La última balada de Clint Eastwood

El mítico cineasta y actor se resiste al retiro y vuelve a sorprender con su última entrega cinematográfica, titulada La Mula.

Por Cristián Canales

Diez años después de la estupenda Gran Torino, Clint Eastwood nos regala otra película que bien puede ser entendida como parte de su testamento fílmico. Basada en una nota periodística, en La Mula un casi nonagenario Eastwood interpreta a Earl Stone, un anciano dedicado a cultivar flores al que la proliferación de ventas por internet deja en la quiebra, solo y enfrentado a la inminente ejecución hipotecaria de su negocio. Ante la desesperada situación termina aceptando un trabajo aparentemente fácil, consistente en acarrear unos misteriosos bultos. Sin saberlo, Earl se convierte en traficante de drogas para un cartel mexicano, en tanto sus actividades comienzan a ser foco de atención de un agente de la DEA (Bradley Cooper).

Estamos ante una nueva obra de arte de este verdadero mito viviente de Hollywood. Las películas de Clint Eastwood, tanto delante como detrás de cámara, en cierta forma vienen a ser variaciones de los mismos temas y, por ende, son de los mayores patrimonios artísticos que ha dado el cine norteamericano. La ética personal, políticamente incorrecta y tradicional, mezclada al temperamento volátil y violento de los personajes del antiguo Eastwood da paso ahora, al llegar a la senectud, a la expiación, el arrepentimiento y la búsqueda de la redención por medio de actos suicidas. La intimidante mirada a lo Dirty Harry ya no resulta atractiva. Por momentos hasta nos da una profunda tristeza, algo que denota el tipo de heroísmo del que seremos testigos.

La última película de Clint Eastwood resulta un grato retorno a ese cine clásico cuyo máximo exponente probablemente sea su admirado John Ford, aunque él mismo haya dedicado su obra más aclamada, Los Imperdonables a los dos maestros que lo dirigieron como actor: el italiano Sergio Leone y el norteamericano Don Siegel. En La Mula se ve reflejada totalmente esa impronta mediante una narración clásica sin fisuras, con introducción, desarrollo en capítulos y un gran final, modelo totalmente alejado de la pirotecnia tan en boga últimamente.

Una nota aparte merece el sexteto de grandes actores y actrices que impecablemente acompañan a Eastwood en este filme: Bradley Cooper, Andy Garcia, Laurence Fishburne, Taissa Framiga, Diane Weist y Alison Eastwood. Pese al clasicismo de la narración lo que atrapa al espectador es, más que el relato, la multiplicidad de reflexiones que provoca el filme. En tal sentido, y aunque la película va más por el camino de la tragicomedia que el thriller, es imposible no realizar la comparación entre el protagonista y el sheriff Ed Tom Bell, protagonista de la aclamada novela No country for Old Men de Cormac McCarthy, magistralmente adaptada al cine por los hermanos Cohen con un inspirado Tommy Lee Jones en el rol de un policía al borde del retiro que se ve en medio de una guerra entre carteles de la droga.

Es precisamente en el contraste que se produce entre el anciano Earl Stone y una Norteamérica que al igual que el mundo ha cambiado demasiado para tener lugar para él en donde la película alcanza sus cimas más altas, es ahí en donde el discurso de resignación –y de redención– de Eastwood parece venido de otro planeta. Una emotiva película crepuscular que sin lugar a dudas es una despedida por la puerta grande de toda una generación.

La Mula, 2018 / Estados Unidos.

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