Reseña de República Nazi de Chile, de Carlos Basso

Por Juan Pablo Sáez

El quinto y último libro de ficción del periodista Carlos Basso (Santiago, 1972) inicia con una escena trepidante que cumple con el ABC de cualquier novela destinada a un público masivo: el imprescindible enganche, en las primeras páginas del libro, entre la historia narrada y el lector. Estamos en mayo de 1960. En un bosque del interior de Osorno yace el cuerpo sin vida de un alemán de 75 años cuya cabeza parece haber explotado: del casco craneal sobresalen los sesos y de sus órbitas oculares los ojos. Junto al cadáver están un carabinero y un campesino, quien dice haber visto al alemán momentos antes de su muerte. El tipo se habría quitado la vida dándose de cabezazos contra un árbol.

Así relatada, la escena pareciera formar parte de una novela policial cualquiera si no fuera por el contexto en que se desarrolla: Osorno no se llama Osorno sino que Nueva Núremberg y Chile es un estado vasallo de los nazis, que han ganado la Segunda Guerra Mundial. Se trata por lo tanto de una ucronía —una desviación histórica que propone una situación alternativa donde no la hubo— en la que no sólo el país, sino que toda Sudamérica, se encuentra bajo el control de los alemanes. Basso construye esta historia alternativa a partir de un hecho verídico: la existencia de un mapa en el que los nazis dividieron Sudamérica en cinco Estados vasallos. La historia oficial cuenta que este mapa fue en realidad ideado en 1941 por los servicios de inteligencia británicos para obligar a Estados Unidos a entrar en la guerra.

Esta anécdota real, citada al inicio de la novela a través de un discurso de F.D. Roosevelt en el que se refiere al mapa, es la única que proporciona cierta verosimilitud a una historia que, sin embargo, no la necesita pues se inscribe en un universo distinto al de la ficción tradicional e incluso de la ciencia ficción. La novela de Basso pertenece, en efecto, a un universo autónomo donde personalidades históricas popularmente conocidas y disímiles, como Arturo Prat o Hitler, se transforman en personajes ficticios adquiriendo todas las características de un héroe o antihéroe narrativo. Lo mismo ocurre con el contexto histórico que rodea a estos personajes el cual es alterado una y otra vez por los autores sin que eso afecte la verosimilitud propia de ese universo. Esto permite por ejemplo que un escritor como el estadounidense Seth Grahame-Smith escriba Vampire Hunter, una novela de vampiros cuyo protagonista es nada menos que el Presidente Abraham Lincoln, o que el chileno Francisco Ortega escriba 1899 Cuando los Tiempos Chocan, novela gráfica que imagina un triunfo de Prat en el combate naval de Iquique, gracias al uso de tecnología de alto vuelo, y la transformación de Chile en una súper potencia.

La novela de Basso sigue el derrotero de estos autores, por lo cual debe ser leída bajo los parámetros que gobiernan dicho universo. El autor no propone en clave de ucronía una simple reescritura de la historia o el traslape de mundos paralelos —con personajes comunes y silvestres, sometidos a un sistema que no dista mucho del que vivimos hoy, como ocurre con El Hombre en el Castillo, de Philip K. Dick—, sino más bien un escenario apocalíptico mundial cuya resolución tiene lugar en el sur de Chile. Si en El Hombre en el Castillo Philip K. Dick privilegia la descripción de la vida banal de la gente por sobre el conflicto entre alemanes y japoneses, en República Nazi de Chile Basso invierte esta estructura poniendo en primer plano no sólo la crisis interna de la élite nazi sino que además a sus líderes más connotados en detrimento de personajes banales como el campesino y el carabinero, ubicados al inicio del libro.

Dentro de esta estructura Basso desarrolla dos líneas de acción que corren en paralelo y que confluyen en un mismo punto: el derrumbe del imperio nazi en 1960, en Osorno. La primera línea de acción es protagonizada por dos chilenos de apellido alemán, el detective Hoffman y la policía Stella Huber, quienes investigan una ola de extraños suicidios, como el relatado en el primer capítulo. Ambos están conectados con un grupo que planea el derrocamiento de Hitler y toda su plana mayor durante la inauguración de un rascacielos en Osorno. Dentro de los opositores al régimen de Hitler se encuentran importantes personalidades del mundo político chileno de los años 60/70 que han mutado aquí en personajes ficticios, como Carlos Prats y René Schneider. La otra línea de acción es protagonizada por el mismísimo Hitler y sus colaboradores históricos, Himmler y Speer, quienes viven igualmente en Osorno-Nueva Núremberg. En esta línea vemos, además, escenificada una serie de cruces entre distintos personajes históricos que en una primera lectura podrían parecer delirantes, pero que vistos bajo la lógica del universo descrito más atrás resultan comprensibles: una discusión entre Hitler, Pinochet y Manuel Contreras, tras un accidente automovilístico del primero en una calle de Osorno, o un áspero diálogo entre Contreras y Paul Schaefer, presentado en esta historia como un miembro de las SS.

Pese a la gran cantidad de personajes y fechas que atiborran la novela —en gran parte del libro el autor no logra sustraerse a la pulsión pedagógica explicándonos, por ejemplo, quién es González Von Marées o en qué consistió la matanza del Seguro Obrero—, Basso no se ahorra los puntos de giro manteniendo así la tensión dramática en cada uno de los diecinueve capítulos que conforman su última obra de ficción. Desde este punto de vista los fanáticos lectores de ucronías no se verán decepcionados.

 

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