Alia Trabucco, autora de Las Homicidas: “Pude entender que aquí (en estos casos) hay rabia”

  • Durante la presentación de su último libro, la escritora, nominada al Premio Man Booker International, conversó con la crítica literaria Lorena Amaro y la escritora Nona Fernández. Las Homicidas es un ensayo que aborda la vida de cuatro mujeres cuyos asesinatos remecieron el Chile del siglo XX: Corina Rojas, autora del crimen de la calle Lord Cochrane; Rosa Faúndez, autora del crimen de las cajitas de agua; María Carolina Geel, autora del crimen del Hotel Crillón, y María Teresa Alfaro, autora del crimen de las mamaderas envenenadas.

Por Juan Pablo Sáez

Nona Fernández: ¿Por qué poner el foco en cuatro mujeres incorrectas, desobedientes y transgresoras? ¿Por qué cuando intentamos visualizar como nunca la violencia hacia las mujeres aparece esta obsesión por cuatro asesinas?

Alia Trabucco: Esa es una pregunta que me acompañó en toda la escritura del libro, en toda la investigación. Es una pregunta incómoda, es un libro en el que yo me sentí siempre caminando por un terreno bastante sinuoso, por momentos pantanoso, porque se daba en el contexto del “ni una menos”. Entonces yo me preguntaba: ¿por qué estoy examinando asesinas, casos excepcionales, raros? Todo esto con el temor de que alguien viniera y dijera: ¡ah! ¿no ven que las mujeres también matan? Finalmente me fui dando cuenta, con el paso del tiempo, que la historia del feminismo es una historia de transgresión. Cuando leí a la filósofa Sara Ahmed entendí que mirar estos casos no era solamente mirar este crimen, sino también lo que se exige a las mujeres en general. Entonces, si bien este libro está protagonizado por homicidas confesas, lo que está en jaque o las que están en el banquillo somos todas, de alguna manera, con nuestras distintas transgresiones. Y yo he cometido las mías, mis transgresiones en distintos ámbitos; no me cabe duda de que ustedes han cometido las suyas, porque cada vez que uno tiene un cierto espacio público ya está transgrediendo un mandato de silencio, de pasividad, escribir, de ser autora. Cada vez que examinaba uno de estos casos y entraba a esos momentos de la historia de Chile, estaba viendo qué significaba en ese momento ser mujer. Creo que rescatarlas, desempolvar estos casos, desenterrarlas, es también una manera de abrir un abanico afectivo, de entender que aquí hay rabia. Okey: y qué es esa rabia, qué nos da rabia, e ir explorando ese hilo hasta encontrar los hallazgos que yo también espero que ustedes encuentren en este libro.

NF: Lo que le ocurre a una como lectora es que una empatiza con ellas siempre. O sea, uno les empieza a creer muchísimo, justamente por el punto de vista que tú le das al libro. Hay un banquillo de los acusados donde a ellas se les cuestiona no sólo por el crimen que han cometido sino que por todo: porque no son las madres ideales, porque son violentas, porque no son hacendosas, por un sinfín de cosas. Hay mucho material visual en el libro también que aporta una imagen para entender todo esto, como por ejemplo cuando a una de las asesinas la examinan para saber médicamente si había algo en ella fisiológicamente que la hiciera distinta a las otras mujeres. Porque era muy raro que fueran asesinas, rabiosas, y por lo tanto debían tener los dientes de manera distinta. Eso es loquísimo y muy interesante de leer.

Lorena Amaro: Además, en la misma medida en que se construye a estas mujeres de esa manera, las víctimas, los varones, son construidos como padres ejemplares, queridos por todos, hay toda una defensa social de quienes han sido ellos. Eso se ve en el caso de Pumarino y María Carolina Geel, esa inequidad de cómo los trata la prensa y los mismos discursos médicos, jurídicos.

NF: Te quería preguntar cuál fue el criterio curatorial de estos casos. Por qué elegiste a estas cuatro mujeres y no a otras. ¿Por qué dejas afuera, por ejemplo, la violencia política, por qué no había gente ligada a los organismos de inteligencia, por ejemplo? Pensé en Mariana Callejas, por mencionar alguna, o a lo mejor las guerrilleras.

