemplos, sin pensar que mis vecinos son mis enemigos o personas inferiores o diferentes a mí.

El segundo es mi bajo ingreso que ha servido para reflejar la casa en la que vivo, la cual no tiene grandes arreglos ni lujos; no ostentamos ni gozamos de grandes cosas, pero vivimos dignamente con todo lo que se necesita. Lo que puedo reconocer es que aquí, en la Villa Los Héroes de Maipú, he sentido que puedo vivir mejor.

Es un barrio tranquilo, con servicios cerca, en el consultorio me tratan de maravilla, cuelgo la ropa en el patio de adelante, porque mi perra atrás rompe todo y nadie me ha dicho nunca nada por eso.

Mi vecina me regala lo que le sobra del asado para mis perritas y la otra, fruta que trae de Chimbarongo. La Inspectora General del Carmela Carvajal de mi época, vive a la vuelta y es la vieja más pro del barrio. Una pareja de amigos vive cerca, nacidos y criados en la población “La Victoria”. Nunca he comido pantrucas y pan amasado más grande, lindo y sabroso que en esa casa.

Además, mi hijo toca batería, y nunca hemos tenido problemas por el ruido y mi perra cuida la cuadra porque tiene entrada y salida libre y todos los vecinos la quieren, porque es amorosa con ellos. Mucha gente no me viene a ver o no vino nunca, porque les daba miedo el barrio.

Cuando mi ex marido fue el primer día a vivir conmigo a Providencia, le robaron la moto en la puerta del edificio. También entraron una vez a esta casa en Maipú, pero cuando vieron lo que teníamos, ya no volvieron más. ¿A quién no le han entrado a robar alguna vez en cualquier lugar de Santiago? Bueno. Puede que algunos se salven.

Siempre he pensado que los delincuentes buscan robar a quien le sobra, como una acción de justicia. Sólo es una teoría que tengo. No me odien los que leen solo por pensarlo.

A los vecinos de la Rotonda Atenas quisiera contarles que la gente “pobre” ya no existe. Lo que existe es la que tiene menores ingresos. Yo diría que ya no hay “pobres”. Por el contrario, sí hay “pobre gente” y es todo aquel que no sabe vivir, ni convivir, por su infelicidad. Esa gente vive en cualquier lugar de Santiago. La gente le da magia y decencia a los lugares que habita y la variedad de esta es enorme.

Me han pedido la casa en la que vivo, sólo estaré aquí tres meses más. No sé cuál será mi próximo mi destino; quizás más cerca, quizás más lejos; más arriba o más abajo. Me tiene sin cuidado. Lo único que sé, es que donde sea que me vaya, seré quien aporte a hacer de esta ciudad un lugar más digno, justo, equitativo, bello y mágico.



Categorías:Chile País Generoso

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