AT: Me interesaba en particular examinar los casos más difíciles, donde no hubiera un contexto político que gatillara o que justificara o explicara este comportamiento violento. Por eso quise lidiar con crímenes comunes. Ese fue un primer criterio, dejar afuera la violencia política y entonces lidiar con criminales comunes y corrientes. El punto de ingreso al libro fue justamente el caso de María Carolina Geel, un caso que yo conocía desde hace muchos años cuando estaba leyendo su libro, el que ella escribió mientras estaba presa, que se llamaba Cárcel de Mujeres, y de pronto estaba leyendo ese libro y me obsesioné. Y dije: ¿y si encuentro la sentencia judicial? Me encantó la idea, a mí me encanta pasar el tiempo en archivos y bibliotecas. Una vez que encontré esa sentencia me pregunté qué casos habían marcado una época. Empecé a leer historia y ahí leyendo una investigación de Carla Rivera di con el caso de Corina Rojas y vi el nivel de reverberaciones culturales que ese caso había creado y que son impresionantes. Y luego pasó algo curioso que es que en cada uno de estos casos, en algún momento, ellas o sus abogados o la prensa, cita al caso anterior. En el caso de María Teresa Alfaro la prensa hablaba “este es el caso más impresionante desde el caso de María Carolina Geel”. En el caso de Geel se decía: “este es el tercer caso más emblemático después de Corina Rojas y de Rosa Faúndez”. Y en el caso de Rosa Faúndez, la propia Rosa, cuando la van llevando presa, tenía evidentemente mucha conciencia de lo que le había pasado a Corina Rojas. Ella misma en un momento dice: “¿y cómo a Corina Rojas le pasó tal cosa y a mí no”? (no voy a hacer spoiler). Entonces había una relación entre ellas que fue a su vez generando el corpus.

Tuve muchas dudas de si incluir o no el caso de María del Pilar Pérez, que es del 2010, que es un caso muy fascinante, la “Nueva Quintrala”. Decidí dejar fuera este caso porque otro de los criterios del libro era que tuviera ecos culturales. Entonces en el caso de María del Pilar Pérez me parece que no había pasado suficientemente tiempo; consideré que hubiera sido un poco apresurado. No sé si hay tantos casos icónicos como estos cuatro, sobre todo en términos del eco que produjeron a nivel social y a nivel cultural, como la cantidad de producciones culturales, novelas, obras de teatro, películas.

NF: Sobre el caso de María Carolina Geel, hay algo en él que es muy enigmático. Ella nunca deja entrever su móvil. El abogado que la defendía intentaba inventar situaciones porque ella nunca entregó información de ningún tipo, ni siquiera ayuda a su propia defensa. Y tú dejas entrever la teoría del copy-cut (el criminal que copia el modus operandi de otro criminal) que me pareció fascinante, incluso para hacer la serie.

AT: Este caso es el más conocido porque la homicida era una escritora en su momento bastante conocida, María Carolina Geel, que el año 55 entró al salón del Hotel Crillón y le disparó a quemarropa a quien había sido su pareja. El caso ha sido conocido hasta hoy como un crimen pasional y no había muchas preguntas sobre si había sido así efectivamente, si había sido una causa amorosa o no. A lo largo de todo el libro, algo que procuré hacer siempre era interrogar todo el tiempo las versiones de absolutamente todo el mundo. Yo nunca le creí a nadie en realidad, tampoco a ellas por momentos. Y explorando este caso y la sentencia, efectivamente María Carolina Geel nunca dio a conocer su móvil. Incluso ella se negaba a la posibilidad de que hubiese sido un crimen pasional. Pero hay un caso donde es evidente la conexión y que es que catorce años antes de ese crimen, en el mismo hotel, María Luisa Bombal había disparado contra quien había sido su amor de juventud y de pronto va María Carolina Geel, catorce años después, y termina un acto que no había concluido de alguna manera, asesinando ella a quien había sido su pareja. Lo concluye y lo cita. Es una cita que es criminal pero que es literaria porque ella la admiraba mucho (a Bombal). Entonces se empieza a entretejer otro posible sentido, completamente delirante, pero que podría ser una conjetura. Y el libro está lleno de conjeturas.

NF: Es alucinante porque puede ser un rasgo de la época. Uno al ver las fotos de ambas, no se parecen, pero María Carolina Geel ocupaba un corte de pelo parecido a la Bombal, las cejas depiladas de la misma manera, los labios rojos. Yo dije: efectivamente aquí hay un gesto de imitación. Es un look parecido.

AT: Casi un homenaje.

LA: Efectivamente, aquí hay mucho de especulación, porque no pudiste recolectar toda la información que habrías querido recoger y hay muchos silencios, muchas lagunas. Pensando en eso, ¿cuál fue el caso que te costó más escribir? Y también estoy pensando en el último caso, Teresa Alfaro, la asesina de las mamaderas envenenadas. Tanto ella como la mujer para la que ella trabajaba y que mató a sus hijos, están vivas. Yo no sé si ahí tuviste la tentación de entrevistarlas o preferiste dejarlo así precisamente para dejar abierto este ámbito más especulativo. ¿Cuál fue el caso que más te costó escribir?

El de Alfaro, sí. El caso que me generó más satisfacciones detectivescas fue Corina Rojas porque cuando encontré el material, el más viejo, cuando encontré ese material que tenía cien años fue algo muy conmovedor como trabajo del archivo feminista que tiene que ver con releer, desenterrar y el momento del hallazgo del material y de lo que ocurrió con las organizaciones de mujeres de principios de siglo, fue para mí un momento muy conmovedor. Pero el más difícil fue por lejos el de María Teresa Alfaro. En primer lugar porque está viva y eso me generaba un sentimiento de culpa no menor. Dudé de hecho en hacerlo; era tremendamente atractivo pero me hacía ruido. Y es un caso distinto porque no había ecos culturales. Lo único que había era la sentencia, su caso judicial y la prensa. Pero por otro lado es un caso donde el tema del género se cruza de manera muy brutal con el tema de clase y eso lo volvió un caso mucho más interesante. Me quise incomodar a mí misma intentando yo escribir una ficción.

Es un caso del año 63 que se descubrió de manera casi simultánea con el juicio del Chacal de Nahueltoro. Resulta que el número de víctimas es el mismo, la violencia es similar y, sin embargo, un caso pasa a la historia y el otro es olvidado. Ese olvido, ese silencio, fue el que me dejó perpleja y fue lo que quise explorar y tratar de indagar y de entender por qué la sociedad lo reprimió de esa manera. Era un caso difícil porque yo misma decía: voy a Buin, la entrevisto, y qué me va a decir. Y también está viva la madre de las víctimas. Como que hay mucho dolor, y yo la verdad es que la culpa la sentí y pese a eso dije: voy a seguir adelante porque como digo, con La Resta me pasó algo similar, hay una incomodidad que me lleva, que me conduce y esa incomodidad en el cuarto capítulo, de María Teresa Alfaro, fue la mayor.

NF: ¿Por qué ficcionalizaste el caso de Alfaro, por qué le prestaste tu voz?

AT: A lo largo de toda la investigación no sólo examinábamos los expedientes judiciales, sino también las películas, o las novelas, las obras de teatro. Las examinaba críticamente como diciendo: cómo es posible que la literatura y el arte también castigue. Y que el arte esté castigando, esté ejerciendo un acto profundamente normativo, respecto de las mujeres. Y esto viene de mi formación de abogada que también me hacía ver este elemento castigador. Y yo me preguntaba entonces si era posible frente a un hito criminal como este eludir esa posición castigadora. Y no es una pregunta que haya contestado, la verdad. Me quedo con el signo de interrogación, pero era un ejercicio que yo quería ver para también perder esta posición supuestamente objetiva de quien analiza y poder ensuciarme las manos y ensuciar este caso con su primer eco cultural. Que es un caso que si bien ocurre en los 60 le habla mucho al Chile del presente. Realmente hay algo ahí en ese caso, en la reproducción de clase, en la reproducción de la violencia, de las posibilidades que tienen algunas mujeres pero no otras, que le habla mucho al presente y fue un caso que a mí me interpeló mucho.

LA: Tú mencionaste a Sara Ahmed y algo que haces en tu libro es darle vuelta a estos estereotipos que se tejen sobre ellas para tratar de entenderlas como mujeres asesinas, desde el arrebato pasional, la locura, lo romántico. Están apareciendo textos sobre ese tema de la rabia como móvil, como sentimiento político, como una emoción que no podemos eludir y que generalmente no está asociada a las mujeres. Y hemos visto cómo hay una expresión de ira frente a las injusticias que se están manifestando ahora.

AT: En el caso de Alfaro, sobre todo, ella dice la palabra “rabia” y la dice no una, sino dos, tres y hasta cinco veces, mientras que la prensa dice: celos, celos, celos. Ella dice: me daba rabia, me acusaron de robar. Y los tribunales dicen: celos. Entonces era interesante la necesidad de borrar esa rabia haciendo estas lecturas de Sara Ahmed, que plantea que la rabia es un sentimiento político fundamental y que a diferencia de otras emociones apunta a un causante. Entonces, si hay una rabia es que hay alguien que genera esta rabia y hay una expectativa de que esa rabia sea reparada; borrar la rabia era obviamente lo más cómodo y volver a hacerla emerger pone a estas mujeres en otra situación, con otras demandas y con otras expectativas, con otras aspiraciones, con otros deseos y eso las transforma en sujetos mucho más complejos. Necesitamos ese abanico abierto para las mujeres; hombres que no anclen su masculinidad en la violencia y mujeres que puedan expresar rabias sin que sean calificadas de locas, histéricas, celosas. Y que ésa sea una rabia posible.

9789568856892

 

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